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Viendo entradas en la categoría: Poesía nocturna-.

  • BEN.
    Sobre la misma noche

    acantilada y sometida,

    sobre la misma piel de serpiente,

    con relámpagos cruzados admitidos

    desde lejos, y con vestidos de amatista

    frugal, río, sombra o anillo,

    me visten, a mí, quizás el más huérfano,

    los dientes fugitivos de las rosas

    con que empaño mi cristal.

    Con círculos concéntricos, animados

    desde alturas tales como depósitos

    de agua, sales minerales, granuladas

    metamorfosis del alba, a mí, el recién

    llegado que se instala en cada habitación

    y conserva el anillo redentor en su mano

    nocturna.

    Yo llevo dejándome la sangre a litros,

    desde tiempos inmemoriales, guardando

    mis convicciones u ofensas, a través

    de los aullidos del sueño, no me molestan

    tráficos ni ausencias desmedidas.

    Y guardo en mi navaja, sombras de otros

    días, como cáscaras de plátano

    que alguien, en el camino se dejó, adormecido.

    ©
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  • BEN.
    Y hay luciérnagas impávidas y secretos hostiles

    y luminosidades inquietas y razones materiales

    nebulosas deterioradas y vergüenzas similares

    donde reposan los huesos en forma de cadencia.

    Y hay resoluciones y trámites y leyes percibidas

    como sombras entre los dedos que aman y asienten

    hay regulaciones míticas que a nadie sorprenden.

    Existen pozos negros que buscan la boca de alguien

    cuyo destino es levantarse temprano, y huellas

    y un barco que abraza las tempestades recientes.

    Sobre las estrellas signos derrotados por las múltiples

    avenidas, y ojos e iris de pulpos contrariados

    donde se fraguan los misterios del éxtasis.

    Hay documentos y papeles y desvanes ocupados

    por vigas de cemento y rosas almacenadas

    en sacos que hieden a cartas irrecuperables.

    Mundos y galaxias y relámpagos unánimes

    y sangre vespertina que amenaza con su cuello

    frágil de paloma.

    Entonces yo entro y hay habitaciones y huecos

    y hierbas húmedas y jaulas metálicas que sueñan

    sus libertades sublimes de pata de conejo.

    ©
  • BEN.
    Yo voy haciendo noche

    día estrellas fugas astros

    haciendo riqueza fruto

    tardío enjambre de donde

    se perlan tacitas clásicas

    de cristal y terciopelo.

    Yo voy descifrando noches

    días lunas venganzas oyendo.

    Sacos de almendra raídos

    como un viento tan seco

    que arañase la superficie.

    Yo mezclo la voz y el eco

    futuros ensimismados errantes

    poses fanáticas cruces u olvidos

    deformes.

    Y en mi pecho nace una estrella

    o un ala llena de rocío, escarcha

    fúnebre de lo que aconteció un día.



    ©
  • BEN.
    Arañando la superficie
    de un dedo investigado
    culmino con hoces las crepitaciones
    del llanto, y asesino, convencido,
    las manifestaciones del odio.
    Admiro, procaces los latidos,
    de un corazón rubicundo, que amonesta
    mi propia insatisfacción neutralizada.
    Escarbo los infatigables depósitos
    del miedo, donde el llanto es una voz,
    y un eco profundiza en horizontes tenues.
    De lascivas tierras prometidas, hasta
    el llanto de una nueva voz.
    Algo que empuja la savia bruta
    del nacimiento hasta las vísceras inquietas
    de la vida y de la tierra.



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  • BEN.
    Duermo. Nada bueno

    augura el viento. Son

    cicatrices imperiosas,

    las que envanecen hoy

    mis cabellos. Duermo.

    No hay nada bueno.

    Siglos de torpeza.

    Vainas de la desesperanza.

    Sombríos gestos acumulados.

    Espaldas mojadas y niños

    desorientados, que viajan.

    Por el aire, por el viento.

    Calcinados semilleros.

    Tumbas sin apogeo.

