Teo Moran
Poeta fiel al portal
Despacio, muy lentamente el río
cae en desorden sobre la espesura,
vierte sus luces nítidas de escarcha
sobre una desolada y vacía orilla,
y en el rumor de su suspiro
se encoje para después saltar con brío
entre los juncos y el fondo arcilloso,
y sobre su espuma conmovida
quedarán mis huellas perecederas
a sabiendas de que nada perdurará,
mas nada dejaré atrás, solo piedras,
unos planetas redondos ya sin vida
por donde tropezaré una y otra vez.
¡Pero aquel campo ayer rebosante,
hoy desolado mira a la mañana
esperando a la caricia del viento
que daba sosiego al alma apenada!
Reposo en el dolido quebranto,
pero el invierno solo deja frialdad
en las líneas inversas del corazón,
en los ojos recuerdos imprecisos
de amapolas rojas y verdes trigales,
unas calles desiertas al mediodía
que no llevan a ninguna parte,
gente que llega y siempre se roba
la inquietud de unos sombríos días,
las sutilezas de un campo aún por labrar
que dará sus frutos en el apéndice
de un futuro apresurado y efímero.
¡El amor que pertenece a los vivos
poco a poco se quedará sin tiempo,
y aquellos que un día partieron
en el alma la eternidad de su recuerdo!
En las copas de los pinos la sombra
de las aves que yacen silenciosas
y cobijadas entre sus ramas
esperan al sol en el firmamento,
aguardan a la tibieza de la mañana
para que de entre las afiladas cimas
la luz brote como un semillero
y florezca su bella melodía invernal,
mas allí donde la frialdad nació
el amor compuso calor y fuego,
allí donde la gélida caricia del viento
rozó los latidos del enamorado
este creó en su propia fragua,
golpe a golpe las formas de una risa,
la comisura de unos labios,
unas palabras interminables
que nunca alcanzarán destino,
oirá de nuevo a las aves trinar,
al cauce del río perderse a lo lejos
entre las ondulaciones del campo,
a mi sombra caminar entre los chopos
mientras con mis manos cerradas
golpe a golpe sobre el yunque
daré forma en este frío invierno
al amor que nace de mi recuerdo.