Luna Roja, también duele no tener un interrogante.
No tener un cinturón alrededor de la cintura.
Unos pantalones de peto, sujetos a los hombros, por tirantes.
O unos zapatos de tu talla, un tarro de miel de abejas,
y que al vendedor ambulante, no se lo compres,
pues no tienes suficiente dinero en efectivo.
Duele mucho no acercarnos a la incertidumbre,
o al principio de exclusión de Pauli.
Puesto que dos partículas subatómicas, en un mismo espacio,
no pueden estar ni un sólo instante.
Y cuanto más se parecen entre sí,
más tienden a huir, la una de la otra.
Ese principio de exclusión dice que, en las distancias
muy, muy cortas, damos asco a quien más se nos parece.
Realmente, damos asco.
Por eso, en una misma clase, en el colegio,
¿ Cabrían un hermano y una hermana ?
O en el patio del recreo, ¿ Una madre con su hija ?
¿ Qué me dices de si el profesor fuera tu padre ?
¡ Qué vergüenza ! Ahora, toca superarlo.
Cuando quien te dio asco, fue un príncipe,
o un rey, o por ventura, un sacerdote,
entonces quisieras huir a cualquier sitio,
aunque fuera al vestuario de las animadoras.
Pero allí, de nuevo, te preguntas:
¿ Qué hago aquí, si el Más Allá, no existe ?
¿ Qué hago aquí, en este rincón,
por travesuras ? En este rincón,
por un delito que nunca he cometido,
¿ Aborreciendo el perdón de los pecados ?
¿ Aborrecía yo al Papa de Roma ?
¿ Aborrezco las doctrinas religiosas ?
¿ Qué me da fatiga, en serio ?
¿ De dónde provienen estas náuseas ?
¡ Aire viciado ! Gritó Friedrich Nietzsche.
¡ El cristianismo contamina el medio-ambiente !
El cristianismo fomenta la debilidad,
entre los hombres. ¿ Por qué hemos de ser
crucificados, para luego, penitentes, darnos
golpes en el pecho, demandando más
y más protagonismo, como si hubiera
mérito en arrodillarnos ante un dios menor,
que finge saberlo todo ?
Finge saberlo todo, mas no lo sabe.