    Ladrones de huertos

    ajenos. Duermo, nada nuevo

    augura el viento. Tiempo

    sigiloso que ofrece su clima,

    a la razón olvidada de un dios.

    Hay mucho silencio, nieve,

    escarcha, rocío. Unos cuantos

    gramos de azafrán violento.

    Roedores que marcan su terreno.

    Afuera, el espacio abarca al tiempo.

    Se desmoronan los recuerdos

    y silba la frágil letanía de coles crujientes

    y solas.

    Duermo. Cerca de los agujeros

    negros, de las guaridas innombrables

    de la tierra seca y áspera.

    Impetuoso, renazco sólo

    para morir en el día, imperfecto.

    Duermo. Nada bueno

    trae el viento.

    ©
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  • BEN.
    Yo voy haciendo noche

    día estrellas fugas astros

    haciendo riqueza fruto

    tardío enjambre de donde

    se perlan tacitas clásicas

    de cristal y terciopelo.

    Yo voy descifrando noches

    días lunas venganzas oyendo.

    Sacos de almendra raídos

    como un viento tan seco

    que arañase la superficie.

    Yo mezclo la voz y el eco

    futuros ensimismados errantes

    poses fanáticas cruces u olvidos

    deformes.

    Y en mi pecho nace una estrella

    o un ala llena de rocío, escarcha

    fúnebre de lo que aconteció un día.



    ©
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  • BEN.
    En sus ojos de Cristo inútil

    destartalados los techos se vienen abajo

    confiscados por una patria que simula sus vencejos

    de norte a sur o de sur a norte son varios

    los que estimulan reptiles sinuosos o plásticos derivados

    son multitud los que alejan su atmósfera delicada

    su trigo elemental su tierra despejada por la sangre hermética

    y abrupta. Son miles los que claman

    vencedores de la nada, aquiescentes con naciones del olvido,

    tenues lagartos de boca remendada, auroras debilitadas

    por el vértigo de la sombra. En sus ojos

    de ciencia inútil, buscan ecuadores sistemáticos, ejes

    mutilados apenas perciben las largas extensiones de calcio.



    ©
  • BEN.
    En las quietas cordilleras

    como quietas están las increíbles colinas,

    nos separan una inmensidad de nubes

    y de escuetas nebulosas con gaviotas

    marinas. Son la escuela simultánea

    que ofrecemos como un altar prohibido.

    Decadencia y compromiso, singulares

    marchas incógnitas. Deseamos lo inevitable.

    Concedemos poco al arbitrio. En las inmóviles

    lagunas, y en las paredes de adobe incontestable,

    marchamos como supremos artífices

    de una vida atormentada. Somos el futuro

    de un bosque que no nos necesita.



    ©
  • BEN.
    Voy mirándome

    exigiéndome transparencias

    intuiciones que no resten

    aniquilamientos que sumen.

    Consigo realidades pelmazas,

    gente que huye de sus tiendas,

    aplazamientos universales

    de esas pequeñas treguas sin nacimiento.

    Voy salvándome

    mordisqueo leves hojas de abedul,

    incremento el forraje de las bestias,

    donde como de su mano y ellas comen

    de las mías.

    Mis manos, las observo, penetro

    y desvelo sus estúpidos secretos,

    las eficaces miradas de un litoral

    en suspenso permanente y caduco.

    Mis alas, aquellas de un dios vacío,

    me interrogan desde lo alto de los depósitos:

    desabastecidos, ignorantes.



    ©
  • BEN.
    Yo voy golpeando el silencio,

    pecho ardido, ración de sangre,

    en un sombrío gesto, silencio,

    cual desierto enérgico de vetas

    exigentes. No arranco, a aquella voz,

    ni una sola lágrima,

    ni una sola agua brota, de esa roca

    enésima. Arden las arenas y murmuran

    los espacios, las venas dilatan

    la sangre que por ellas corre, tumultuosa.

    Voy golpeando el silencio, ese donde

    comemos todos, y me arden, en la mirada,

    tizones encendidos, en la boca, vocablos de mierda,

    sangre, y una mancha de odio sepultado.

    Quiero tirarlo todo, dejar atrás el lastre.

