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Viendo entradas en la categoría: Alabanzas

  • lesmo


    Intimidad

    Solos mi Niño estamos, Tú dormido
    en el pobre pesebre; al Nacimiento
    no lo toca ni un pálpito de viento
    en esta intimidad sin ningún ruido.

    Me acerco y me arrodillo, Dios nacido;
    y cómo mira Madre, de contento
    estalla el San José sin movimiento,
    ¡qué gozo, mi pequeño, haber venido!

    Mi fe está conmovida de alegría
    en nuestra soledad al fin de día;
    te despiertas, me hablas y parece

    quisieras del Portal escabullirte
    conmigo, y en mis brazos rebullirte,
    y mi mano buscándote te mece.
  • lesmo


    Ceremonial


    Se elevan las delgadas nervaduras
    hacia la solitaria piedra clave,
    e ingrávidas, suspensas, en la nave
    sostienen las pesadas estructuras.

    Un coro diaconal de voces puras,
    al frente, en procesión avanza, grave,
    y entona una salmodia que, süave,
    se mezcla con incienso en las alturas.

    De pronto se ilumina el presbiterio
    y ocupan los ministros sus sitiales
    en torno al facistol donde el salterio

    se abre con los himnos y graduales;
    comienza el Eucarístico Misterio
    que achica a las enormes catedrales.
    A Bernardo de Valbuena le gusta esto.
  • lesmo
    La palabra enorme

    La fe, palabra enorme que pusiste
    desde siempre en el borde de mis labios
    y allí parece apenas se sostiene,
    mi fe que se sostiene de milagro,
    aquel que cada día Tú me haces
    ungiéndome la frente con tu bálsamo.
    La fe que reservaste desde siempre
    en aguas de jordanes siempre claros,
    la fe de las perfectas tradiciones,
    la fe del corazón de mis ancianos;
    parece que en mis labios se sostiene
    y no comprendo cómo de mis labios.
    Mas ay, cómo resuena fuertemente
    y cómo, cómo, cómo la proclamo.