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Viendo entradas en la categoría: POEMA MELANCÓLICO

  • Anamer
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    El naranja que se escurre
    como esencia del cielo
    en el crepúsculo,
    me acompaña esta tarde
    de mirar por la ventana.


    No necesito excusas para embriagarme,
    me basta la tormenta,
    la mirada que ilumina mis mañanas,
    tus ojos que crecen en la espuma del tiempo.


    ¡Esa es mi verdad!

    Las noches me han enseñado
    que siempre serás mi sueño,
    el mar, centinela de tus recuerdos
    ¡tanto lo amaste!

    Merecías estar entre sus olas.


    No puedo ofrecerte más,
    revuelvo mis cajones para encontrarte,
    más no hubo cartas de amor.


    Te guardo y te pierdo
    en un solo papel,
    como las tardes que vivimos
    en el malecón donde soñamos.


    Quedábamos nosotros
    y ya no estamos aquí.

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    La mirada es apenas un reflejo
    en esta soledad, ella no tiene
    quien abrace sus lágrimas
    o quien disfrace su esperanza.


    Se cansa de saberte lejos,
    de llenarse de recuerdos.


    Las noches son un río de turbulentas aguas,
    donde se sumerge de puntillas
    para no despertar los silencios,
    pero ellos, siempre la sorprenden.


    Así es esto, te callas,
    y como es costumbre,
    se borran las sonrisas.


    A lo lejos, se anuncian
    los primeros rayos de la aurora.


    Nunca nos fue tan necesario un amanecer
    que aliente la palabra,
    que la asome a la boca
    que deje al sol encenderse lentamente,
    buscando su cenit,
    para que nos caliente los labios.

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    Quise quedarme en tu sonrisa
    pero no hubo quórum,
    el corazón herido no da tregua
    es como una planta seca lo sabes,
    nunca responde.


    No es la distancia entre dos bocas,
    sino entre dos almas
    la que determina la ausencia,
    dos manos que no saben unirse,
    que buscan cada una otra mano.


    Vuelvo a ser ave, ya ves,
    no sabes de miradas ni de espejos,
    un segundo bastó, ahora
    la luna gira y me llama,
    no comprendes, nunca comprendiste
    no supiste leerme entre tus líneas.


    Dejemos el café para otra tarde
    hoy tengo que saldar
    mi propia ausencia.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Descalza, voy dejando piel
    por el camino,
    guijarros inquietos
    se aprietan a mis pies.

    Es ese cielo gris que se confunde
    entre las nubes, el que se tatúa
    incansable en tus ausencias.

    Los claros y oscuros,
    se adueñan del paisaje.


    Como el vuelo del águila,
    que en círculos de espacio indefinido
    se mueve bajo la luz,
    praderas que se esconden en las sombras
    para abrazar mi cansancio.

    Anhelo el verde despertar de primavera
    que sacuda el tiempo en mágico latido,
    y que llene mis espacios

    del aroma infinito de los bosques,
    con sus pinos erguidos al sol
    saludando la mañana.

    Sus claros rayos,
    iluminan mis oscuras nostalgias.

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    No siempre el cansancio
    oculta las memorias,
    a veces se hace un nuevo intento
    y retorno a mi montaña
    hasta remontar la cumbre,
    allí se posterga el adiós.


    Los silencios sucumben
    entre los instantes,
    hiriendo los maltrechos corazones.


    Las dudas amanecen tu mirada
    y se hacen eco de todas las tristezas
    del mundo,
    de la agonía de los vientos,
    de las alas que naufragan tu cielo.


    Tus ojos ahora huyen,
    me niegan las respuestas.


    Son un paraje desierto,
    un lienzo sin vida
    olvidados de mis ojos.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Nada se asemeja
    al hervir de la sangre,
    al misterio de la lluvia
    cuando se alborotan
    las nostalgias,
    sabor de sal en los labios.


    ¡La mañana es testigo!

    El vacío navega el alma,
    eterno oleaje,
    se sumerge en la bruma
    y desdibuja el eco
    de las risas.


    Los ojos delimitan el espacio,
    se hace eterna, infinita,
    la necesidad de entregarse,
    más los labios
    permanecen en silencio,
    como si el viento
    no supiera escucharlos.


