charlie ía
tru váyolens
se nos ha ocurrido
que el pequeño y selvático
patio frontal
es perfecto
para la cocina vernácula
donde
todo lo que el fuego
pueda consumir
yacerá
para el deleite de la lengua:
las palmeras que cubren
el verano del cielo
para desatar la locura.
las flores salvajes
que serpentean la cerca
listas
para derramar la sangre caliente
de los imbéciles.
digamos que vos y yo
nos hemos peleado tan solo
un poco,
por lo que acá entra en juego
mi capacidad
para disfrazar mis decepciones
de pírricas victorias.
digamos que preferiría
que la puta selva lo cubriese todo:
el agua
la ausencia
la carne de los huesos
que arde
sobre el fuego;
el llanto escondido,
las flores que se enredan
desesperadamente
con la rabia.
ojalá pudiéramos disfrazar
todas las cagadas
con unas cuantas bolsas
de victoria's secrets
cuando las tensiones son como
el primer beso en la frente
al despertar.
pero los ladridos de los perros
pueden más
que las miradas ansiosas
de los niños famélicos,
que van pasando
de largo
hasta perderse.
el humo del amor
nunca llegará a sus estómagos
llenos tan solo
con las pistas de aterrizaje abandonadas,
tras la línea
de la selva.
nunca llegará a tus ojos
llenos
de aburrimiento,
como un último beso en la frente
al despertar.
que el pequeño y selvático
patio frontal
es perfecto
para la cocina vernácula
donde
todo lo que el fuego
pueda consumir
yacerá
para el deleite de la lengua:
las palmeras que cubren
el verano del cielo
para desatar la locura.
las flores salvajes
que serpentean la cerca
listas
para derramar la sangre caliente
de los imbéciles.
digamos que vos y yo
nos hemos peleado tan solo
un poco,
por lo que acá entra en juego
mi capacidad
para disfrazar mis decepciones
de pírricas victorias.
digamos que preferiría
que la puta selva lo cubriese todo:
el agua
la ausencia
la carne de los huesos
que arde
sobre el fuego;
el llanto escondido,
las flores que se enredan
desesperadamente
con la rabia.
ojalá pudiéramos disfrazar
todas las cagadas
con unas cuantas bolsas
de victoria's secrets
cuando las tensiones son como
el primer beso en la frente
al despertar.
pero los ladridos de los perros
pueden más
que las miradas ansiosas
de los niños famélicos,
que van pasando
de largo
hasta perderse.
el humo del amor
nunca llegará a sus estómagos
llenos tan solo
con las pistas de aterrizaje abandonadas,
tras la línea
de la selva.
nunca llegará a tus ojos
llenos
de aburrimiento,
como un último beso en la frente
al despertar.
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