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Viendo entradas en la categoría: Alejandrinos

  • lesmo


    Pueblo deseante

    Mi patria son tus ojos donde quiero estar preso
    detrás de tus pestañas, donde está tu retina,
    junto al eco callado de la imagen, y el eco
    de las cosas sagradas que miraste en la vida.

    Mi patria, tus suspiros que renuevan alientos,
    los alientos precisos de la esperanza mía,
    por tus hijos crecidos, por tus hijos pequeños
    que en mi casa llenaron de luz cada esquina.

    Mi patria son tus brazos que me gritan de lejos
    y esa voz cuando llego me susurra tranquila,
    y es que allí mis pesares se convierten en buenos
    y los malos augurios se destruyen y arruinan.

    Mi patria es tu semblante y el profundo silencio
    del carmín de tus labios que a tu boca matiza
    y la palabra escueta que se te queda dentro,
    aquella que comprendo, sin dudar enseguida.

    Mi patria son tus piernas aéreas en vuelo
    que te elevan y alejan del suelo que pisas
    hasta tocar las nubes de color ceniciento
    sobrepasando ingrávida la espesa neblina.

    Mi patria son tus manos que me aprietan con celo,
    que tiran cada puerta y tapia de cal viva,
    donde después te pongo un anillo en el dedo
    que te baja del cielo una estrella que brilla.

    Mi patria es la morada gentil donde tus senos
    acogen dulcemente a mi torpe caricia,
    porque nunca se espantan si te dejara en ellos,
    con ansiedades luego, la sed de la vista.

    En mi patria descanso, en tu alma y tu cuerpo,
    y al pronunciar tu nombre que todo significa,
    y allí seguiré siendo el clamor de tu pueblo
    de siempre deseante de tierra prometida.
    A E.Fdez.Castro le gusta esto.
  • lesmo
    Algunas horas, algunas cosas

    Están en las cornisas de las tardes verdosas
    y son como de hielo suspendido y callado,
    son frágiles momentos que resuenan a viejos
    y se marchan simétricos sobre un viento insumiso.
    Están tan sumergidas que parecen corales
    y son como sentinas de naves como robles,
    con los troncos vacíos donde viven los ecos
    de las palabras mudas que nunca se dijeron.
    Están por las aceras de los más lentos pasos
    y son como las hojas que cayeron perdidas,
    son múltiples instantes que se pasan sin nombre
    para que no los llamen ni nadie los escuche.
    Están sobre mi alma y no las sabré nunca
    y son como los clavos que oxidan tibias brisas
    del salitre que vuela ocupándolo todo
    y que llena gargantas con espasmos de muerte.
    Están en ignorancias que conocen y saben
    y son como el insomnio de los ojos más quietos,
    como el sufrir de antes y como el del presente,
    están sobre mi espalda y no las reconozco.
    A E.Fdez.Castro y Pessoa les gusta esto.
  • lesmo


    Su Voz

    Su Voz no suena como el rayo o el retumbo,
    no viene con estruendos con lluvia o con tormenta,
    se escucha en lo que menos parece o representa,
    en el llanto de un niño, en el sur de algún rumbo.

    Su Voz está ahogada, acaso, si la arrumbo,
    y pongo en los placeres la vida, y se contenta
    en falsas esperanzas, y en sinrazón se asienta,
    y en lo falaz del mundo más vano me derrumbo.

    Su Voz es la que sufre, y es la que sin abrigo
    me pide una moneda con anhelante gesto,
    susurra en el ajado rostro de aquel mendigo

    que siendo inoportuno pudiera ser molesto;
    su Voz es la sincera del Padre y del Amigo,
    y es la más incansable, y más, si no contesto.
    A BEN., E.Fdez.Castro, Pessoa y 2 otros les gusta esto.
  • lesmo


    Esas bellas palabras

    Esas bellas palabras que de tu boca vienen,
    aparecen, de pronto, para inundar mi oído,
    para segar mis penas, para darle sentido
    a la vida que pasa, tanta hermosura tienen.

    Son esas, si las dices, serán las que convienen,
    las que más apacientan sin hacer ningún ruido,
    las que llegan y apagan mi trémulo gemido
    y las que, sin saberlo, más y mejor sostienen.

    Son esas tus palabras, delicadas y amables,
    las que me dan apoyo como tiernas alfombras,
    las que no soliviantan y son inolvidables.

    Son esas, por ser tuyas, poeta, no me asombras,
    y serán siempre mías porque serán palpables
    señales amorosas, con las que tú me nombras.
    A E.Fdez.Castro le gusta esto.
  • lesmo
    Abrojos

    Nada existe más vacuo que la caricia ausente,
    que la boca cerrada, que una mano hacia abajo,
    que el vacío es inmenso si es del alma y no siente
    y ademas es alegre con gentil desparpajo.

    La sonrisa que hiere, la que muerde y se clava
    es como de aguijones si mordaz el semblante,
    que un insulto se frota y con genio se lava
    y la risa sufrida es pesada y cargante.

    En tan solo un instante se derriban los muros,
    se agosta la florcilla que amaneció dichosa
    y se vuelven los días de mil soles oscuros.

    Cuando llega el ocaso y la vida es tediosa
    y se pierden los brazos que de otrora seguros
    son los secos abrojos y una espina de rosa.
    A Pessoa le gusta esto.
  • lesmo
    Porque callar no basta

    Porque callar no basta cuando habla cada instante;
    porque el silencio tiene un poso de la muerte;
    porque no es mudo el aire, vertido, de los ojos;
    porque la sangre es grito cuando lude en la frente.
    He de entregaros algo que es mío y que ya es vuestro,
    pues que todos llevamos vivo un mundo que es de otros.
    Basta que la palabra nos retenga un momento
    para quedarse nuestra, aun siendo de otros logro.

    Mi gratitud a Enrique Fernández Castro, compañero y amigo, por ilustrarme con este poema de la obra del poeta maño, Manuel Pinillos.
    A Ligia Calderón Romero le gusta esto.
  • lesmo
    A Manuel López Costa (Malco),
    amigo y compañero de tanto.

    Después de oír a Pablo Neruda

    En la voz del poeta imagino la tuya
    y en idéntico idioma me recita tus versos
    y te imagino cerca a pesar de ser mucha
    la distancia que existe y que no deja vernos.
    Es su voz y es la tuya la que América acuna
    esa nostalgia inmensa que me acuna los sueños
    de la selva, del cóndor, de las frutas maduras,
    de los colores vivos y los ojos más bellos.
    Si alguna vez pisara esas pisadas tuyas,
    si alguna vez te oyera el poema en tu pecho
    sabrías cuánto amo la América y la jungla,
    y cuánta es mi saudade al echarte de menos.

    Salvador González Moles
    A Azalea, pepesori y malco les gusta esto.