Ni atada pudieron
violarte sin miedo.
A solas la muchedumbre.
Sin otro murmullo sin más rumbo
que una soga.
Ni atada pudieron.
Las manos sagradas.
Ahora no busquen no aclaren.
Abrió los ojos y dejó de llover.
Y el espejo es tajante: la abundancia.
En los reinos cristianos ya no hay bosques.
Acusada de belleza.
Pusieron tasa a tu perfume
como si eso valiera
las flores que abro de noche para que duermas.
violarte sin miedo.
A solas la muchedumbre.
Sin otro murmullo sin más rumbo
que una soga.
Ni atada pudieron.
Las manos sagradas.
Ahora no busquen no aclaren.
Abrió los ojos y dejó de llover.
Y el espejo es tajante: la abundancia.
En los reinos cristianos ya no hay bosques.
Acusada de belleza.
Pusieron tasa a tu perfume
como si eso valiera
las flores que abro de noche para que duermas.
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