Halach
Poeta fiel al portal
La vida siempre nos llena de sorpresas, algunas muy gratas y otras no tanto. A veces disfrutamos el momento en que se presentan y en otras nos damos cuenta mucho tiempo después, de lo importante que fue.
Por suerte, yo he contado y he disfrutado cada momento de tu compañía, tu lejanía, tus risas, tu dolor, tu niñez, tu adolescencia, tu madurez, tu primer embarazo, ese que negué cuando tu madre me enfrentó para pedirme que confesara la verdad y así la boda se pudiera efectuar antes de que la gente pensara mal….y lo negué hasta que tu decidiste decir…”sí, estoy embarazada” a los 7 meses.
No tengo idea de cuando te conocí, pero creo que ha sido desde siempre, quizás desde otra vida.
Eres la mejor amiga, la prima más querida y mi hermana por decisión.
Eres uno de los regalos más grandes que me ha dado la vida.
Me gusta cuando hacemos un gesto y ambas sabemos de lo que estamos hablando, esa complicidad que muchos envidian y pocos comprenden, nos hace reír hasta las lágrimas.
¿Recuerdas aquella ocasión que me mostraste un alambre retorcido y lo empezaste a girar? Rompimos en carcajadas porque recordamos aquella noche que dormimos juntas en la casa de mi tía Eve.
Recuerdo aquella madrugada, había un gallo que probablemente había confundido la luna con el sol, porque no paraba de anunciar que debíamos levantarnos (según nosotras) . Cada vez que escuchábamos el “Kikiriquiii” reímos en lugar de enojarnos por no poder dormir, reíamos cada vez más fuerte hasta que la tía Eve vino a retarnos:
-¡De qué se ríen, chamacas del demonio, duérmanse!
Nosotras conteníamos la risa acostadas boca abajo, para que no se enojara más.
Sin poder charlar, sin poder dormir por el gallo trastornado, con el calor de 38 grados y después de perder una apuesta contigo, me fui a buscar un ventilador, si no, no dormiríamos esa noche. Regresé triunfante con el ventilador que pude sacar del cuarto de la tía Eve, quien me ayudó a no despertarla, a pesar de los sonidos que hice en la obscuridad de su cuarto al tropezar con algunos muebles, pues con la magnitud de sus ronquidos la hubieran podido escuchar hasta el final de la colonia (ahora que lo pienso, ¿por qué no la retamos nosotras a ella?).
Nos alegramos de saber que al menos mejorarían un tanto las condiciones del cuarto con la brisa del aparato, pues aunque teníamos hamacas, siempre decidíamos dormir juntas para charlar sobre la cama hasta quedarnos dormidas.
Lo coloqué frente a nosotras, y dije: Ahora si primita…a dormir!.
No sé que fue más sorpresivo…
El estruendoso sonido del motor…
El que las aspas giraban a unas 15 revoluciones por minuto…
Las carcajadas que ahora fueron realmente incontenibles e incontrolables…
O los gritos de la tía Eve que finalmente se despertó…
Y a partir de ese día….cada vez que tu o yo, hacemos unas aspas con un alambre, con un papel, con un popote y las giramos….reímos tanto,…y nadie nos entiende.
Siempre nos preguntan, ¿por qué están tan felices? Tenemos tantos momentos juntas, tanta complicidad, tantos recuerdos, tanta felicidad de saber que la otra existe,
¿Qué otro motivo podríamos necesitar?
Nadie más ha podido entrar a nuestro mundo, más que Carlos….el único aventurado a ser un loco más, ante los otros.
No creo que se necesite estar loco para ser feliz, si no que el ser felices nos hace parecer locos.
Te quiero tanto, solo escribir estas líneas me ha llevado a reír…como cuando era niña….o como cuando tienes un alma gemela que esta contigo en algún punto de este planeta.
Por suerte, yo he contado y he disfrutado cada momento de tu compañía, tu lejanía, tus risas, tu dolor, tu niñez, tu adolescencia, tu madurez, tu primer embarazo, ese que negué cuando tu madre me enfrentó para pedirme que confesara la verdad y así la boda se pudiera efectuar antes de que la gente pensara mal….y lo negué hasta que tu decidiste decir…”sí, estoy embarazada” a los 7 meses.
No tengo idea de cuando te conocí, pero creo que ha sido desde siempre, quizás desde otra vida.
Eres la mejor amiga, la prima más querida y mi hermana por decisión.
Eres uno de los regalos más grandes que me ha dado la vida.
Me gusta cuando hacemos un gesto y ambas sabemos de lo que estamos hablando, esa complicidad que muchos envidian y pocos comprenden, nos hace reír hasta las lágrimas.
¿Recuerdas aquella ocasión que me mostraste un alambre retorcido y lo empezaste a girar? Rompimos en carcajadas porque recordamos aquella noche que dormimos juntas en la casa de mi tía Eve.
Recuerdo aquella madrugada, había un gallo que probablemente había confundido la luna con el sol, porque no paraba de anunciar que debíamos levantarnos (según nosotras) . Cada vez que escuchábamos el “Kikiriquiii” reímos en lugar de enojarnos por no poder dormir, reíamos cada vez más fuerte hasta que la tía Eve vino a retarnos:
-¡De qué se ríen, chamacas del demonio, duérmanse!
Nosotras conteníamos la risa acostadas boca abajo, para que no se enojara más.
Sin poder charlar, sin poder dormir por el gallo trastornado, con el calor de 38 grados y después de perder una apuesta contigo, me fui a buscar un ventilador, si no, no dormiríamos esa noche. Regresé triunfante con el ventilador que pude sacar del cuarto de la tía Eve, quien me ayudó a no despertarla, a pesar de los sonidos que hice en la obscuridad de su cuarto al tropezar con algunos muebles, pues con la magnitud de sus ronquidos la hubieran podido escuchar hasta el final de la colonia (ahora que lo pienso, ¿por qué no la retamos nosotras a ella?).
Nos alegramos de saber que al menos mejorarían un tanto las condiciones del cuarto con la brisa del aparato, pues aunque teníamos hamacas, siempre decidíamos dormir juntas para charlar sobre la cama hasta quedarnos dormidas.
Lo coloqué frente a nosotras, y dije: Ahora si primita…a dormir!.
No sé que fue más sorpresivo…
El estruendoso sonido del motor…
El que las aspas giraban a unas 15 revoluciones por minuto…
Las carcajadas que ahora fueron realmente incontenibles e incontrolables…
O los gritos de la tía Eve que finalmente se despertó…
Y a partir de ese día….cada vez que tu o yo, hacemos unas aspas con un alambre, con un papel, con un popote y las giramos….reímos tanto,…y nadie nos entiende.
Siempre nos preguntan, ¿por qué están tan felices? Tenemos tantos momentos juntas, tanta complicidad, tantos recuerdos, tanta felicidad de saber que la otra existe,
¿Qué otro motivo podríamos necesitar?
Nadie más ha podido entrar a nuestro mundo, más que Carlos….el único aventurado a ser un loco más, ante los otros.
No creo que se necesite estar loco para ser feliz, si no que el ser felices nos hace parecer locos.
Te quiero tanto, solo escribir estas líneas me ha llevado a reír…como cuando era niña….o como cuando tienes un alma gemela que esta contigo en algún punto de este planeta.
Última edición:
::