Uqbar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi calle era alargada… como un río.
Nació próxima a la fábrica de hierros,
a las afueras de la ciudad.
Mi calle tenía peluquería
de caballeros.
Luis y su novio peinaban, reían y se pintaban el pelo.
Sólo recuerdo haber visto mujeres…
en el local.
Mi calle tenía tienda de ultramarinos
y no había que pagar,
te apuntaban en una libreta, con letra grande
y te daban un papelito para llevar a casa, con el total.
También había tienda de chuches,
era pequeñita, como su dueña Tere, la coja,
y era amable y dulce
como su dueña Tere…
Mi calle también tenía una plaza con un gran pedestal.
allí se subía la loca del barrio
y lloraba a su amado
y nos asustaba…
Mi calle tenía una bodeguilla,
olía a vino y a humo, y a hierro…
como la fábrica a las afueras de la ciudad.
Cerca de mi calle había una basílica muy grande,
con una virgen chiquita
que protegía a todos los de mi ciudad.
Hace poco he vuelto a mi calle,
pero ya no era larga,
ni tenía plaza,
ni peluquería,
ni tienda de chuches,
ni loca de barrio…
Se la había comido,
la gran ciudad.
Nació próxima a la fábrica de hierros,
a las afueras de la ciudad.
Mi calle tenía peluquería
de caballeros.
Luis y su novio peinaban, reían y se pintaban el pelo.
Sólo recuerdo haber visto mujeres…
en el local.
Mi calle tenía tienda de ultramarinos
y no había que pagar,
te apuntaban en una libreta, con letra grande
y te daban un papelito para llevar a casa, con el total.
También había tienda de chuches,
era pequeñita, como su dueña Tere, la coja,
y era amable y dulce
como su dueña Tere…
Mi calle también tenía una plaza con un gran pedestal.
allí se subía la loca del barrio
y lloraba a su amado
y nos asustaba…
Mi calle tenía una bodeguilla,
olía a vino y a humo, y a hierro…
como la fábrica a las afueras de la ciudad.
Cerca de mi calle había una basílica muy grande,
con una virgen chiquita
que protegía a todos los de mi ciudad.
Hace poco he vuelto a mi calle,
pero ya no era larga,
ni tenía plaza,
ni peluquería,
ni tienda de chuches,
ni loca de barrio…
Se la había comido,
la gran ciudad.
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