    Se enciende entonces la tristeza
    y se apaga la voz,
    que naufraga
    en las calles desiertas
    de los corazones ausentes.


    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    El corazón se hizo ovillo

    desde el temblor impreciso de tus letras
    donde amaneces desnudo y silente
    en el lugar en que el olvido nos convoca
    en que las palabras se quedan sin sonidos
    en que el miedo amuralla los verdores
    permaneciendo intacto
    en el horizonte de tu boca.

    Mis ojos se humedecen
    con el resplandor del abismo
    lloro asomada a ese oscuro vacío
    por donde resbalan los recuerdos,
    desafiando al tiempo de tus besos
    hasta el instante del silencio recurrente
    que impávido amenaza
    con desangrar mi garganta.

    Sentado al otro lado de mi vida
    guardas celoso tus derrotas,
    senda en la que adrede te extravías,
    mientras los vientos del norte
    riegan de soledades mis manos
    que sin el abrigo de tu sombra
    pernoctan en la memoria
    de unas viejas caricias.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Cada amanecer
    nos acerca a otra partida,
    rogamos porque el tiempo se estacione,
    más los minutos lentamente
    siguen su marcha.


    Somos dos cuerpos frente a frente
    que tejemos de a ratos una historia,
    noches aromadas de jazmines
    y ese canto suave de caracolas.


    Tu voz siempre llega desde el norte,
    un minúsculo instante de almas
    que se tocan en dulce melodía,
    solo eso basta,
    y florece el universo.


    Luego la noche,
    un oleaje sereno que nos lleva a la orilla.


    Estar juntos,
    el calor de tu piel sobre mi piel,
    me confunde,
    mi manos se van quedando huérfanas
    en esta madrugada infinita.


    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Detengo mi cansancio
    a la orilla del verso,
    que quiere despojarme
    de los sueños del mañana.
    ¡Mi espíritu se resiste al cautiverio!


    Me asomo a mis días de azul,
    de cielo, de golondrinas,
    de ese mar que me reclama,
    que me urge a transitarlo
    hasta el horizonte que se escapa.


    La ilusión me invita,
    más la tristeza se hace nudo
    en la garganta.


    Antes de partir
    me vuelvo hacia la luz,
    el faro protector que me cobija.


    Cada noche de silencios, de fatigas,
    de alegrías, de misterios,
    llegan a mi alma
    en una secuencia de recuerdos.
    Es mi hogar, mi puerto.

    El miedo me habita,
    calla mi voz triste,
    “Vivir es el deber de no claudicar",
    recuerdo la voz del poeta.


    Mi cuerpo marchará a un nuevo destino
    pero yo, he dejado mi corazón a sus pies.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Sé que tengo que escribir
    un poema sin memoria,
    donde el sol no sea promesa,
    ni venga a borrar mis temores.

    Un poema que se aferre
    a la piel del infinito
    sin encender la tristeza,

    que me permita deshojar el olvido,
    y me abrace con el grito del alba
    llenándome de risa los ojos.


    Que se enrede en mi cabellos
    y me moje el rostro,
    me devuelva mis miradas,
    y deje el amor desnudo,
    al pie de la montaña
    donde se pintan mis ocasos.


    El que se escriba
    en una noche lluviosa

    y surja como un beso,
    sin temblores, sin jadeos
    donde el tiempo sólo sea
    el transcurrir sereno
    de las horas sin ausencias.


    Donde tú,
    seas esa impávida mirada
    que no ruborice mi piel.

    Y yo, el viento que se lleve tu nombre
    y lo remita a ese lugar
    donde me miraste por primera vez.


    El poema que renuncie a la palabra,
    para volver sobre mis versos

    al camino que regresa.

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    Llueve en mi ventana,

    las gotas única compañía,
    crónica desnuda de mis labios
    cuando ausentes de tus besos
    se anidan al sur,
    en mis nostalgias.


    Al fondo,
    el tic tac inclemente de horas
    cadencia de memorias en mi piel
    que disfraza la esperanza,

    mis suspiros alzan velas
    - comienzo y final del camino –


    Soñando tus sueños,

    la sonrisa naufraga en mis ojos
    la niebla nos deshace
    - habitados de sombras -
    como un último destello
    sin que tu boca roce mi nombre.

    Las miradas huyen del silencio

    pero el miedo pertenece en nuestras manos.. .

    Quizás mañana
    escribamos nuestra historia,
    reinventemos auroras
    sin miedo que asome a los rostros,
    exhaustos en el atardecer del tiempo
    logremos contar una bella historia de amor .


    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Irreverente descuelgo mis sueños,
    los dejo en la triste realidad,
    de este destiempo, que ha roto

    las cadenas de mi voz.


    La mañana se levanta en profundo
    silencio, he buscado en tus labios

    las razones, y tú, no estás.


    Me llevo de tu vida, mi parte,
    un amor dividido en pequeñas
    porciones, ilusiones y anhelos,
    esperanzas sin colores

    que me inquietaron el sueño.


    Quizás dos de mis caricias por
    alguno de tus besos?

    Una porción de mi piel
    por un te amo incompleto?

    O un vacío común de sentimientos

    que alcanza felizmente para “tu y yo”.


    Y para celebrar este momento,
    dejaremos guardados las risas
    y los sueños, para una próxima

    audiencia.


    Así, emprenderé el viaje, ligera
    de equipaje, y con un por qué
    quemándome los labios.

    Ana Mercedes Villalobos

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  • Anamer
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    Hoy tengo ganas de extrañarte, miro la bruma
    que desdibuja el día entre su fauces

    cercana a la montaña que tanto te conoce

    y no te huelo, ya no recuerdo si es tu aroma
    o es tu piel lo que no encuentro.


    Aquí en esta ventana, yace vacía la noche
    llorándome, doliéndome el deseo
    de acercar mis ojos cerrados a tu boca

    jugando a que te escondes.

    Dos vidas y una sola muerte,
    ese frío incendio consumiéndonos
    vestido en llovizna de diciembre
    pertinaz, inacabado.
    Y es que se me enciende sola la tristeza
    - larga sed que quema la punta de mis dedos –
    navegando mi boca, paseándose en mi sangre,

    enfurecida, queriendo usurpar cada espacio
    de mi cuerpo por donde todavía
    se escurren tus besos.


    Ahora el aire es un gemido
    que atraviesa tu ausencia.
    Se hace necesario una coma
    entre esta soledad que nos comparte.


    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    Te dibujé en mis sueños,
    coloreando mis versos
    con el azul brillante de tus ojos,
    donde recreé mis fantasías.


    Esbozando nuestro amor
    en cada lienzo de vida,
    quise tener alas para
    llegar a tus brazos
    y acallar mis temores.


    Inventaba caricias
    que modelaran tu cuerpo,
    quería llenar de besos
    cada poro de tu piel.


    Pero el tiempo nos ganó,
    y se fue añadiendo el olvido
    a los años, a la ausencia,
    ya no recordaba tu rostro.
    Hasta el paso de la luna
    se hizo fugaz, y mis dedos no
    supieron ya de ti.


    Fuiste una sombra
    que se apagó en mis manos,
    apenas un pétalo
    marchito sobre la mesa,
    o una gota de lluvia en la ventana,
    un poema inconcluso que se quedó
    dormido entre mis párpados.

    Ana Mercedes Villalobos
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  • Anamer
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    No entendimos el abrazo,
    ni los cuerpos que se hacían poemas
    ni la ilusión brillando
    en la oscuridad de las pupilas.

    Era como estar y no estar al mismo tiempo,
    como soñar un sueño sin nombre
    con un corazón que apaga sus latidos,
    sin romper el silencio, que va llenando
    cada poro de la piel.

    Y es que despedirnos ya es nuestro oficio,
    sucesión ilimitada de motivos,
    de veces, de manos sin tocar,
    de heridas que se abren y se cierran,
    de lunas que se asoman y se pierden,
    con sus miradas llenas de lejanía.

    Que hay de esas ganas locas de encontrarnos,
    de volver a las promesas que calentaron nuestros cuerpos?

    Me extrañas y te extraño
    y esperamos, en las sombras,
    siempre esperando,
    pero no llega la palabra necesaria
    esa palabra mágica
    que nos devuelva al amor.

    Y nos quedamos en el paisaje
    inhabitado de unos ojos vacíos,
    llenos de ausencias, llenos de nosotros.​


    Ana Mercedes Villalobos
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