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Viendo entradas en la categoría: Semana Santa

  • lesmo
    I

    Anoche de madrugada
    vi a mi Señor en la Cruz,
    se me nubló la mirada,
    (…como a cualquier andaluz).

    Después la más venerada
    iba en un trono de luz,
    y de estrellas coronada
    me retiraba el capuz.

    II

    Allí en la calle, pasando,
    con lagrimas en los ojos,
    todo el mundo
    se compadeció mirando
    tu dolor, entre sonrojos,
    tan profundo.

    Con el Amor de Buen Padre
    desde el horror del Calvario
    que sufriste,
    a tu Santísima Madre,
    –aquel tu primer sagrario–,
    nos la diste.

    Al albor del Viernes Santo
    con mil penas, y despierto,
    de pensar tu cuerpo muerto
    tu pueblo se anega en llanto.
    A Bernardo de Valbuena y Eratalia les gusta esto.
  • lesmo
    Hermano costalero

    ¿Qué pesa en este trono, compañero,
    si fue que lo escogimos libremente?
    ¿No notas cuánto aplasta brutalmente
    llevar tanto martirio en un madero?

    Atrás se va quedando en el sendero
    la llaga en la cerviz, viva y urente,
    ocultos, sin mostrarnos a la gente,
    que así es nuestro sufrir de costalero.

    Lo sabe el capataz cuando nos grita,
    ¡arriba!, ¡qué ansiedad en la pujanza!
    y sabe que está abriendo cada espita

    de amor por esta Cruz, en tanto avanza
    la calle oscurecida, el que amerita
    toda la Redención y la Esperanza.
    A Bernardo de Valbuena y MARIANNE les gusta esto.
  • lesmo
    "Míralo por donde viene
    el Mejor de los nacidos"

    [...]

    La saeta
    Manuel Machado


    El Silencio

    Por la Carrera del Darro
    baja el Cristo del Silencio
    sobre un rojizo calvario
    y el sudor de costaleros.

    Solo un tambor apagado
    acompaña a este cortejo,
    vienen ceñidos de esparto
    y de tristezas sin cuento.

    Son los capirotes altos
    inevitables recuerdos
    del espinoso taladro
    que ensangrentó su cabello.

    Revuela por los tejados
    la sombra del Nazareno
    que al albor del Viernes Santo
    enseña su cuerpo muerto.

    Una voz como un desgarro
    sobre un balcón entreabierto:
    saeta del pueblo llano,
    cantar de lágrimas lleno.

    De nuevo levanta el paso
    el capataz a los vientos,
    parece que va flotando
    entre el olor del incienso.

    La procesión va llegando
    al Albaycín en desvelo,
    es Cristo crucificado
    que ha regresado a su templo.

    Granada va despertando
    este Viernes Santo nuevo
    al suspiro perfumado
    de la Madre de los Cielos.


    Salvador González Moles