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Viendo entradas en la categoría: POEMA MELANCÓLICO

  • Anamer
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    Oigo la lluvia en mi ventana

    notas que tañen melodías de luna

    crónicas desnudas de mis labios
    - ausente de tus besos –
    que se anidan al sur de mis nostalgias.

    Como música de fondo
    el tic tac inclemente de las horas
    desnudando la piel de mis memorias
    en un golpe de viento
    que disfraza la esperanza.

    Soñando tus sueños en mis ojos
    naufraga la sonrisa
    en el penoso navegar a mis suspiros
    - comienzo y final del camino –
    allí te apagas como un último destello
    sin que tu boca roce mi nombre.

    Nos deshacemos levemente

    rocío tembloroso entre la niebla
    - habitados de sombras -
    imágenes rotas atrapadas en el barro
    miradas gastadas que huyen del silencio
    con el miedo incrustado entre las manos.

    Sólo la eternidad se hará cargo
    de escribir nuestra historia,
    exhausta al final de un cansado día,

    reinventando auroras con el sol enamorado
    y sin el miedo asomando a su rostro,
    quizás logre esbozar una bella historia de amor.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Irreverente descuelgo mis sueños,
    los dejo en la triste realidad,
    de este destiempo, que ha roto

    las cadenas de mi voz.


    La mañana se levanta en profundo
    silencio, he buscado en tus labios

    las razones, y tú, no estás.


    Me llevo de tu vida, mi parte,
    un amor dividido en pequeñas
    porciones, ilusiones y anhelos,
    esperanzas sin colores

    que me inquietaron el sueño.


    Quizás dos de mis caricias por
    alguno de tus besos?

    Una porción de mi piel
    por un te amo incompleto?

    O un vacío común de sentimientos

    que alcanza felizmente para “tu y yo”.


    Y para celebrar este momento,
    dejaremos guardados las risas
    y los sueños, para una próxima

    audiencia.


    Así, emprenderé el viaje, ligera
    de equipaje, y con un por qué
    quemándome los labios.

    Ana Mercedes Villalobos

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    A bristy, spring, Edna Victoria y 2 otros les gusta esto.
  • Anamer
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    Hoy tengo ganas de extrañarte, miro la bruma
    que desdibuja el día entre su fauces

    cercana a la montaña que tanto te conoce

    y no te huelo, ya no recuerdo si es tu aroma
    o es tu piel lo que no encuentro.


    Aquí en esta ventana, yace vacía la noche
    llorándome, doliéndome el deseo
    de acercar mis ojos cerrados a tu boca

    jugando a que te escondes.

    Dos vidas y una sola muerte,
    ese frío incendio consumiéndonos
    vestido en llovizna de diciembre
    pertinaz, inacabado.
    Y es que se me enciende sola la tristeza
    - larga sed que quema la punta de mis dedos –
    navegando mi boca, paseándose en mi sangre,

    enfurecida, queriendo usurpar cada espacio
    de mi cuerpo por donde todavía
    se escurren tus besos.


    Ahora el aire es un gemido
    que atraviesa tu ausencia.
    Se hace necesario una coma
    entre esta soledad que nos comparte.


    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Te dibujé en mis sueños,
    coloreando mis versos
    con el azul brillante de tus ojos,
    donde recreé mis fantasías.


    Esbozando nuestro amor
    en cada lienzo de vida,
    quise tener alas para
    llegar a tus brazos
    y acallar mis temores.


    Inventaba caricias
    que modelaran tu cuerpo,
    quería llenar de besos
    cada poro de tu piel.


    Pero el tiempo nos ganó,
    y se fue añadiendo el olvido
    a los años, a la ausencia,
    ya no recordaba tu rostro.
    Hasta el paso de la luna
    se hizo fugaz, y mis dedos no
    supieron ya de ti.


    Fuiste una sombra
    que se apagó en mis manos,
    apenas un pétalo
    marchito sobre la mesa,
    o una gota de lluvia en la ventana,
    un poema inconcluso que se quedó
    dormido entre mis párpados.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    No entendimos el abrazo,
    ni los cuerpos que se hacían poemas
    ni la ilusión brillando
    en la oscuridad de las pupilas.

