Felipe Fuentes García
Poeta asiduo al portal
Yo, Yo...
«Yo, yo, yo, para mí» podría acaso
ser el gorjeo que, tenaz, proclama
-en su empeño febril y sin retraso-
ese narciso que, al hablar, reclama.
«Yo, yo, yo, para mí». ¡Qué melodía
más dulce, y además, qué convincente
llega su voz hasta la galería
para gloria banal del eminente!
«Yo, yo, yo, para mí». Que se eternice
su sonido. Que el eco, tan oculto
tras sus hueros caudales, nos hechice
y el «mí, mí, mí» ... no cese en el tumulto.
¡Y que prosiga sin parar la rueda,
que todo se obnubila en lo que queda!
«Yo, yo, yo, para mí» podría acaso
ser el gorjeo que, tenaz, proclama
-en su empeño febril y sin retraso-
ese narciso que, al hablar, reclama.
«Yo, yo, yo, para mí». ¡Qué melodía
más dulce, y además, qué convincente
llega su voz hasta la galería
para gloria banal del eminente!
«Yo, yo, yo, para mí». Que se eternice
su sonido. Que el eco, tan oculto
tras sus hueros caudales, nos hechice
y el «mí, mí, mí» ... no cese en el tumulto.
¡Y que prosiga sin parar la rueda,
que todo se obnubila en lo que queda!