José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
Ayer regresé de Belén…
Escondido tras sus párpados cerrados
hallé un infante tembloroso,
sin consuelo.
Su rostro de niño
aventuraba un semblante austero.
Sin sonrisas, ni asombros.
Simplemente de miedos.
Incrédulo de tal visión
froté con el dorso mis ojos.
Mis párpados se cerraron.
Mi rostro se aniñó.
Y un intenso temblor recorrió mi alma.
No eran miedos. ¡Era pavor!
…lo que aquel niño sintió.
José I.