    Era como estar y no estar al mismo tiempo,
    como soñar un sueño sin nombre
    con un corazón que apaga sus latidos,
    sin romper el silencio, que va llenando
    cada poro de la piel.

    Y es que despedirnos ya es nuestro oficio,
    sucesión ilimitada de motivos,
    de veces, de manos sin tocar,
    de heridas que se abren y se cierran,
    de lunas que se asoman y se pierden,
    con sus miradas llenas de lejanía.

    Que hay de esas ganas locas de encontrarnos,
    de volver a las promesas que calentaron nuestros cuerpos?

    Me extrañas y te extraño
    y esperamos, en las sombras,
    siempre esperando,
    pero no llega la palabra necesaria
    esa palabra mágica
    que nos devuelva al amor.

    Y nos quedamos en el paisaje
    inhabitado de unos ojos vacíos,
    llenos de ausencias, llenos de nosotros.​


    Ana Mercedes Villalobos
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    A Gustavo Cervantes le gusta esto.
  • Anamer
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    La voz se ahogaba en la garganta,
    olía a violetas y a sal,
    qué dulcemente nos mentimos!


    Si pudiéramos mirarnos
    sin tanto amor entre los ojos,
    contemplarnos como
    se contempla el paisaje.


    Y no es que se nos acabe
    el mundo en un parpadeo,
    es como derretirse
    en el calor de unos besos
    o deshilvanarse
    la piel por los bordes.


    Siempre terminamos
    en el mismo lugar,
    atrapados entre dos orillas.


    Como una hoja seca
    que se rompe entre los dedos,
    se quiebra el tiempo,
    dejando un triste eco de nosotros.


    Como el vértigo que causa el deseo
    que pinta tus labios en mi boca.

    Ana Mercedes Villalobos
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    A Edna Victoria y Aychi les gusta esto.
  • Anamer
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    Es estar entre sombras,
    no saber si este es el paisaje
    que va quedando de mí
    cuando se despliega la noche.


    Mi espíritu vuela sin rumbo,
    en una alocada carrera sin destino,
    no sé dónde va mi alma,
    en busca de un lugar, lejos de tu boca,
    de tu beso que ya no me alcanza,
    es como renunciar a tus manos
    sin jamás haber sentido tu abrazo.


    Como estar desahuciada,
    deshabitada de palabras,
    de versos que se escapan entre
    las hojas y ya no se pueden alcanzar.


    Un camino que conduce a un tiempo
    desconocido, ausente de ti,
    sin un amor que sepa amar,
    como esos troncos vacíos
    que se doblan sin poder soportar
    la soledad de un bosque sombrío,
    donde solo se escuchan los ecos
    de la noche en un poema
    que ya no te nombra.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Extrañamente tomé tus manos

    y en la tiniebla de mis sueños

    recorrimos juntos el riachuelo,
    su cantarín sonido aún se
    escucha en mis oídos,
    en un olor inconfundible a humedad
    que se pegaba a mi blusa.


    Y luego ya no estabas,
    huyendo silente se desvaneció tu risa,
    abrazada a mi tristeza
    me senté en el pasto
    a sorber de a una mis lágrimas.
    Se quedó tu nombre sostenido en mis labios,
    entre los azules y los blancos
    se debatía nuestro cielo
    y yo, incapaz de asomarme a tu partida
    cerré los ojos para no contemplar tu ausencia.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Breve fue tu estancia
    en el lado izquierdo
    de mi pecho,
    como un rostro
    que oculta
    su mirada en el vacío
    de una página en blanco.


    No hay besos
    en una madrugada,
    que ha hecho
    esquiva tu boca


    El amor nos desmerece
    con su implacable ausencia.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Hay mañanas tan grises como
    ésta, en que sólo pienso en ti.


