Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Ayer fui al parque al atardecer y un pajarillo, con vuelo desorientado, vino a posarse en mi hombro y se durmió.
Le hablé; si hubiese comprendido mis palabras. Si yo hubiera sido capaz de entender su silencio.
No se me ocurrió otra cosa que lanzarlo hacia el árbol más grande del bosque; quise salvarlo
y se estampó contra el más duro de los ramajes, nada hizo por volar.
Mirando su frágil cuerpo, inmóvil sobre la tierra, pensé que tal vez estaba cansado de haber cantado ya a muchas primaveras, que creyó que mi hombro era un otoño y que, al recostarse en mi hombro, se disponía a morir para el invierno.
Entonces recordé algo que había leído: que los pájaros no esperan un mañana; cuando tienen hambre comen y dejan comer, y duermen y comen, y dejan comer; su presente es su futuro. Recordé que aunque sean desconfiados no tienen miedo, sólo huyen ante los peligros, y es difícil atraparlos cuando ellos no se quieren dejar prender.
Nacen, viven, mueren, no se preguntan por qué y cuando llega su hora descansan.