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Viendo entradas en la categoría: Poesía desenamorada-.

  • BEN.
    Me duelen las manos, de tanto coser heridas, de permanecer inmóvil, dentro de las guaridas, donde se reflejan en los espejos, ciudades ya derruidas. Y ese amor que las sostuvo, también me duele y me pica, tarántula insomne, que derriba muertos en las literas de los trenes de medianoche. Me asombran los muertos en vida, los que ponen de pie las gradas de los anfiteatros, los que empujan piel y saliva, y construyen ejércitos y penumbras raídas. Son pocas las palabras, que duermen junto a mi vida, es la noche servicial e intacta, la que se apresura a mordisquear

    mis labios de manzana oprimida. Lloro porque no tengo resultado, mi herencia será el viento nocturno y ese lobo que mis muslos acaricia. Levo anclas del amor ya disuelto, de las ventanas en forma de estalactitas, de las estrellas sometidas a las galaxias imperiales. Dejó mi vida, qué traje de cuerpo entero, vencido!



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  • BEN.
    Cierto sometimiento

    a la certeza crucial de tu vida,

    ya te inunda, y en la ecuación

    alegre, la lisonja estúpida

    no acaba de convencerte.

    Al igual que la inútil conversación

    fría, distante, con tanto hijo de Satanás

    suelto, te mantiene con vida- no hay

    dónde elegir o legar fe, esperanza,

    caridad-, el bochorno interior de

    suplir una realidad por otra, hace

    que en ocasiones te enerves y coloques

    palabras que no correspondiera.

    Cierto desapacible amor y cierta sombra,

    de todo esto afortunada, te salva, y en la

    desbordante lejanía, cifras tus minúsculas

    fuerzas y esperanzas. No te afligen ya

    recuerdos o memorias, sombras también

    de días difíciles y escuetos, mas reservas

    para ellos, un sabio rencor en forma de prudencia.

    Y pensar que el mundo en ocasiones fue eso!

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  • BEN.
    Con estas rimas

    ya me forro, señorita

    mía. Tanto, que prescindo

    de aranceles y de contratos,

    y me ensarto, de bandera,

    en el cuarto oscuro de la fuerza.

    De alguna campana, y de algún

    mal solitario, tristezas las tengo

    todas: desde antaño, moratones

    de amor, hasta heridas ciertas

    de presidios tóxicos y adictivos.

    Chupones, camellos, galácticos,

    rubiales,me robaron a la novia.

    Protestas y manifestaciones,

    de calle y de pancarta, suicidios

    plenarios, todos, de nada me sirvieron.

    Bandoleros, Curros cuarentones,

    sensuales tuneados, se empeñan

    en darme la penúltima estocada-

    yo, que estaba vivo de corazón y

    de milagro-.





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