Vine a dejar mi testamento escrito sobre la piedra

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
Apenas llego a la ciudad
y me pregunto, señora,
dónde se sitúa el bufé de los relámpagos,
dónde el crepúsculo extiende su reminiscencia
sin nombrar aves, sin causar daño al recuerdo.

Vine a dejar mi testamento escrito sobre la piedra,
vine a probar el musgo de muchachas
y gastarme los ahorros de culpa
así, no más.
He sido camarero de los dioses, he recibido propina de abandono,
es verdad, ya tengo herencia
y mi lengua articula una frase
que pone en marcha a los bueyes
... conoce la ley que encarcela a la nieve.

La mañana arroja su brillo que nos somete al espejo de los tiburones
en esa orilla de la crueldad
donde las cremas del tiempo
sirven para broncearnos de envidia
y es natural, es próximo, casi nos toca.

He subido la colina
y veo, señora, que usted también
anda arrugada y con bolsas de metáfora
robadas a los gnomos.
Estaban en rebaja, dices
y miras para el otro lado,
hacia la boca de metro, donde hay carteles que prohiben la entrada
a los ángeles.

Tranquila, que yo no sé usar las escaleras mecánicas.
Sé navegar por los estuarios de la venganza, señora.
¿Es usted abogado? ¿ Y por qué no me lo ha dicho antes?
Escriba, pues, arranca una pluma de mi espalda, si no tienes lápiz.
A ver qué idioma inventa la noche
para dejarme inmerso en el asfalto.
A ver si los senos de la oscuridad
pueden con tantas bocas de poeta.
 
Última edición:
Yo veo dos que se encuentran más allá del aquí y se prestan lo imprescindible para complementarse, una pluma de ala y la tinta del corazón.

Un placer imaginar ....
 
Lo onírico es lo tuyo, amigo, y lo demuestras con gran soltura y gran vuelo artístico.

Tremenda obra, poeta.

Un abrazo grande.
 
Enorme, Marius. Un magnífico estimulante poético para este apacible sábado invernal. Mis aplausos, querido amigo.
Un fuerte abrazo.
 
Última edición por un moderador:
Enorme, Marius. Un magnífico estimulante poético para este apacible sábado invernal. Mis aplausos, querido amigo.
Un fuerte abrazo.

Ya hemos conseguido traerlo a urbanos Libra8, se ha hecho esperar pero por fin ha llegado el autor y nos ha autorizado. Gracias por la recomendación. Sin duda es un lujo para el foro.

Un abrazo.

Palmira
 
Ya hemos conseguido traerlo a urbanos Libra8, se ha hecho esperar pero por fin ha llegado el autor y nos ha autorizado. Gracias por la recomendación. Sin duda es un lujo para el foro.

Un abrazo.

Palmira


Ya veo, me alegro mucho, es un poema magnífico y un gran aporte para el foro. Un abrazo compañera.
 
Inquietantes y contundentes tus versos amigo... las imágenes provocan y la reflexión inunda las palabras...
Un gusto volver a leerte...te abrazo con todo mi cariño...
Apenas llego a la ciudad
y me pregunto, señora,
dónde se sitúa el bufé de los relámpagos,
dónde el crepúsculo extiende su reminiscencia
sin nombrar aves, sin causar daño al recuerdo.

Vine a dejar mi testamento escrito sobre la piedra,
vine a probar el musgo de muchachas
y gastarme los ahorros de culpa
así, no más.
He sido camarero de los dioses, he recibido propina de abandono,
es verdad, ya tengo herencia
y mi lengua articula una frase
que pone en marcha a los bueyes
... conoce la ley que encarcela a la nieve.

La mañana arroja su brillo que nos somete al espejo de los tiburones
en esa orilla de la crueldad
donde las cremas del tiempo
sirven para broncearnos de envidia
y es natural, es próximo, casi nos toca.

He subido la colina
y veo, señora, que usted también
anda arrugada y con bolsas de metáfora
robadas a los gnomos.
Estaban en rebaja, dices
y miras para el otro lado,
hacia la boca de metro, donde hay carteles que prohiben la entrada
a los ángeles.

Tranquila, que yo no sé usar las escaleras mecánicas.
Sé navegar por los estuarios de la venganza, señora.
¿Es usted abogado? ¿ Y por qué no me lo ha dicho antes?
Escriba, pues, arranca una pluma de mi espalda, si no tienes lápiz.
A ver qué idioma inventa la noche
para dejarme inmerso en el asfalto.
A ver si los senos de la oscuridad
pueden con tantas bocas de poeta.

Yo vine a dejarte mis felicitaciones, compañero,
pero sobre todo a disfrutar.
Te dejo un abrazo políglota



 
Apenas llego a la ciudad
y me pregunto, señora,
dónde se sitúa el bufé de los relámpagos,
dónde el crepúsculo extiende su reminiscencia
sin nombrar aves, sin causar daño al recuerdo.

