AZIF-AL-DAHNA
Poeta adicto al portal
Una cena de medianoche
Me he encargado de todos los detalles,
no quiero que desmayes
cuando empiece a cocinarte en la cena.
Y he endulzado, con azúcar morena,
cada trufa rellena,
de una droga, que sólo hará que calles.
Me encanta lo perfecto de tus talles
con montañas y valles
coronados por tu espesa melena;
y tus ojos, de argéntea luna llena,
que brillan con la pena,
y atraen las miradas en las calles.
Caminando bajo una lluvia suave
te he traído esta noche al cementerio,
en medio del misterio
seductor de un secreto prohibido.
Y os he dado un sangriento refrigerio,
agridulce appetizer del olvido,
tu cuerpo he adormecido,
y lo voy a cocinar igual que a un ave.
Te amarré las muñecas con firmeza
y colgué de cabeza
tu cuerpo en una higuera de la entrada
a la cripta donde yace enterrada
mi sangre endemoniada,
y he afilado mis hojas con destreza.
Cercené con cuidado cada pieza,
y corté con presteza,
emincé de tu carne macerada.
Hice un fondo tu sangre colorada,
velouté desquiciada,
con un roux de higos secos y cereza.
Y en mi labor previa a la antropofagia,
salteé mis macabras garnituras,
mezcladas con verduras,
que al final apagué con vino blanco.
Y esas negras y horrendas criaturas
[que habéis visto asomarse del barranco,
debo serte muy franco,
han llegado hasta aquí por tu hemorragia.
Mas no habréis de mirar su algarabía,
terminó tu agonía,
y es hora de acabar mi invocación.
Así es que te diré a continuación
como he de dar sazón
al plato que de ti hará una ambrosía.]
Haré de tus entrañas sopa fría,
con sabor a sangría,
mas tus ojos serán decoración
en un trago de rojo bermellón,
licuando el corazón
[con crema de cassis y con sandía.
Y para terminar con mi ritual,
]usaré tu brillante calavera,
como copa heladera,
para el postre que ya tengo pensado.
Un helado que haré con tu mollera
junto al nugget de un fruto confitado
que sea del agrado
de todos los demonios por igual.
Me he encargado de todos los detalles,
no quiero que desmayes
cuando empiece a cocinarte en la cena.
Y he endulzado, con azúcar morena,
cada trufa rellena,
de una droga, que sólo hará que calles.
Me encanta lo perfecto de tus talles
con montañas y valles
coronados por tu espesa melena;
y tus ojos, de argéntea luna llena,
que brillan con la pena,
y atraen las miradas en las calles.
Caminando bajo una lluvia suave
te he traído esta noche al cementerio,
en medio del misterio
seductor de un secreto prohibido.
Y os he dado un sangriento refrigerio,
agridulce appetizer del olvido,
tu cuerpo he adormecido,
y lo voy a cocinar igual que a un ave.
Te amarré las muñecas con firmeza
y colgué de cabeza
tu cuerpo en una higuera de la entrada
a la cripta donde yace enterrada
mi sangre endemoniada,
y he afilado mis hojas con destreza.
Cercené con cuidado cada pieza,
y corté con presteza,
emincé de tu carne macerada.
Hice un fondo tu sangre colorada,
velouté desquiciada,
con un roux de higos secos y cereza.
Y en mi labor previa a la antropofagia,
salteé mis macabras garnituras,
mezcladas con verduras,
que al final apagué con vino blanco.
Y esas negras y horrendas criaturas
[que habéis visto asomarse del barranco,
debo serte muy franco,
han llegado hasta aquí por tu hemorragia.
Mas no habréis de mirar su algarabía,
terminó tu agonía,
y es hora de acabar mi invocación.
Así es que te diré a continuación
como he de dar sazón
al plato que de ti hará una ambrosía.]
Haré de tus entrañas sopa fría,
con sabor a sangría,
mas tus ojos serán decoración
en un trago de rojo bermellón,
licuando el corazón
[con crema de cassis y con sandía.
Y para terminar con mi ritual,
]usaré tu brillante calavera,
como copa heladera,
para el postre que ya tengo pensado.
Un helado que haré con tu mollera
junto al nugget de un fruto confitado
que sea del agrado
de todos los demonios por igual.
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