Hay muchas cosas que me gustan de este soneto. La primera es que lo es; es decir, que hace gala de todos los delicados elementos formales que se le atribuyen a este tipo de composiciones poéticas. El resto de las cosas que me atraen tiene que ver con la contundencia, la sobriedad y el equilibrio de las palabras, la mayoría puestas en su santo lugar…
Al principio pareciera una muestra más de tu arte poético, muchas veces frío y más dedicado a exponer tu conocimiento del mundo, o lo que piensas de algún tema en específico, que a emocionar al lector. Pero a partir del segundo cuarteto el poema toma un giro íntimo que considero preludio a la emoción, porque logras, involucrando al yo poético, hacer una crítica profunda acerca del enorme repertorio de poemas que desde tiempos de Petrarca se han escrito en nombre del amor y la ilusión, y has plasmado el hecho de que la muerte y las sombras también son elementos que tienen un enorme potencial poético, si acaso no mayor y menos trillado.
Será que soy más de muerte y de sombras que de amor y de luces. Eso es algo que no se escoge, sino que se vive y se plasma en los versos que escribimos.
¡Felicidades, hermano! por tan hermoso soneto.