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Viendo entradas en la categoría: Poemas

  • Pessoa
    En tiempos ya muy lejanos, en un viejo foro que ya no existe mas que en el recuerdo de quienes lo vivimos, alguien propuso la jitanjáfora como ejercicio para aliviar la soledad del soneto. Allí trabé conocimiento con tan extraño modo de versar que, sin embargo, era tan afín a mis gustos por el surrealismo. Os dejo la definición académica de ese tipo de poema y alguna referencia prestigiosa y, a continuación, algo que me recuerda a aquellos tiempos felices, de una inmersión casi celestial en la poesía y en la amistad. Tal que en MP, vamos.

    Jitanjáfora.
    nombre femenino
    Composición poética formada por palabras o expresiones carentes en sí mismas de significado y cuya función poética radica en sus valores fónicos, que pueden cobrar sentido en relación con el texto en su conjunto.
    "las jitanjáforas fueron apreciadas en ciertos movimientos vanguardistas"
    La jitanjáfora fue cultivada por algunos artistas de vanguardia, especialmente por los dadaístas. El escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974) destacó en el uso de la misma, especialmente en su obra El señor Presidente, así como el escritor español Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999) en La saga/fuga de J. B. y la escritora argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972) en la extravagante La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa.


    CANCIÓN DE AMOR

    (Jitanjáfora con interferencias de romance)


    ¡Oh versiloquios del alba

    lunaciones nebuladas!

    estréllulas son tus óculos

    y rióforos tus miradas

    (Sueltos tus cabellos de oro

    y tus manos alas de hada

    tus manos como poemas)

    Silirrosas en mordículas

    Plauciones de color malva

    cancabuses heliofínicos

    concaleñas perforadas.

    Baustias de suarecillas

    Ardiformas acibadas

    (Envuélveme entre tus brazos

    inrígenos, corilunas como nata.

    Haylailos y norúgenos

    treman castielas doraces

    Los norúgenos acraecen

    los haylailos abisman boatas.

    en delirios sin mañana)

    Caranduelas saborosas

    palatillos montaraces

    azures cortan los gules

    rocamontes de torcaces.

    No sin ti noches ni albas

    arrullos de hiedra y agua

    nobles palacios morunos

    son para mí tus enaguas.

    ¡Ah de los rasgueamientos

    erizados de montañas,

    yegujuelas dormitadas

    cocican entre mis sábanas!

    Yazgue el coroco blandiente

    pitiminíes y pulsanas

    acurrúcame mi niña

    entre tus labios de nácar.
    A malco le gusta esto.
  • Pessoa
    SIERRA DE IRTA (Nocturno junto al mar)
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    Verde lenidad de desmayo en la parábola

    Agua trémula que busca la sed para soñar

    Demorado paseo entre verdes y jacintos

    Es la noche que amaga.


    Grácil el horizonte que se disuelve en trinos

    el mar ronronea con mimo entre las rocas

    y al fin se disuelve desde sus sublimes centros

    Tarde acalorada, tarde mecida entre bruma, misterio.


    Como un labio que se entrega en la suavidad de la caricia

    como una onda estremecida recién nacida del mar

    así la sierra que nace desde el horizonte oscuro

    así los musgos y sus rocas, el rumoroso pinar.


    Acunada por milenios de anónimos trabajos

    las faldas pedregosas forman hirsutos pliegues

    donde habitan los viejos olivos, los míticos algarrobos

    los ignorados neveros y las fuentes siempre esquivas.



    Campos de visionarios antiguos, confín de mi vivir cotidiano,

    la que me cierra el camino al falaz resto del mundo

    y me obliga a ser de mar, a vivirlo en su azul inagotable

    y recorrer su inmensidad trascendida por el vuelo de las aves.


    Comparto allí mis silencios con las umbrías soledades

    buscando la luna llena que juega con los enebros

    aspirando aromas plácidos del pinar adormecido

    asustándome cual niño con los brillos repentinos de los furtivos lirones.


    Eternidad hecha roca con atisbos de cilantros

    Severidad cariciosa del algarrobo que duerme

    Pinos que laten al unísono con sus aves

    paz junto al mar que da la vida.
    A lesmo y Fulgencio Cibertraker les gusta esto.
  • Pessoa
    Otro antiguo poema de corte metafísico que como tantos otros no tuvo apenas respuesta. La ventana del blog, aunque exigua, se abre generosa a los amplios paisajes de las relecturas. Aquí, desde aquí, lo dejo en libertad para que vuele sin límites hacia las difusas fronteras del olvido.
    Pessoa.

    Estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra pequeña vida termina durmiendo.

    William Shakespeare -

    LAS DIMENSIONES DEL SUEÑO

    Todos mis sueños,

    los atroces, los húmedos, los no soñados...

    caben entre mis brazos en cruz.

    Mis manos se reflejan entre sí

    como las estrellas gemelas que nunca serán

    abrazo.


    El exorcismo antiguo del beso,

    las gruesas elipses de los labios agrietados

    por donde escapa mi lengua,

    todo eso y mis infinitas vidas pasadas

    cabrían en uno de mis sueños.


    Tú, la infinita,

    la cálida nube rosada

    cabes, pura esencia,

    en alguno de mis

    sueños que se expanden

    hasta caer, otoñales,

    en la gota de lluvia

    donde habito.


    El rústico caballo de batalla

    nacido, como yo, para la muerte

    piafa y cocea a punto de desbocarse

    y se desprenden de sus alas

    las plumas de bronce

    y las hojas que nacieron

    de mis sueños,

    como en un prematuro otoño.


    Plumas u hojas broncíneas

    de cromática sonoridad

    caen sobre los ríos que me llevan

    atravesando galaxias encendidas

    o bandadas de luciérnagas en flor.

    Sueños inacabables en el paréntesis

    de una vida limitada.

    Sueños paralelos tras el vacío que deja

    un ferrocarril en marcha.

    Sueños.


    Mis dedos extendidos en raíces

    buscan exuberantes subsuelos

    en los que fertilizar los sueños.

    Atraviesan sótanos y tumbas,

    alborotan cadáveres a punto de morir,

    avanzan oscuramente por los túneles del tiempo

    sin encontrar su remanso.

    Pobres, infinitos, limitados,

    sueños míos.





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    Ilust.: Fotografía minimalista de Hengki Koentjoro. “Paisaje de Indonesia”.
    A BEN. le gusta esto.
  • Pessoa
    Unos antiguos versos, a modo de romance, creo, escritos hace ya tiempo; debiere ser yo, entonces, algo golfete. Ni la letra ni el espíritu, si lo tiene, reflejan en modo alguno mi sentir y mi respeto hacia las féminas, especialmente las que ejercen la dignísima profesión (muchas veces obligadas) de prestatarias de favores sexuales remunerados. Algunos otros poemas míos lo declaran y suscriben. Pero, en una tarde de sábado, con la tele chorreando estulticia... pues eso, que os guste.

    NOCTURNO



    Con mi esperanza y mi Estrella

    amanezco cada día;

    brilla una ciega osadía

    en mi aventura tras de ella.



    Ella, sueño o nube negra

    de una noche de alcoholes

    -como luz de los faroles-

    me apareció pelinegra.



    Pelinegra de ojos claros

    ¡qué peligro, que ocasión,

    que escultura, qué primor!

    Salgo pitando tras ella.



    Y desde entonces mi vida

    insoportable se ha vuelto.

    Mi Estrella me lleva al huerto;

    la esperanza ya he perdido.



    A Estrella, como nocturna,

    la comparto con mil hombres.

    maqueró ahora es mi nombre

    y ándome triste y soturno.



    Pero un amigo me dijo

    después de catar mi Estrella:

    “Bragada es la tal doncella,

    aunque sin bragas me vino.



    Montemos, amigo mío

    un suculento negocio,

    ¿quieres que seamos socios

    y la llevemos al río?



    Acuérdate del poeta,

    el que la creyó mozuela

    y a poco si se la cuela

    en cuanto abrió su bragueta.



    Una estrella reflejada

    en las aguas caudalosas

    son dos estrellas sabrosas

    que doblarán tu soldada.”



    No pensé más; así lo hice

    patentando mi negocio:

    el profano sacerdocio

    de duplicar meretrices.


  • Pessoa
    Era cuando mi fiebre poética sólo subía unas décimas. Repasando veo que todos los versos son octosílabos y las estrofas de diez sílabas. He pensado que serían décimas compartibles. Y aquí las dejo. Ya se me pasó la fiebre, gracias.

    Recuerdo infantiles años
    de inviernos crudos y fríos.
    Paseaba junto al río
    contemplando soterraños
    animalillos huraños:
    pequeños topos, ratones
    como erráticas visiones.
    De los árboles resecos
    colgaban helados flecos,
    del frío gélidos dones.

    Bajo el hielo del arroyo
    extraños rostros veía.
    Tritones o hadas nacían
    en aquel verdinegro hoyo,
    con el infantil apoyo
    de mi fantasía ardiente,
    esa que después, doliente,
    ya en los más maduros años
    viviendo en un mundo extraño
    sólo ha sido estéril fuente.
  • Pessoa
    Este, el de la decadencia, es uno de los temas que más me apasionan, en Arte o en Historia. Y, entre ellos, el de la decadencia de Bizancio me interesa sobremanera. como en las mujeres hermosas, en las que su belleza parece adquirir una consistencia interior, que realza sus gestos, ademanes, las líneas más puras de su belleza juvenil que, ahora, se manifiesta espéndida en la madurez, así en aquella época histórica, y tal vez sólo en esta, las manifestaciones de la Belleza se depuran con más exquisitez. Parece como si los hombres y mujeres que forman la sociedad en decadencia quisieran ofrecer al devenir histórico lo mejor de sus esencias. Como si quiesieran decir a las generaciones futuras: "Este es nuestro legado. A vosotros os toca superarlo." cosa que, por desgracia, rara vez sucede. Estos torpes versos fueron, hace ya tiempo, una de mis admiradas ofrendas de admiración a los insuperables versos de Cavafis, quien retrató, como uno de sus protagonistas, a aquella Alejandria que vio desvanecerse una de las épocas más florecientes de la Historia.

    DECADENCIA




    Igual que muere la tarde

    en los dorados ocasos,

    cromáticas decadencias

    que son de Bizancio rasos.



    Desvaídos, tus cabellos

    entre los rojos y cárdenos

    de esas brumas y destellos,

    son como mantos cesáreos.



    Disueltos en el no ser

    de esa noche que aún no llega,

    ardiendo en los rosicler

    consumemos nuestra entrega.



    Muchacha de Alejandría

    ofréceme tu áurea copa.

    Unamos nuestra alegría

    al coro de hombres y diosas.


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    Ilust.: Franz von Stuck.- “Dos danzarinas.”





    A catia-love, Runa y Oncina les gusta esto.