David Bernal
Poeta recién llegado
Viento de tormenta
Se huele en el aire
La tierra mojada
De musgo y arcilla
Las hojas temblando
De miedo y de frío
Los rayos tronando
Los escalofríos
Se mueven las gotas
Corriendo azoradas
Bajando cristales
Y tubos, metales
De viento y madera
La orquesta atronadora
Compunge la almas
Sin llegar la aurora
De niños y madres
Que en ausencia añoran
Temblarán los álamos, las luces restallando
Partirán los chopos, crujidos encerrados
Llenando la hojarasca, de restos verdes muertos
Los perros asustados, buscando recovecos
Las luces arbitrarias, recortarán siluetas
Labrándose en las sombras, demonios y quimeras
El humo revertiendo, el tiro en la chimenéa
Mariposas revolotean, hechas de brasas y cenizas
Se huele la tormenta
De noche negro brea
Presienten desconcierto
Los aldeanos con sus teas
Permite que se vea, el temblor que hay en sus manos
Que el hombre no ha cambiado, mente de instintos llena
Tocón y madriguera
Zaguán y adormidera
Poyetes y tejados
Mojados centellean
Carreras en los prados
Buscando un sitio seco
A salvo de esos rayos
Tronchando los abetos
Se huele la tormenta
De muerte y nacimiento
Crisol de la energía
Del aire en movimiento
Silbando en las esquinas
Canciones de los muertos
Helando corazones
Helándonos el cuerpo
Podrá cambiar el mundo
Las artes y las ciencias
Podrán cerrarse heridas
De tiempos de cavernas
De tiempos en que bestias
Robaban nuestros hijos
Mas no llegará el día
Allí donde haya viento
Que truene una tormenta
Y el hombre no lo sienta
Se huele en el aire
La tierra mojada
De musgo y arcilla
Las hojas temblando
De miedo y de frío
Los rayos tronando
Los escalofríos
Se mueven las gotas
Corriendo azoradas
Bajando cristales
Y tubos, metales
De viento y madera
La orquesta atronadora
Compunge la almas
Sin llegar la aurora
De niños y madres
Que en ausencia añoran
Temblarán los álamos, las luces restallando
Partirán los chopos, crujidos encerrados
Llenando la hojarasca, de restos verdes muertos
Los perros asustados, buscando recovecos
Las luces arbitrarias, recortarán siluetas
Labrándose en las sombras, demonios y quimeras
El humo revertiendo, el tiro en la chimenéa
Mariposas revolotean, hechas de brasas y cenizas
Se huele la tormenta
De noche negro brea
Presienten desconcierto
Los aldeanos con sus teas
Permite que se vea, el temblor que hay en sus manos
Que el hombre no ha cambiado, mente de instintos llena
Tocón y madriguera
Zaguán y adormidera
Poyetes y tejados
Mojados centellean
Carreras en los prados
Buscando un sitio seco
A salvo de esos rayos
Tronchando los abetos
Se huele la tormenta
De muerte y nacimiento
Crisol de la energía
Del aire en movimiento
Silbando en las esquinas
Canciones de los muertos
Helando corazones
Helándonos el cuerpo
Podrá cambiar el mundo
Las artes y las ciencias
Podrán cerrarse heridas
De tiempos de cavernas
De tiempos en que bestias
Robaban nuestros hijos
Mas no llegará el día
Allí donde haya viento
Que truene una tormenta
Y el hombre no lo sienta