    Me gusta revolver los sueños
    y alguna que otra ilusión
    para vencer la tristeza,
    pero siento tu aliento,
    como en aquellas tardes
    que creí olvidadas,
    y mis pechos, huérfanos
    de caricias, te extrañan.


    No basta la mitad de tu mundo,
    ni el azul dorado de tu nombre,
    ni la humedad de mis
    ojos bañando tus manos,
    para evitar entregarme al sutil
    recuerdo de ese tiempo.


    Y es ese olor de tu ausencia
    lo que me devuelve
    finalmente a tu olvido.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Se apagó la magia,
    hubo un silencio,
    una súbita fatiga
    que me trajo el hastío
    una fuerza inexplicable
    que me condujo
    al olvido de tu boca,
    de tus besos, de ti.


    Y es que
    cuando las pieles pierden su magia,
    no hay tormenta en el deseo,
    ni versos en la quietud de la noche,
    la ausencia se hace infinita.


    Y nos habita el miedo
    de vivir desnudos,
    abrasados de esa sed
    inagotable de labios,
    sin un amanecer que compartir,
    sin escuchar la canción del alba
    que acompañe la soledad,
    esta soledad de estar sola sin mí,
    sola sin ti.


    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Hoy no estabas al final de mi beso,
    no estuvo tu piel para abrazarme
    te desdibujaste de mi sueño
    cuando mis manos buscaban tu voz.


    Fue como un bostezo desganado,
    esos que se hacen eternos
    entre malezas y rosales.


    La brisa alborotó mis cabellos
    simulando tus caricias,
    la mirada se quedó vacía de horas
    en un abandono lento de vida.


    Y yo, tendida de espaldas,
    te esperaba.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Un frío fatigado recorre la noche
    hilvanando la vida a nuestra piel,
    más allá de nosotros,
    el rumor de las hojas
    acalla el bramido del viento.


    Como si no fuera amor
    estar aquí, uno frente al otro,
    intentando levantar
    la clausura de los labios.


    No he traído nada a este encuentro,
    vengo desde el otro lado de la ausencia
    a detenerme en el umbral de tu mano.


    Mis ojos se derraman en los tuyos
    encadenando el infinito a tu mirada,
    desde allí nos devolvemos
    cada vez al mismo sueño,
    para entregarnos indefensos,
    al naufragio.

    No es nada, me dices,
    y enlazando nuestras manos,
    caminamos.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Y sólo fue una estrella fugaz,
    un instante del tiempo
    creciendo sobre mis piernas,
    como mirada refulgente
    en esta tarde de abril,
    apenas un roce de labios
    traspasando

    los linderos de mi cuerpo.

    Y sólo ofrecí mis pasos
    y tu, el reposo de tu pecho

    mientras tomabas mi mano.

    Se curtieron las pieles,
    la algarabía de las aves
    anunciaban su retorno
    y el corazón recién lavado

    se secaba a la sombra.

    Me alcanzó la vida
    y sólo, me mire en sus ojos.


    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    Era el tiempo de jugar a ser grandes,
    tomados de la mano, como dos enamorados
    jugueteando en el jardín,
    el horizonte era la promesa, la llegada
    a los sueños que nos mantenían unidos.


    La vida sabía a arco iris, nubes de
    colores que se deshacían en la boca
    entre risas, el carrusel nos llevaba
    en cada vuelta al universo, al cielo decíamos,
    cabalgando potros de madera
    con las manos enlazadas, porque nuestras manos
    como nuestras almas, no sabían separarse.


    Era el tiempo de jugar, no había prisa,
    la vida giraba, el cielo nos miraba desde arriba,
    y nosotros con las alas extendidas,
    sobrevolamos la montaña.


    Pero no pudo ser, te perdía en lo absurdo
    de una vida que no entendió más de juegos,
    ni de cobijarte en mis brazos, ni de
    darte mi aliento, mis ojos, mis manos,
    y aunque nada podía separarnos,
    te fuiste, tu cabeza recostada en mi regazo,
    y yo, abrazada a tu último suspiro,
    donde me quedé atrapada.


    Ana Mercedes Villalobos
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