Te cedo la ventaja de que abuses
de tu virtud y cándida mirada
que eclipsa el resplandor en otras luces
y exhorta a mi tiniebla enajenada.
Al ritmo de tu aorta me conduces.
Tu pulso es mío, soy de noche entrada.
No vengas con estacas ni con cruces.
Solo tu amor destruye la morada
que en épocas remotas era tuya,
antes de que perdiera mil batallas
y dejaras morir un aleluya.
No me lleves a donde luego vayas
y deja que mi sangre por ti fluya
mientras tu sol derriba mis murallas.
Última edición: