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Viendo entradas en la categoría: Poesía breve-.

  • BEN.
    No me pongo objetos ni objetivos,

    ni cometo adulterio con los dioses

    del Parnaso, ni fabrico armamento

    pesado para las divinidades del Olimpo.

    Por eso, es preciso que aclare que nunca

    entiendo lo que digo, y menos, digo lo que

    entiendo. Así, con asas por orejas, y con

    tubos metidos hasta en los ganglios,

    les dirijo mi último poema. No es un grito,

    como habitúo, ni tampoco, un serio problema

    para los amantes del conflicto. No soy

    tan gilipollas como para ofender al cielo

    con mis aullidos, ni tan humilde para

    darme por muerto o por desaparecido.

    El caso es que me voy con viento fresco

    a otra parte, quizás

    a la única que debiera. Chao amigos!



    ©
  • BEN.
    Mientras vivo,

    toco duras transiciones,

    muertes espontáneas,

    superficies ajadas que instauran

    su voraz taxidermia de las tardes.

    Mientras vivo, palpo

    el nudo axiomático, la náusea

    irredenta, el vértigo desolado,

    o la cáustica veneración del soldado.

    Voy haciendo tiempo, con mi tiempo.

    Voy haciendo de mi tiempo, tiempo.

    E imagino, proyecto, largas barbas

    sobre el óxido de lo muerto, columpios

    olvidados con raíces en la infancia.

    Del hueco que soy, golpeo la savia.

    De la sombra que recibí, como herencia

    particular, procuro asomarme cada día

    con delirio y frugalidad.



    ©
    A bristy le gusta esto.
  • BEN.
    Mientras vivo,

    toco duras transiciones,

    muertes espontáneas,

    superficies ajadas que instauran

    su voraz taxidermia de las tardes.

    Mientras vivo, palpo

    el nudo axiomático, la náusea

    irredenta, el vértigo desolado,

    o la cáustica veneración del soldado.

    Voy haciendo tiempo, con mi tiempo.

    Voy haciendo de mi tiempo, tiempo.

    E imagino, proyecto, largas barbas

    sobre el óxido de lo muerto, columpios

    olvidados con raíces en la infancia.

    Del hueco que soy, golpeo la savia.

    De la sombra que recibí, como herencia

    particular, procuro asomarme cada día

    con delirio y frugalidad.



    ©
  • BEN.
    Ascendí, amor, por las ramas

    del aire. Hermoso,

    cautivador y titubeante,

    en mi cuerpo excavó,

    sus horizontes y cavidades.

    Horizontes y crisálidas, de nuevos

    y verticales cálices, de removidos

    columpios interminables.

    Vertí en él, sangre de mi memoria,

    bruscas tempestades, luces matinales.

    Dejó en mí, su altura de objeto inconquistable.



    ©
  • BEN.
    No quiero acabar entre estas rejas.

    Tumulto de sombras, donde reposa

    mi vieja memoria absorta. No quiero

    que la vida sea incierta, golpe de agua,

    de luz, de antiguas maquinarias solemnes

    y rotas. No quiero que dios visite

    palacios de niebla. Ni se enseñoree

    la muerte, tapa de ataúd abierta.

    No quiero corolas ni aceites privilegiados.

    Ni rosas de pesado perfume artificioso.

    Sarcófago de plata, me inspira poca confianza.

    ©
  • BEN.
    Tenemos miedo

    la sombra siempre está ahí

    los tenedores forman marchas fúnebres

    con el pequeño corazón socrático

    que les queda, el resto, es una humillación

    constante. Mil diatribas, para qué todo esto?

    Visito una vez más

    las tumbas de anémonas

    de mis abuelos paternos, una vez más.

    Inventario de suicidios.

    ©
  • BEN.
    Hoy todo me sabe a muerte.

    implacable y voraz. Vendimiando

    con su hoz la lengua y los párpados

    miserables y lánguidos. La muerte

    puede ser un torniquete; también

    la hemorragia definitiva. La maquinaria

    funda sus fachadas en el extravío de la mente;

    yo, me absuelvo de emitir juicios: veo

    demasiado, creo en exceso, vivo por vivir.

    ©
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  • BEN.
    Exhaustos tanto de belleza

    como de su contrario, el horror,

    a partir de ahora, ¿qué nos espera?

    Habitamos la noche; la incomprendimos.

    Duramos al día, la fastidiamos.

    Uncidos al carro eterno,

    vemos pasar el tiempo que

    nos devora.

    Poco más podemos hacer.

    Sólo maldecirnos y ocuparnos

    de otras cosas.