Viento y lluvia.
El viento estremece los árboles
se inclinan tal se rindieran pleitesía
el uno con el otro, se oscurece la tarde
mayo de nubes grises esperando lluvia.
Se mezcla el aire caluroso con el viento
frío, las aves buscan refugio y una lámina
de zinc desprendida hace un ruido espantoso
en la casa de la vecina.
¡El pan de Nandasmo! Pregona el vendedor
dejando el olor por donde transita su bicicleta.
Apúrese, sino, se moja le dice la negra Silvia.
Esquivando a los chavalos que juegan béisbol en la calle.
Cuantos detalles en esta tarde prodigiosa.
Los mangos y los aguacates caen con el
viento huracanado sobre el techo con su
respectiva onomatopeya.
Linda y bella presurosa la doncella que va
a la pulpería del barrio, se mueve cual los
árboles al viento, su enagua va y viene de
atrás hacia delante dejando ver el borde
de la nalga.
Detalles, detalles y más detalles, un alud
de maravillas poco antes de iniciar la lluvia,
corre el grande, corre el chico, que ya van
salpicandos de lodo y embebidos hasta el
pico.
Dr. Augusto Morales Velásquez.
El viento estremece los árboles
se inclinan tal se rindieran pleitesía
el uno con el otro, se oscurece la tarde
mayo de nubes grises esperando lluvia.
Se mezcla el aire caluroso con el viento
frío, las aves buscan refugio y una lámina
de zinc desprendida hace un ruido espantoso
en la casa de la vecina.
¡El pan de Nandasmo! Pregona el vendedor
dejando el olor por donde transita su bicicleta.
Apúrese, sino, se moja le dice la negra Silvia.
Esquivando a los chavalos que juegan béisbol en la calle.
Cuantos detalles en esta tarde prodigiosa.
Los mangos y los aguacates caen con el
viento huracanado sobre el techo con su
respectiva onomatopeya.
Linda y bella presurosa la doncella que va
a la pulpería del barrio, se mueve cual los
árboles al viento, su enagua va y viene de
atrás hacia delante dejando ver el borde
de la nalga.
Detalles, detalles y más detalles, un alud
de maravillas poco antes de iniciar la lluvia,
corre el grande, corre el chico, que ya van
salpicandos de lodo y embebidos hasta el
pico.
Dr. Augusto Morales Velásquez.