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Vicente Aleixandre

Tema en 'Biblioteca de Poética Clásica (Poetas famosos)' comenzado por VicenteMoret, 10 de Octubre de 2013. Respuestas: 2 | Visitas: 1617

  1. VicenteMoret

    VicenteMoret Cronista del Tamboura Moderadores

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    Vicente Aleixandre

    Poeta español, nacido en Sevilla el 26 de abril de 1898 y fallecido en Madrid el 14 de diciembre de 1984, considerado uno de los grandes poetas españoles del siglo XX. Perteneciente a la Generación del 27, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1977.
    Hijo de un ingeniero de ferrocarril, Vicente Aleixandre pertenecía a la burguesía media acomodada. Cuando tenía dos años de edad, su familia se trasladó a Málaga, ciudad a la que el poeta llama en su obra "el Paraíso", pues en ella transcurrió toda su infancia.
    En 1909, la familia Aleixandre se instaló en Madrid, donde el futuro poeta cursó el bachillerato y, ya en plena juventud, las carreras de Derecho y Comercio. Se especializó en Derecho Mercantil, materia que luego enseñó como profesor en la Escuela de Comercio de Madrid (1920-1922).
    Desde 1917, año en el que conoció a Dámaso Alonso en Las Navas del Marqués (un pequeño pueblo de Ávila en donde ambos veraneaban), Vicente Aleixandre se venía relacionando con los jóvenes de su generación que sentían inquietudes literarias.
    Gracias a los consejos de Dámaso, empezó a leer a los grandes poetas del pasado reciente, como el romántico Gustavo Adolfo Bécquer y el modernista Rubén Darío; pero también a otros autores extranjeros de gran renombre, como los simbolistas franceses. Sintió, a partir de entonces, la necesidad de escribir poesía.
    Estuvo gravemente enfermo en los años veinte, y, a partir de entonces, su salud fue muy delicada. Padeció una tuberculosis que le afectó un riñón y provocó que le tuvieran que extirpar este órgano. Mientras se recuperaba de esta operación, escribió algunos poemas que comenzaron a darle gran fama hacia 1926, cuando aparecieron en una de las publicaciones culturales más prestigiosas de la época: la Revista de Occidente. A partir de este reconocimiento literario, se hizo amigo de otros jóvenes poetas de la Generación del 27, como Federico García Lorca y Luis Cernuda.
    Después de la guerra, Aleixandre (que fue uno de los pocos autores de su generación que se quedó en España) continuó desarrollando una trayectoria poética muy personal. En 1949 fue elegido miembro de la Real Academia Española, y desde entonces fue el gran maestro y protector de los jóvenes poetas españoles de la segunda mitad del siglo XX, que acudían a visitarle con frecuencia a su casa de Madrid, donde siempre había tertulias literarias y lecturas de versos. Murió siete años después de haber recibido un Premio Nobel con el que, según muchos críticos, no sólo se reconocía universalmente su obra, sino la de toda la Generación del 27.

    La poesía de Vicente Aleixandre


    Vicente Aleixandre fue un poeta total, entregado de lleno al cultivo de la poesía. No escribió obras en otros géneros. Sus escasos textos en prosa (en los que describe a otros poetas y escritores que conoció) son tan poéticos como sus versos; y sus ensayos literarios son, en su mayoría, escritos de encargo.
    Sus primeras obras presentan las mismas huellas que casi todos sus compañeros de generación: el pasado reciente (Bécquer y Darío), los grandes maestros vivos que les sirven como guías (Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado) y la poderosa atracción de la Vanguardia (y, en particular, del Surrealismo). En concreto, su primer libro, Ámbito (1928), tiene clara influencia de Juan Ramón Jiménez y se abre hacia la contemplación desde el interior.
    En obras posteriores como Espadas como labios (1932) y Pasión de la tierra (1928-29), se separó de la llamada poesía pura y adoptó la experiencia renovadora del surrealismo, con una visión panteísta de la naturaleza y un erotismo romántico. Aleixandre asimiló tan bien las técnicas y el estilo propios del surrealismo que, según muchos críticos, fue el principal poeta surrealista español. Esta misma línea sigue La destrucción o el amor (1935), que mereció el Premio Nacional de Literatura.
    La cosmovisión de Aleixandre (que ha sido estudiada magistralmente por el poeta y crítico Carlos Bousoño) cuaja de modo definitivo en Sombra del paraíso (1944), obra que une sus dos épocas de creación. Otras obras son Mundo a solas (1950), que incluye poesías de 1934 y 1935, y Nacimiento último (1953), con textos de 1927 hasta 1952.

    --..--

    A continuación reproducimos parte de la obra poética del autor.

    --..--

    EL CUERPO Y EL ALMA

    Pero es más triste todavía, mucho más triste.
    Triste como la rama que deja caer su fruto para nadie.
    Más triste, más. Como ese vaho
    que de la tierra exhala después la pulpa muerta.
    Como esa mano que del cuerpo tendido
    se eleva y quiere solamente acariciar las luces,
    la sonrisa doliente, la noche aterciopelada y muda.
    Luz de la noche sobre el cuerpo tendido sin alma.
    Alma fuera, alma fuera del cuerpo, planeando
    tan delicadamente sobre la triste forma abandonada.
    Alma de niebla dulce, suspendida
    sobre su ayer amante, cuerpo inerme
    que pálido se enfría con las nocturnas horas
    y queda quito, solo, dulcemente vacío.

    Alma de amor que vela y se separa
    vacilando, y al fin se aleja tiernamente fría.

