Armando Gómez
Poeta recién llegado
Rasgos de piel, rasguños del tiempo, componen mis oraciones a eso que llaman límites
Dotaria un capital por trabajar en ellos, como una oficina de terapia que esconde en el fondo una sala de tortura
Cavilando entre ángulos fotográficos que diseñan imágenes efímeras que conforman mi mural de la felicidad
Mural abstracto, indescriptible, incalculablemente valioso, a la vista libre del mundo
Tan visible e ignorada como la mano que pide pan, como el grito de dolor, como el último suspiro
Tan grande, valiosa, fuerte y sola, como el desierto, como el sol, como la madre de un gran aventurero
Los mayores mensajes tardan tiempo en escucharse, y una eternidad en entenderse
Las formas varían, el hambre es constante, y el amor es la línea que viaja entre dimensiones
En la primera dimensión es un verso escrito en la pared manchada y en la hoja que es recipiente de lágrimas,
La segunda dimensión es ese relieve, la montaña engrietada de una sonrisa sincera, donde en la cima se medita hasta hallar el sentido de la existencia
La tercera dimensión es el detonante de la bomba, donde los escombros son los cimientos del cambio, término íntimo enemigo de la muerte
Y en la cuarta dimensión, no hay nada más que oscuridad, sigo rezandole al día que tenze tanto mis músculos, que al soltarlos relaje y simplifique el verbo que escribo...
Dotaria un capital por trabajar en ellos, como una oficina de terapia que esconde en el fondo una sala de tortura
Cavilando entre ángulos fotográficos que diseñan imágenes efímeras que conforman mi mural de la felicidad
Mural abstracto, indescriptible, incalculablemente valioso, a la vista libre del mundo
Tan visible e ignorada como la mano que pide pan, como el grito de dolor, como el último suspiro
Tan grande, valiosa, fuerte y sola, como el desierto, como el sol, como la madre de un gran aventurero
Los mayores mensajes tardan tiempo en escucharse, y una eternidad en entenderse
Las formas varían, el hambre es constante, y el amor es la línea que viaja entre dimensiones
En la primera dimensión es un verso escrito en la pared manchada y en la hoja que es recipiente de lágrimas,
La segunda dimensión es ese relieve, la montaña engrietada de una sonrisa sincera, donde en la cima se medita hasta hallar el sentido de la existencia
La tercera dimensión es el detonante de la bomba, donde los escombros son los cimientos del cambio, término íntimo enemigo de la muerte
Y en la cuarta dimensión, no hay nada más que oscuridad, sigo rezandole al día que tenze tanto mis músculos, que al soltarlos relaje y simplifique el verbo que escribo...
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