Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hermosa criatura reclinada
en la caverna nocturna,
de pelaje de singular blancura,
de esbelta y poderosa alzada.
Los elfos trenzan sus crines
engalanadas con fulgor de estrellas.
A su grupa las sílfides
derraman perfume de adelfas.
Me acerco con cautela,
oculta entre el hayedo.
Un búho le pone sobre aviso
mas no llevo espada ni rodela.
En el cuenco de mis manos
agua de lágrimas para que beba.
En mi boca la súplica
de contemplar albores a su vera.
Se tumba el corcel y me invita
a reposar mi cabeza en sus flancos,
entre sus cascos sin herraje
florecen céleres margaritas.
Oigo su palpitar acompasado
y el respirar en sus ollares;
canto que me sublima
dejando mi sentir adormilado.
Un relincho agónico me despierta
como cizalla recortando la luna,
traspasa una saeta su pecho
regalándole una muerte certera.
Las voces nos rodean…
¡Soy hueste sin baluarte!
El cuerno de tu frente
es tu seña y tu condena.
A borbotones la vida se despide.
Abrazo tu sangre,
la fundo a mi llanto.
Un adiós se mece en mis labios
y en tus ojos prendidos
se deshojan; nomeolvides.
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