Vine a dejar mi testamento escrito sobre la piedra,
vine a probar el musgo de muchachas
y gastarme los ahorros de culpa
así, no más.
He sido camarero de los dioses, he recibido propina de abandono,
es verdad, ya tengo herencia
y mi lengua articula una frase
que pone en marcha a los bueyes
... conoce la ley que encarcela a la nieve.

La mañana arroja su brillo que nos somete al espejo de los tiburones
en esa orilla de la crueldad
donde las cremas del tiempo
sirven para broncearnos de envidia
y es natural, es próximo, casi nos toca.

He subido la colina
y veo, señora, que usted también
anda arrugada y con bolsas de metáfora
robadas a los gnomos.
Estaban en rebaja, dices
y miras para el otro lado,
hacia la boca de metro, donde hay carteles que prohiben la entrada
a los ángeles.

Tranquila, que yo no sé usar las escaleras mecánicas.
Sé navegar por los estuarios de la venganza, señora.
¿Es usted abogado? ¿ Y por qué no me lo ha dicho antes?
Escriba, pues, arranca una pluma de mi espalda, si no tienes lápiz.
A ver qué idioma inventa la noche
para dejarme inmerso en el asfalto.
A ver si los senos de la oscuridad
pueden con tantas bocas de poeta.

Fantástico poema, compañero. Tu Arte es una increíble factoría de imágenes. Es brutal.
Mis aplausos.
 
Apenas llego a la ciudad
y me pregunto, señora,
dónde se sitúa el bufé de los relámpagos,
dónde el crepúsculo extiende su reminiscencia
sin nombrar aves, sin causar daño al recuerdo.

Vine a dejar mi testamento escrito sobre la piedra,
vine a probar el musgo de muchachas
y gastarme los ahorros de culpa
así, no más.
He sido camarero de los dioses, he recibido propina de abandono,
es verdad, ya tengo herencia
y mi lengua articula una frase
que pone en marcha a los bueyes
... conoce la ley que encarcela a la nieve.

La mañana arroja su brillo que nos somete al espejo de los tiburones
en esa orilla de la crueldad
donde las cremas del tiempo
sirven para broncearnos de envidia
y es natural, es próximo, casi nos toca.

He subido la colina
y veo, señora, que usted también
anda arrugada y con bolsas de metáfora
robadas a los gnomos.
Estaban en rebaja, dices
y miras para el otro lado,
hacia la boca de metro, donde hay carteles que prohiben la entrada
a los ángeles.

Tranquila, que yo no sé usar las escaleras mecánicas.
Sé navegar por los estuarios de la venganza, señora.
¿Es usted abogado? ¿ Y por qué no me lo ha dicho antes?
Escriba, pues, arranca una pluma de mi espalda, si no tienes lápiz.
A ver qué idioma inventa la noche
para dejarme inmerso en el asfalto.
A ver si los senos de la oscuridad
pueden con tantas bocas de poeta.
Lo he leído más de una vez y seguiré haciéndolo
pero hoy te lo digo por escrito.
Fantástico poema, compañero,un abrazo y feliz año.
 
Apenas llego a la ciudad
y me pregunto, señora,
dónde se sitúa el bufé de los relámpagos,
dónde el crepúsculo extiende su reminiscencia
sin nombrar aves, sin causar daño al recuerdo.

Vine a dejar mi testamento escrito sobre la piedra,
vine a probar el musgo de muchachas
y gastarme los ahorros de culpa
así, no más.
He sido camarero de los dioses, he recibido propina de abandono,
es verdad, ya tengo herencia
y mi lengua articula una frase
que pone en marcha a los bueyes
... conoce la ley que encarcela a la nieve.

La mañana arroja su brillo que nos somete al espejo de los tiburones
en esa orilla de la crueldad
donde las cremas del tiempo
sirven para broncearnos de envidia
y es natural, es próximo, casi nos toca.

He subido la colina
y veo, señora, que usted también
anda arrugada y con bolsas de metáfora
robadas a los gnomos.
Estaban en rebaja, dices
y miras para el otro lado,
hacia la boca de metro, donde hay carteles que prohiben la entrada
a los ángeles.

Tranquila, que yo no sé usar las escaleras mecánicas.
Sé navegar por los estuarios de la venganza, señora.
¿Es usted abogado? ¿ Y por qué no me lo ha dicho antes?
Escriba, pues, arranca una pluma de mi espalda, si no tienes lápiz.
A ver qué idioma inventa la noche
para dejarme inmerso en el asfalto.
A ver si los senos de la oscuridad
pueden con tantas bocas de poeta.
Maravilloso poema que concita todas las emociones a medio camino entre lo onírico y lo real.
Mis agradecidas felicitaciones.
Jazmin Blanco
 

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