ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
El pintor tiene la ventaja de que la pintura ya viene hecha. En cambio, la pintura del escritor es saber escribir bien, por tanto nunca es suficiente dominar los aspectos técnicos de la literatura, y quien domine estos aspectos estará recién ante un lienzo en blanco. Nadie puede basar su obra en una especie de demostración de lo bien que maneja la materia prima y las técnicas. Sería como pintar rosas cromáticas o veladuras.
Digo, por ahí en otros foros he visto gente que se da a entender como experta con el lenguaje pero sus pinturas no son muy distintas a las que miro en las plazas: paisajes repetidos hasta el infinito, puestas de sol, marinas, bodegones, mismos motivos, mismas casas, mismas nubes. mismos mares, mismos todos. Cuando camino por la Plaza de Armas de Santiago siempre voy al lugar donde están los pintores. He visto pinturas maravillosas sin duda, pero no resisten una comparación ni mínima con un Picasso aunque estas tengan más pintura y técnica llegando a alcanzar el hiper-realismo.
Concluyo: lo importante nunca es la pintura (materia prima), ni la técnica (posibilidades que la materia prima ofrece), sino la obra, lo que está adentro de la cabeza del pintor, las imágenes que nadie más que él puede ver, independientemente de cómo las pinte.
Digo, por ahí en otros foros he visto gente que se da a entender como experta con el lenguaje pero sus pinturas no son muy distintas a las que miro en las plazas: paisajes repetidos hasta el infinito, puestas de sol, marinas, bodegones, mismos motivos, mismas casas, mismas nubes. mismos mares, mismos todos. Cuando camino por la Plaza de Armas de Santiago siempre voy al lugar donde están los pintores. He visto pinturas maravillosas sin duda, pero no resisten una comparación ni mínima con un Picasso aunque estas tengan más pintura y técnica llegando a alcanzar el hiper-realismo.
Concluyo: lo importante nunca es la pintura (materia prima), ni la técnica (posibilidades que la materia prima ofrece), sino la obra, lo que está adentro de la cabeza del pintor, las imágenes que nadie más que él puede ver, independientemente de cómo las pinte.