mamcardenal
Exp..
Cuando las manos comienzan
el juego interminable del asombro
las sombras chinas cobran vida,
se alimentan de mi sangre
y toman otro color, indefinido,
mas allá del negro.
Narcotizado por el beso
no distingo los mundos.
Imagino que puedo respirar,
que puedo ser quien soy
sin tener a quién matar.
Someto, con tiranía,
a mis desconcertados pies
a una danza frenética
alrededor de no sé que cosa
hasta que rendidos
me piden auxilio
(los tuyos se esconden
tímidos).
Cuando la evidencia
del destierro inoportuno
es más real que yo mismo
procuro estrechar
la mayor cantidad de alientos
concentrarlos, destilarlos
en un intento último
de no creer que todo es nada.
Cada mañana,
cuando me levanto,
siento atmósferas extrañas
(siento el frío),
dedos estratégicos
que no palpan más que vacío.
...Yo sigo alimentando al sol.
Cardenal
el juego interminable del asombro
las sombras chinas cobran vida,
se alimentan de mi sangre
y toman otro color, indefinido,
mas allá del negro.
Narcotizado por el beso
no distingo los mundos.
Imagino que puedo respirar,
que puedo ser quien soy
sin tener a quién matar.
Someto, con tiranía,
a mis desconcertados pies
a una danza frenética
alrededor de no sé que cosa
hasta que rendidos
me piden auxilio
(los tuyos se esconden
tímidos).
Cuando la evidencia
del destierro inoportuno
es más real que yo mismo
procuro estrechar
la mayor cantidad de alientos
concentrarlos, destilarlos
en un intento último
de no creer que todo es nada.
Cada mañana,
cuando me levanto,
siento atmósferas extrañas
(siento el frío),
dedos estratégicos
que no palpan más que vacío.
...Yo sigo alimentando al sol.
Cardenal
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