dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Recuerdo que siendo niño una noche me levanté de la cama; era yo entonces muy pequeño y nada más levantarme escuché unos pasos apresurados que entraban en la habitación de mis padres. Me acerqué al cuarto y escuché el llanto de mi progenitor. Al otro día por la mañana mi tía Águeda me informó de que mamá había muerto la noche anterior.
¿Por qué se empeñan todos en mentirme diciéndome que mi madre está muerta?, no lo comprendo, ¿acaso no la ven ellos como yo la veo? Mi madre, Petra, me lo repite a diario: No hagas caso a esas visiones, tu tía Águeda, tu padre, todos los que te dicen que estoy muerta no son más que seres surgidos de tus pesadillas, ellos son los muertos y no yo. Pero no sé a quién creer pues los besos de mi madre son fríos como el hielo y las manos de mi tía están tan descarnadas que parecen salidas de la tumba.
Eladio Parreño Elías
24-Octubre-2012
Última edición: