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Yo, yo...

Felipe Fuentes García

Poeta asiduo al portal
Yo, Yo...


«Yo, yo, yo, para mí» podría acaso
ser el gorjeo que, tenaz, proclama
-en su empeño febril y sin retraso-
ese narciso que, al hablar, reclama.

«Yo, yo, yo, para mí». ¡Qué melodía
más dulce, y además, qué convincente
llega su voz hasta la galería
para gloria banal del eminente!

«Yo, yo, yo, para mí». Que se eternice
su sonido. Que el eco, tan oculto
tras sus hueros caudales, nos hechice
y el «mí, mí, mí» ... no cese en el tumulto.

¡Y que prosiga sin parar la rueda,
que todo se obnubila en lo que queda!
 
Yo, Yo...


«Yo, yo, yo, para mí» podría acaso
ser el gorjeo que, tenaz, proclama
-en su empeño febril y sin retraso-
ese narciso que, al hablar, reclama.

«Yo, yo, yo, para mí». ¡Qué melodía
más dulce, y además, qué convincente
llega su voz hasta la galería
para gloria banal del eminente!

«Yo, yo, yo, para mí». Que se eternice
su sonido. Que el eco, tan oculto
tras sus hueros caudales, nos hechice
y el «mí, mí, mí» ... no cese en el tumulto.

¡Y que prosiga sin parar la rueda,
que todo se obnubila en lo que queda!
Has retratado muy bien, estimado Felipe,
al egocéntrico por excelencia, que por desgracia abunda;
todos tenemos nuestra cuota de vanidad, así nacemos,
en general los que más se destacan son los políticos,
que deben convertirse en admirables todos los días
y están pendientes de las encuestas de opinión,
y en los demás ámbitos no hace falta buscar mucho,
siempre hay alguno cerca;
un saludo cordial y felicitaciones por este excelente soneto inglés.
Eduardo
 
Estoy con la opinión de Eduardo en que has hecho un excelente retrato del egocéntrico; tiene razón también en que es un rasgo que define mucho nuestra infancia; en los niños todo es yo, yo, yo, o mí,mí mí ; acaso una forma de saber que vamos madurando es el ir dejando ese narcisismo atrás, pero esta sociedad promociona todo lo contrario; el sentirnos dueños del centro de atención parece ser lo primero y más que importe. Parece que el madurar no es el principal objetivo de la mentalidad de buena parte del hombre actual.

Este poema es uno de esos casos en donde la aliteración y reiteración de términos o frases parecen necesarias porque el texto lo pide.

Mi felicitación con un cordial saludo.

Yo, Yo...


«Yo, yo, yo, para mí» podría acaso
ser el gorjeo que, tenaz, proclama
-en su empeño febril y sin retraso-
ese narciso que, al hablar, reclama.

«Yo, yo, yo, para mí». ¡Qué melodía
más dulce, y además, qué convincente
llega su voz hasta la galería
para gloria banal del eminente!

«Yo, yo, yo, para mí». Que se eternice
su sonido. Que el eco, tan oculto
tras sus hueros caudales, nos hechice
y el «mí, mí, mí» ... no cese en el tumulto.

¡Y que prosiga sin parar la rueda,
que todo se obnubila en lo que queda!
 
Buen día, excelente retrato del vanidoso y egocéntrico, ese que conseguimos en todos lados, el comején del mundo, sin ellos el mundo avanzaría mucho mas, por supuesto hay que tener amor propio y algo de vanidad, porque sino empezamos queriéndonos nosotros mismos, como podemos querer sanamente a otros, pero la exageración de esta vanidad es perniciosa, tanto para el egocéntrico como para su entorno, buen poema, saludos.
 
Has retratado muy bien, estimado Felipe,
al egocéntrico por excelencia, que por desgracia abunda;
todos tenemos nuestra cuota de vanidad, así nacemos,
en general los que más se destacan son los políticos,
que deben convertirse en admirables todos los días
y están pendientes de las encuestas de opinión,
y en los demás ámbitos no hace falta buscar mucho,
siempre hay alguno cerca;
un saludo cordial y felicitaciones por este excelente soneto inglés.
Eduardo


Te doy las gracias, Eduardo, por tu amable comentario y tus felicitaciones.

Recibe un afectuoso saludo.
Felipe.
 
Última edición:
pues yo soy una de esos, siempre desde pequeña, todo para mí, yo,yo,yo,mí,mí´,que lindo lo que he leído, me gusta muchísimo tu poesía en todos los sentidos, marga la avarienta,aunque se me va el dinero en tarrinas para gatos viejos
Yo, Yo...


«Yo, yo, yo, para mí» podría acaso
ser el gorjeo que, tenaz, proclama
-en su empeño febril y sin retraso-
ese narciso que, al hablar, reclama.

«Yo, yo, yo, para mí». ¡Qué melodía
más dulce, y además, qué convincente
llega su voz hasta la galería
para gloria banal del eminente!

«Yo, yo, yo, para mí». Que se eternice
su sonido. Que el eco, tan oculto
tras sus hueros caudales, nos hechice
y el «mí, mí, mí» ... no cese en el tumulto.

¡Y que prosiga sin parar la rueda,
que todo se obnubila en lo que queda!
 
Estoy con la opinión de Eduardo en que has hecho un excelente retrato del egocéntrico; tiene razón también en que es un rasgo que define mucho nuestra infancia; en los niños todo es yo, yo, yo, o mí,mí mí ; acaso una forma de saber que vamos madurando es el ir dejando ese narcisismo atrás, pero esta sociedad promociona todo lo contrario; el sentirnos dueños del centro de atención parece ser lo primero y más que importe. Parece que el madurar no es el principal objetivo de la mentalidad de buena parte del hombre actual.

Este poema es uno de esos casos en donde la aliteración y reiteración de términos o frases parecen necesarias porque el texto lo pide.

Mi felicitación con un cordial saludo.

Gracias, jmacgar, por tu felicitación.
Estoy de acuerdo de cuanto dices. En efecto, pareciera que hoy el madurar no fuera lo primordial, a juzgar por lo que se ve y se oye.
Recibe un afectuoso saludo.
Felipe.
 
Yo, Yo...


«Yo, yo, yo, para mí» podría acaso
ser el gorjeo que, tenaz, proclama
-en su empeño febril y sin retraso-
ese narciso que, al hablar, reclama.

«Yo, yo, yo, para mí». ¡Qué melodía
más dulce, y además, qué convincente
llega su voz hasta la galería
para gloria banal del eminente!

«Yo, yo, yo, para mí». Que se eternice
su sonido. Que el eco, tan oculto
tras sus hueros caudales, nos hechice
y el «mí, mí, mí» ... no cese en el tumulto.

¡Y que prosiga sin parar la rueda,
que todo se obnubila en lo que queda!
Excelente retrato del egocéntrico, estimado Felipe, aunque todos tenemos alguna vanidad escondida y con moderación todo en la vida suele más veneficiar que perjudicar, lo bueno de estos personajes es que se retratan solos.
Saludos cordiales.
 
Buen día, excelente retrato del vanidoso y egocéntrico, ese que conseguimos en todos lados, el comején del mundo, sin ellos el mundo avanzaría mucho mas, por supuesto hay que tener amor propio y algo de vanidad, porque sino empezamos queriéndonos nosotros mismos, como podemos querer sanamente a otros, pero la exageración de esta vanidad es perniciosa, tanto para el egocéntrico como para su entorno, buen poema, saludos.


Te agradezco tu comentario, Arnet, y tu generosa opinión sobre el soneto.

Recibe un abrazo.
Felipe.
 
Siempre se ha dicho que el que no llora no mamá. El narcisista es débil, porque confunde la persona con la imagen, y en este mundo, donde todo es imagen y la imagen es tan importante, renunciar a la imagen te puede hacer más fuerte como persona, pero te condena al fracaso social. A los que somos muy outsiders nos viene muy bien, pero en realidad la gente vive de la imagen. El soneto es excelente. Un saludo.


Muchas gracias, Veles i Vents, por dejarme tu valiosa opinión sobre el soneto.

Recibe un cordial saludo.
Felipe.
 
pues yo soy una de esos, siempre desde pequeña, todo para mí, yo,yo,yo,mí,mí´,que lindo lo que he leído, me gusta muchísimo tu poesía en todos los sentidos, marga la avarienta,aunque se me va el dinero en tarrinas para gatos viejos


Muchas gracias, Marga, por tu atento comentario.
Recibe un afectuoso saludo.
Felipe.
 

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