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Viendo entradas en la categoría: POEMA MELANCÓLICO

  • Anamer
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    Vivimos en una vocación de desamparo,
    llorando nuestras ausencias
    en un derroche de tiempo
    que le arrebatamos a la vida.


    La distancia fue nuestro enemigo,
    dejamos los boletos al azar
    y las ilusiones buscaron
    nuevos destinos.


    El tiempo ganaba indulgencias
    con nuestras lágrimas,
    pero en algún verano se secaron
    y con ellas, los latidos
    que presumimos recíprocos.

    Hasta las estrellas fugaces
    que acompañaron nuestras noches
    se apagaron, ante el asombro del largo hilo
    que nos mantenía unidos,
    y que nunca nos alcanzó
    para enredarnos.


    Y la palabra también se secó.

    Allí comenzó nuestra muerte,
    como un trago amargo de un amor a destiempo,
    entre susurros que se fueron silenciando
    hasta declararse ausentes.


    Sólo quedó el vacío,
    a dos pasos de nuestras pieles.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Hay días que me dueles
    en todos los poros de mi piel,
    siento el alma vacía
    de tanta ausencia,
    con ese sabor a nostalgia
    de un amanecer sin aurora.


    Es como tener en la mirada
    la inmovilidad de los latidos
    y aunque cierro los ojos,
    los recuerdos no se esfuman,
    solo hay destellos entre
    los párpados cansados.


    Mis labios, que han quedado
    desahuciados de tus besos,
    se detienen desvalidos
    a la orilla de tu boca,
    perdidos, huérfanos,
    como borrando los momentos
    de aquél amor, que siempre fue sed.

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    En honor a Alejandra Pizarnik

    Sólo morir, ¡tan dolorida!
    con ese dolor que es puñal,
    afilada espada que te parte en dos.

    ¿Cuánto dolor puede caber en ese corazón?

    Callada, con o sin palabras, eres tú.
    A la orilla del silencio, a la orilla de la vida.
    Contigo, con la otra que eras tú misma,
    como un jardín en ruinas.

    “No hay una historia de amor sin amor”
    La esperanza se acaba, se deshace.

    En la humedad de tus ojos, en la rebeldía de tus letras
    en el lugar en que todo sucede, en tu poesía.
    Allí tramaste tu muerte, oíste su voz junto al río.

    Ella te habló con su arpa y su vestido rojo,
    recitó tus poemas sin destinatarios,
    negándote la luz que tanto buscabas,
    en el mundo despoblado donde te sumerges.

    Te habló en el lugar del amor,
    abrazada a tus nostalgias, a tus miserias,
    en el tiempo que atraviesa los cuerpos.

    En tus poemas escritos en la piedra,
    a sangre y fuego, en ese dolor inacabable
    donde hallaste el motivo de tu muerte.

    ¡No escuchaste al poeta que te quería viva!

    Todo era oscuro, todo era silencio,
    no hubo alegrías en tus memorias,
    sólo ese espacio negro,
    donde te dejaste caer,
    en la espesura de la noche.

    “No quiero ir, nada más, que hasta el fondo.”

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    No bastan los océanos
    para acunar las lágrimas,
    ni mis manos, ni mis pies,
    ni siquiera mis ojos.


    Siempre es la ausencia
    la que nos desdibuja,
    no a tu alma, ni a ese día
    de noviembre en que
    tus labios llegaron
    a mi encuentro.


    Fue después cuando
    desafiando la esperanza
    decidimos morir
    en la cercanía de ese
    fuego que fue ave
    suplicando sus alas
    y que nosotros
    le negamos.


    Yo vi partir tu alma
    desde ese nido.


    Las paredes se poblaron
    de ecos, ahora que nadie
    las habita, como esos
    lugares sin luz,
    silenciosas,
    vacías
    sin ti.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    El naranja que se escurre
    como esencia del cielo
    en el crepúsculo,
    me acompaña esta tarde
    de mirar por la ventana.


    No necesito excusas,
    para embriagarme me basta la tormenta,
    la mirada que ilumina mis mañanas,
    tus ojos que crecen en la espuma del tiempo.


