yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nómada
de aspecto tunante.
Yo traigo mis versos desde lejos,
izados en cordilleras de recuerdos,
yo pongo la memoria en mis paredes,
los conventos poblados de silencios.
Un taciturno viaje por senderos
donde la hierba de los años oculta
las heridas y tropiezos,
donde mis ojos deslumbrados descubrieron
los fulgores de los besos.
Y las cenas hogareñas en torno del corazón
y el fuego de mi madre
y sus consejos
y la ausencia salina y corrosiva
de un padre que siempre estaba lejos.
Entonces el sol es una bombilla
de colores opalinos, desgastados
que pone frente a mi
un niño, de piernas flacas ,
preso tras la cortina de los miedos.
Vuelven entonces las cataratas de buganvilias incendiadas
y los océanos aceitosos
que inundaban las aceras
cuando el destello de cien soles agridulces
nos invitaban a trepar por los naranjos,
a defender los territorios con espadas de madera
y embriagarnos con la piel de los ciruelos,
cuando el cielo era profundo y holgado
y cabía en un cuaderno
todo el universo y sus misterios.
Era un infinito de balones y baleros
el saltar por adoquines y trazar por su epidermis de roca
todos los juegos,
en la victoria del gol y sus festejos,
las niñas de vestido azul y trenzas caprichosas
llenaban de caprichos los espejos,
cuando las lunas de diciembre ardían
en el principio de los amores indecisos.
Así se llenaban de color las horas
y las noches venían con sus demonios,
despertaba Hemingway
sueños de mares y de viejos,
y nacían los versos por amores,
Acuña dormía en mi cabecera
preparando la llegada de Neruda,
los amigos empezaban a trazar caminos
de huellas paralelas
y el alcohol mojaba por vez primera
los nidos de pájaros destemplados
que se cobijaban en mi garganta.
Después llego el después,
las uvas macilentas que me llenaron de distancia
y alguno que otro muerto que llevo en los hombros,
después las lunas se hicieron de hombre lobo
y tome el camino de la ausencia,
hasta el día de hoy en que traigo mis versos desde lejos,
desde mi infancia sepultada.
Sobre mi hombro un niño cubierto del barro del ayer
dicta poemas.
de aspecto tunante.
Yo traigo mis versos desde lejos,
izados en cordilleras de recuerdos,
yo pongo la memoria en mis paredes,
los conventos poblados de silencios.
Un taciturno viaje por senderos
donde la hierba de los años oculta
las heridas y tropiezos,
donde mis ojos deslumbrados descubrieron
los fulgores de los besos.
Y las cenas hogareñas en torno del corazón
y el fuego de mi madre
y sus consejos
y la ausencia salina y corrosiva
de un padre que siempre estaba lejos.
Entonces el sol es una bombilla
de colores opalinos, desgastados
que pone frente a mi
un niño, de piernas flacas ,
preso tras la cortina de los miedos.
Vuelven entonces las cataratas de buganvilias incendiadas
y los océanos aceitosos
que inundaban las aceras
cuando el destello de cien soles agridulces
nos invitaban a trepar por los naranjos,
a defender los territorios con espadas de madera
y embriagarnos con la piel de los ciruelos,
cuando el cielo era profundo y holgado
y cabía en un cuaderno
todo el universo y sus misterios.
Era un infinito de balones y baleros
el saltar por adoquines y trazar por su epidermis de roca
todos los juegos,
en la victoria del gol y sus festejos,
las niñas de vestido azul y trenzas caprichosas
llenaban de caprichos los espejos,
cuando las lunas de diciembre ardían
en el principio de los amores indecisos.
Así se llenaban de color las horas
y las noches venían con sus demonios,
despertaba Hemingway
sueños de mares y de viejos,
y nacían los versos por amores,
Acuña dormía en mi cabecera
preparando la llegada de Neruda,
los amigos empezaban a trazar caminos
de huellas paralelas
y el alcohol mojaba por vez primera
los nidos de pájaros destemplados
que se cobijaban en mi garganta.
Después llego el después,
las uvas macilentas que me llenaron de distancia
y alguno que otro muerto que llevo en los hombros,
después las lunas se hicieron de hombre lobo
y tome el camino de la ausencia,
hasta el día de hoy en que traigo mis versos desde lejos,
desde mi infancia sepultada.
Sobre mi hombro un niño cubierto del barro del ayer
dicta poemas.
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