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Viendo entradas en la categoría: Glosa

  • lesmo


    La larde cae en tu cuerpo

    La tarde de mis sueños va llegando
    sobre las cordilleras de tu cuerpo,
    en tanto que mis ojos solo siguen
    las luces del ocaso en tu cintura.

    No fui de las pasiones más esclavo
    que esclavo siempre fui de tu presencia,
    aquella que me ata a los contornos
    de la blancura tibia de tu espalda.

    Y en esa vida voy muriendo entonces
    sin más aspiración que alguna tarde
    se caiga para mí de entre tus manos.

    Amor, pero no sueltes las cadenas,
    y mira lo cercano de los filos
    del hondo precipicio de la noche.


    De Ligia Calderón Romero (Glosa)

    La tarde de mis sueños va llegando
    sobre las cordilleras de tu cuerpo,
    en tanto que mis ojos solo siguen
    las luces del ocaso en tu cintura.
    Un día en los umbrales de mi patria
    despertaron los prístinos abriles
    fugaces como flor de un día. Hoy,
    la tarde de mis sueños va llegando.

    Entonces la alborada sucumbía
    en el sacro jardín de tus dulzores
    y al otro instante semejaba un ángel
    sobre las cordilleras de tu cuerpo.

    Aún escucho los turpiales tuyos
    al correr de los oxidados trenes
    en tanto que mis ojos solo siguen

    buscando en tus fanales las estrellas
    y, a la muerte del fénix, encender
    las luces del ocaso en tu cintura.


    Acabaste aquel poema

    Ay mis versos que esperaban pero no sabían cuánto
    y los puse en la ventana ignorando si vendrías,
    se mustiaron poco a poco de mirar al horizonte
    y el camino polvoriento allanado de alpargatas.

    Ay pasaban labradores a sembrar entre los surcos
    paralelos del arado del sudor y las fatigas,
    y del tiempo la besana floreció de verdes pastos
    y mis versos esperaban los llenaras con tu pluma.

    Y un buen día que observaba el camino polvoriento
    una nube diminuta tras los pasos se acercaba
    y de pronto vi tu rostro que agotado de la senda

    regresaba tras mil años con la fuerza entre las manos;
    completaste aquellos versos con tu glosa y tu semblante,
    y me hiciste el más dichoso acabando aquel poema.
  • lesmo
    […]
    …Y, acabados, sabemos, sus verdores,
    que es la vida el camino de la Muerte
    y la muerte el camino de la Vida.

    De profundis

    Manuel Machado

    Nuestra gloria (Glosa)

    Amigo que en la gloria te devanas
    que sepas una sola es la que existe;
    claree con la luz de las mañanas
    la historia de la vida que escribiste.
    Si como mensajeros, en la nave,
    dejáramos en otros poso grave…
    Entonces para el triunfo, ¿qué convida?
    el claro entendimiento, ánimo fuerte,
    y el ver que en el camino de la Muerte
    está el sendero justo de la Vida.