    Las noches me han enseñado
    que siempre serás mi sueño,
    el mar, centinela de tus recuerdos
    ¡tanto lo amaste!
    Merecías estar entre sus olas.


    No puedo ofrecerte más,
    revuelvo mis cajones y no te encuentro,
    nunca hubo cartas de amor.


    Te guardo y te pierdo
    en un solo papel,
    como las tardes que vivimos
    en el malecón donde soñamos.

    Quedábamos nosotros
    y ya no estamos aquí.

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    La mirada es apenas un reflejo
    en esta soledad, ella no tiene
    quien abrace sus lágrimas
    o quien disfrace su esperanza.


    Se cansa de saberte lejos,
    de llenarse de recuerdos.


    Las noches son un río de turbulentas aguas,
    donde se sumerge de puntillas
    para no despertar los silencios,
    pero ellos, siempre la sorprenden.


    Así es esto, te callas,
    y como es costumbre,
    se borran las sonrisas.


    A lo lejos, se anuncian
    los primeros rayos de la aurora.


    Nunca nos fue tan necesario un amanecer
    que aliente la palabra,
    que la asome a la boca
    que deje al sol encenderse lentamente,
    buscando su cenit,
    para que nos caliente los labios.

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    Quise quedarme en tu sonrisa
    pero no hubo quórum,
    el corazón herido no da tregua
    es como una planta seca lo sabes,
    nunca responde.


    No es la distancia entre dos bocas,
    sino entre dos almas
    la que determina la ausencia,
    dos manos que no saben unirse,
    que buscan cada una otra mano.


    Vuelvo a ser ave, ya ves,
    no sabes de miradas ni de espejos,
    un segundo bastó, ahora
    la luna gira y me llama,
    no comprendes, nunca comprendiste
    no supiste leer entre mis líneas.


    Dejemos el café para otra tarde
    hoy tengo que saldar
    mi propia ausencia.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Descalza, voy dejando piel
    por el camino,
    guijarros inquietos
    se aprietan a mis pies.

    Es ese cielo gris que se confunde
    entre las nubes, el que se tatúa
    incansable en tus ausencias.

    Los claros y oscuros,
    se adueñan del paisaje.


    Como el vuelo del águila,
    que en círculos de espacio indefinido
    se mueve bajo la luz,
    praderas que se esconden en las sombras
    para abrazar mi cansancio.

    Anhelo el verde despertar de primavera
    que sacuda el tiempo en mágico latido,
    y que llene mis espacios

    del aroma infinito de los bosques,
    con sus pinos erguidos al sol
    saludando la mañana.

    Sus claros rayos,
    iluminan mis oscuras nostalgias.

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    No siempre el cansancio
    oculta las memorias,
    a veces se hace un nuevo intento
    y retorno a mi montaña
    hasta remontar la cumbre,
    allí se posterga el adiós.


    Los silencios sucumben
    entre los instantes,
    hiriendo los maltrechos corazones.


    Las dudas amanecen tu mirada
    y se hacen eco de todas las tristezas
    del mundo,
    de la agonía de los vientos,
    de las alas que naufragan tu cielo.


    Tus ojos ahora huyen,
    me niegan las respuestas.


    Son un paraje desierto,
    un lienzo sin vida
    olvidados de mis ojos.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Nada se asemeja
    al hervir de la sangre,
    al misterio de la lluvia
    cuando se alborotan
    las nostalgias,
    sabor de sal en los labios.


    ¡La mañana es testigo!

    El vacío navega el alma,
    eterno oleaje,
    se sumerge en la bruma
    y desdibuja el eco
    de las risas.


    Los ojos delimitan el espacio,
    se hace eterna, infinita,
    la necesidad de entregarse,
    más los labios
    permanecen en silencio,
    como si el viento
    no supiera escucharlos.


    Se enciende entonces la tristeza
    y se apaga la voz,
    que naufraga
    en las calles desiertas
    de los corazones ausentes.


    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    El corazón se hizo ovillo

    desde el temblor impreciso de tus letras
    donde amaneces desnudo y silente
    en el lugar en que el olvido nos convoca
    en que las palabras se quedan sin sonidos
    en que el miedo amuralla los verdores
    permaneciendo intacto
    en el horizonte de tu boca.