    --..--

    A FRAY LUIS DE LEÓN

    ¿Qué linfa esbelta, de los altos hielos
    hija y sepulcro, sobre el haz silente
    rompe sus fríos, vierte su corriente,
    luces llevando, derramando cielos?

    ¿Qué agua orquestas bajo los mansos celos
    del aire, muda, funde su crujiente
    espuma en anchas copias y consiente,
    terso el diálogo, signo y luz gemelos?

    La alta noche su copa sustantiva
    —árbol ilustre— yergue a la bonanza,
    total su crecimiento y ramas bellas.

    Brisa joven de cielo, persuasiva,
    su pompa abierta, desplegada, alcanza
    largamente, y resuenan las estrellas.

    --..--

    JUVENTUD

    Estancia soleada:
    ¿Adónde vas, mirada?
    A estas paredes blancas,
    clausura de esperanza.

    Paredes, techo, suelo:
    gajo prieto de tiempo.
    Cerrado en él, mi cuerpo.
    Mi cuerpo, vida, esbelto.

    Se le caerán un día
    límites. ¡Qué divina
    desnudez! Peregrina
    luz. ¡Alegría, alegría!

    Pero estarán cerrados
    los ojos. Derribados
    paredones. Al raso,
    luceros clausurados.


    --..--

    LA SELVA Y EL MAR

    Allá por las remotas
    luces o aceros aun no usados,
    tigres del tamaño del odio,
    leones como un corazón hirsuto,
    sangre como la tristeza aplacada,
    se baten con la hiena amarilla que toma la forma del poniente insaciable.

    Largas cadenas que surten de los lutos,
    de lo que nunca existe,
    atan el aire como una vena, como un grito, como un reloj que se para
    cuando se estrangula algún cuello descuidado.

    Oh la blancura súbita,
    las ojeras violáceas de unos ojos marchitos,
    cuando las fieras muestran sus espadas o dientes
    como latidos de un corazón que casi todo lo ignora,
    menos el amor,
    al descubierto en los cuellos allá donde la arteria golpea,
    donde no se sabe si es el amor o el odio
    lo que reluce en los blancos colmillos.

    Acariciar la fosca melena
    mientras se siente la poderosa garra en la tierra,
    mientras las raíces de los árboles, temblorosas,
    sienten las uñas profundas
    como un amor que así invade.

    Mirar esos ojos que sólo de noche fulgen,
    donde todavía un cervatillo ya devorado
    luce su diminuta imagen de oro nocturno,
    un adiós que centellea de póstuma ternura.

    El tigre, el león cazador, el elefante que en sus colmillos lleva algún suave collar,
    la cobra que se parece al amor más ardiente,
    el águila que acaricia a la roca como los senos duros,
    el pequeño escorpión que con sus pinzas sólo aspira a oprimir un instante la vida,
    la menguada presencia de un cuerpo de hombre que jamás podrá ser confundido con una selva,
    ese piso feliz por el que viborillas perspicaces hacen su nido en la axila del musgo,
    mientras la pulcra coccinella
    se evade de una hoja de magnolia sedosa...
    Todo suena cuando el rumor del bosque siempre virgen
    se levanta como dos alas de oro,
    élitros, bronce o caracol rotundo,
    frente a un mar que jamás confundirá sus espumas con las ramillas tiernas.

    La espera sosegada,
    esa esperanza siempre verde,
    pájaro, paraíso, fasto de plumas no tocadas,
    inventa los ramajes más altos,
    donde los colmillos de música,
    donde las garras poderosas, el amor que se clava,
    la sangre ardiente que brota de la herida,
    no alcanzará, por más que el surtidor se prolongue,
    por más que los pechos entreabiertos en tierra
    proyecten su dolor o su avidez a los cielos azules.

    Pájaro de la dicha,
    azul pájaro o pluma,
    sobre un sordo rumor de fieras solitarias,
    del amor o castigo contra los troncos estériles,
    frente al mar remotísimo que como la luz se retira.


    --..--

    UNIDAD EN ELLA

    Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
    rostro amado donde contemplo el mundo,
    donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
    volando a la región donde nada se olvida.

    Tu forma externa, diamante o rubí duro,
    brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
    cráter que me convoca con su música íntima, con esa
    indescifrable llamada de tus dientes.

    Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
    porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
    no es mío, sino el caliente aliento
    que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

    Deja, deja que mire, teñido del amor,
    enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
    deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
    donde muero y renuncio a vivir para siempre.

    Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
    quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
    que regando encerrada bellos miembros extremos
    siente así los hermosos límites de la vida.

    Este beso en tus labios como una lenta espina,
    como un mar que voló hecho un espejo,
    como el brillo de un ala,
    es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
    un crepitar de la luz vengadora,
    luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
    pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.


    --..--

    FUENTES

    http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/aleixandre.htm

    http://www.poemas-del-alma.com/vicente-aleixandre-el-cuerpo-y-el-alma.htm

    http://www.poemas-del-alma.com/vicente-aleixandre-a-fray-luis-de-leon.htm

    http://www.poemas-del-alma.com/vicente-aleixandre-juventud.htm

    http://www.poemas-del-alma.com/vicente-aleixandre-la-selva-y-el-mar.htm

    http://www.poemas-del-alma.com/vicente-aleixandre-unidad-en-ella.htm

    --..--
     
    #1
  2. Elisalle

    Elisalle Poetisa

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    26 de Mayo de 2007
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    Muchas gracias Vicente. Algunas Poesías las conocía, como dos o tres no más. Gracias por aportar con el conocimiento que no tenemos a veces. Saludos.
     
    #2
  3. CriMa

    CriMa ----

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    4 de Agosto de 2017
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    603
    Nuevamente notable la selección !

    Saludos cordiales !
     
    #3

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