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Un pecado capital

epimeteo

Poeta que considera el portal su segunda casa
Nuestro afán en la vida es nada más
que vivir en olor de multitud
y no alcanza el humano plenitud
si no es demeritando a los demás.

Echamos la mirada siempre atrás
no se sabe el por qué de esa actitud,
penetrando en el alma la inquietud
al ver que viene otro por detrás.

Y si vemos a ese que triunfante
en la vida sus méritos alcanza
mostramos nuestro espíritu hilarante.

Y es que el celo tal vez por penetrante
sus dardos de dolor con fuerza lanza
haciendo que el espíritu quebrante.
 
Aunque es un soneto de impecable ejecución, o al menos eso me parece en esta primera y precipitada lectura, sí te puedo decir en cuanto al contenido que, aunque supongo que, como casi siempre, puede haber impostura en lo que dices, pues te diré que ese "nuestro" de la primera estrofa, o es un plural mayestático en donde tu personaje habla en primera persona aunque sea en plural, o si lo dices por el género humano en general, a mí no me incluyas en esos que quieren vivir en olor de multitud : la multitud suele dar bastante mal olor y sobre todo, si están muy juntos y apretados: el olor a humanidad puede llegar a ser insoportable; así que a mi, de multitudes nada : les tengo verdadero pánico.

Un jocoso abrazo, amigo y mi felicitación por este soneto.
 
Última edición:
Hola amigo Juan:
Esto es como todo en la vida. Habrá quien se sienta íntimamente identificado en su autentico mas profundo y no quiera reconocerlo públicamente. Habrá quien no, como es tu caso. Pero esto al fin y al cabo es poesía. ¿impostada?. Puede. No es una sentencia contra nadie ni una pistola en el pecho. Tu bien sabes que toda generalidad acarrea injusticias. Hombre, si las multitudes se lavan no tienen porque oler mal. Al fin y al cabo todos somos “multitudes”, aunque no nos guste.
Un abrazo amigo
 
Hola amigo Juan:
Esto es como todo en la vida. Habrá quien se sienta íntimamente identificado en su autentico mas profundo y no quiera reconocerlo públicamente. Habrá quien no, como es tu caso. Pero esto al fin y al cabo es poesía. ¿impostada?. Puede. No es una sentencia contra nadie ni una pistola en el pecho. Tu bien sabes que toda generalidad acarrea injusticias. Hombre, si las multitudes se lavan no tienen porque oler mal. Al fin y al cabo todos somos “multitudes”, aunque no nos guste.
Un abrazo amigo


Mi comentario no era baladí, Epimeteo; en este caso sí que te hablo de experiencias personales. Tengo verdadero pánico a las masa reunidas, estar apretujado en medio de una multitud me puede producir un ataque, en serio, me pongo enfermo. Eso puede ser algún mal sicológico que me aqueja a mi, particularmente, igual que el miedo a volar. Pero visto desde un punto de vista objetivo, hay que ver el peligro que corre uno en medio una multitud de miles de personas que por alguna causa sientan pánico por algo y hagan una estampida: la muerte por aplastamiento es muy previsibe.

Un abrazo, amigo.
 
Gracias Dulcinista, por tus comentarios y visita. La verdad es que la vanidad es un germen que nace con el ser humano en unos se desarrolla y en otros permanece en estado embrionario, controlado. Algo harto dificil.
Recibe mi afectuoso saludo
 
Bueno, mi talento lo entrecomillamos, pero seguiré luchando hasta donde las fuerzas me permitan.
Gracias por tu visita y recibe mi afectuoso saludo
 
Epimeteo

Me llama la atención demeritando, palabra que no suelo frecuentar y ahora que terminé de leer En la orilla -novela de Rafael Chirbes-, me devuelve otra la memoria demediar, palabra en la que abunda la citada obra, y esta sí que no la había visto, ni escrito. Buen soneto, y como me gustan así discurriendo sentenciosos, por la agudeza, sin otra pretensión que si la hay, sea bienvenida —aquí solo puedo decirte que a veces me salen tan graves, cuan sentencias de juez severo, pero procuro disponerlas amenas—, mi aplauso, y sea ovacionado el terceto final haciendo que el espíritu quebrante, que celebro por excelente. Un abrazo. eduardocarpio
 
Sabes muy bien Eduardo que cuando algo se ha leído hay vocablos que por su sonoridad, su elegancia, se mantienen en nuestro cerebro y en el alma, y aunque a veces la memoria nos falla, siempre hay un resorte que te los hace recordar.
Un saludo amigo y gracias por haber leído mi soneto
 
Nuestro afán en la vida es nada más
que vivir en olor de multitud
y no alcanza el humano plenitud
si no es demeritando a los demás.

Echamos la mirada siempre atrás
no se sabe el por qué de esa actitud,
penetrando en el alma la inquietud
al ver que viene otro por detrás.

Y si vemos a ese que triunfante
en la vida sus méritos alcanza
mostramos nuestro espíritu hilarante.

Y es que el celo tal vez por penetrante
sus dardos de dolor con fuerza lanza
haciendo que el espíritu quebrante.

El comportamiento masivo del hombre,
ya lo estudió muy bien ese genio del siglo XX
que fue Ortega y Gasset, estimado Epimeteo,
donde lo que uno no haría solo, lo hace cuando está rodeado de miles,
excelente soneto,
un saludo cordial,
Eduardo
 
Gracias Eduardo por tus palabras. Compartimos la admiración con Ortega, un gran pensador.
Saludos cordiales
 

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