    Mis ojos se humedecen
    con el resplandor del abismo
    lloro asomada a ese oscuro vacío
    por donde resbalan los recuerdos,
    desafiando al tiempo de tus besos
    hasta el instante del silencio recurrente
    que impávido amenaza
    con desangrar mi garganta.

    Sentado al otro lado de mi vida
    guardas celoso tus derrotas,
    senda en la que adrede te extravías,
    mientras los vientos del norte
    riegan de soledades mis manos
    que sin el abrigo de tu sombra
    pernoctan en la memoria
    de unas viejas caricias.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Cada amanecer
    nos acerca a otra partida,
    rogamos porque el tiempo se estacione,
    más los minutos lentamente
    siguen su marcha.


    Somos dos cuerpos frente a frente
    que tejemos de a ratos una historia,
    noches aromadas de jazmines
    y ese canto suave de caracolas.


    Tu voz siempre llega desde el norte,
    un minúsculo instante de almas
    que se tocan en dulce melodía,
    solo eso basta,
    y florece el universo.


    Luego la noche,
    un oleaje sereno que nos lleva a la orilla.


    Estar juntos,
    el calor de tu piel sobre mi piel,
    me confunde,
    mi manos se van quedando huérfanas
    en esta madrugada infinita.


    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Detengo mi cansancio
    a la orilla del verso,
    que quiere despojarme
    de los sueños del mañana.
    ¡Mi espíritu se resiste al cautiverio!


    Me asomo a mis días de azul,
    de cielo, de golondrinas,
    de ese mar que me reclama,
    que me urge a transitarlo
    hasta el horizonte que se escapa.


    La ilusión me invita,
    más la tristeza se hace nudo
    en la garganta.


    Antes de partir
    me vuelvo hacia la luz,
    el faro protector que me cobija.


    Cada noche de silencios, de fatigas,
    de alegrías, de misterios,
    llegan a mi alma
    en una secuencia de recuerdos.
    Es mi hogar, mi puerto.

    El miedo me habita,
    calla mi voz triste,
    “Vivir es el deber de no claudicar",
    recuerdo la voz del poeta.


    Mi cuerpo marchará a un nuevo destino
    pero yo, he dejado mi corazón a sus pies.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Sé que tengo que escribir
    un poema sin memoria,
    donde el sol no sea promesa,
    ni venga a borrar mis temores.

    Un poema que se aferre
    a la piel del infinito
    sin encender la tristeza,

    que me permita deshojar el olvido,
    y me abrace con el grito del alba
    llenándome de risa los ojos.


    Que se enrede en mi cabellos
    y me moje el rostro,
    me devuelva mis miradas,
    y deje el amor desnudo,
    al pie de la montaña
    donde se pintan mis ocasos.


    El que se escriba
    en una noche lluviosa

    y surja como un beso,
    sin temblores, sin jadeos
    donde el tiempo sólo sea
    el transcurrir sereno
    de las horas sin ausencias.


    Donde tú,
    seas esa impávida mirada
    que no ruborice mi piel.

    Y yo, el viento que se lleve tu nombre
    y lo remita a ese lugar
    donde me miraste por primera vez.


    El poema que renuncie a la palabra,
    para volver sobre mis versos

    al camino que regresa.

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    Sin mirar el ayer los minutos discurren
    en un tiempo infinito
    que no tiene marcha atrás,
    sin futuro, sin recuerdos.
    Es noche la profundidad
    de este abismo.

    Quise construir mi casa en el horizonte
    plagado de estrellas
    pero termino hundida
    en la negrura de tus ojos,
    con la tarde sufriente suspirando
    en ese extrañar de la vida.

    Es como avivar el fuego,
    en soledad, en ausencia,
    siempre añorando lo que se va perdiendo
    en un vacío
    que se ha vuelto aire entre los dedos
    espuma de ese mar embravecido
    que era tu mirada.

    Ya el cielo no es el lugar amable
    que siempre soñamos,
    esa suave dulzura de labios
    no es más que la llama de una boca
    que quema sus silencios en otras auroras.

    Ana Mercedes Villalobos

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    A ti, a BEN., a bristy y a 4 otros les gusta esto.