    ©
  • BEN.
    Apenas retumbo

    ignoro desisto entrometo

    en pie, en manoseadas canciones

    vetustas, imploro venganza o paz.

    Apenas mi retumbar de orquídeas sonoras,

    entre capiteles de asustados tallos, brazos

    humanos alcanzando el vértigo de largas

    trenzas amarillas. Retumbar, sí, aplastar

    la miel de tus ojos: renacer de aquellas piscinas.

    Acuáticos miembros, persianas cerradas,

    trastos tirados sobre un escombro azul.

    Mientras los insectos murmuran su capa auditiva.

    Mientras los lagos visitan el imperio de las dalias.

    Mientras las cenas nocturnas persisten en su error

    indecente de sexuales acrobacias. Mientras

    los sueños se visten de perfumes iracundos y mueven

    la conciencia tan deslumbrante.

    Yo, aquí, permanezco encerrado en el claustro,

    dormido.

    ©
  • BEN.
    Tristes huracanes visitan hoy mis rocas:

    yo me aferro a ellos con el espíritu doblegado,

    hasta saciar los latidos de mi envoltorio.

    Distraen mis sentidos las mareas convergentes,

    las señales eléctricas que las aves emiten en su maléfico

    sonido.

    Distribuyo panes, concéntricamente, admitiendo

    los bálsamos futuros, como tantos hombres desechos.

    Dejo lamentables apósitos de mis vendajes infectos:

    suavizo sábanas herméticas y queridas de mis pequeños

    insectos, donde duerme mezquinamente tanto tardío

    estrépito de navajas.

    La tierra, como mancha de gasolina, todavía espera-.





    ©
  • BEN.
    Tributo con mis pies despojados

    de herramientas y tristes utensilios

    las maderas obsequiosas donde

    trituré mi adolescencia y mi infancia.

    Son sacrilegios que me permito:

    sangres indolentes de vidas pretéritas,

    consecuencias insomnes de rostros ausentes.

    Mi vida resplandece casi tristemente:

    fuera del exterior de un cuerpo iluminado,

    en la verticalidad del día inmenso e infinito.

    Los verbos delicados imaginan sus preferentes

    ideas, y lastimeramente, exigen sus perfecciones

    al dios de la saliva. Infantes de muslos delicados,

    guadañas de fiereza dormida, ausentes, tus ídolos

    de inventiva desgraciada. Duermes con la ropa

    encima, los lazos nocturnos escancian su pelo,

    sobre largas cabelleras de vino. En la partida del mundo

    tu cuerpo busca su esencia-.



    ©
  • BEN.
    Misterioso silencio.

    Veo la noche como un guante

    exacerbado, o es la nieve quien

    me asusta. Soy total sobre ella.

    Me conmueve esta soledad de barriada.

    De extrarradio. Toco la noche

    y es un rectángulo nevado copiosamente,

    amplitud sonora resguardada. Junto

    a mi pared, se deshilachan los cadáveres

    de otros días, miedos profesionales, tristezas.

    La nieve es un semicírculo ahora que anega

    mi longevidad. Transito por las calles,

    aunque no lo haga. Veo rostros carcomidos,

    violetas cerúleas, plásticos desvencijados, todo,

    por unas miserables pesetas vendido.

    Los días se harán más largos. La intimidad

    del invierno, menos ausente. Tengo el corazón

    tranquilo. ©
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  • BEN.
    No diré agonía

    allá donde suscitan

    bloques de enervado hielo,

    macizos de flores en parterres

    inundados. No diré soledades,

    en tanto caminen fusiles en alzada

    mano gigantesca. No diré

    secundarios, en tanto los hombres,

    busquen, lejos de su ámbito dorado,

    espadas, fusibles, electricidades remotas:

    su propia sangre coagulada. No diré

    mentira o verdad, sino que señalaré

    las orquídeas negras de un puente elevado

    y triste. Y no indicaré solamente

    las fundaciones repetitivas, de un crepúsculo

    asesino: diré camino, amparo, resguardo

    y soledad, mil veces soledad-.

    ©