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Viendo entradas en la categoría: Soneto

  • lesmo


    La larde cae en tu cuerpo

    La tarde de mis sueños va llegando
    sobre las cordilleras de tu cuerpo,
    en tanto que mis ojos solo siguen
    las luces del ocaso en tu cintura.

    No fui de las pasiones más esclavo
    que esclavo siempre fui de tu presencia,
    aquella que me ata a los contornos
    de la blancura tibia de tu espalda.

    Y en esa vida voy muriendo entonces
    sin más aspiración que alguna tarde
    se caiga para mí de entre tus manos.

    Amor, pero no sueltes las cadenas,
    y mira lo cercano de los filos
    del hondo precipicio de la noche.


    De Ligia Calderón Romero (Glosa)

    La tarde de mis sueños va llegando
    sobre las cordilleras de tu cuerpo,
    en tanto que mis ojos solo siguen
    las luces del ocaso en tu cintura.
    Un día en los umbrales de mi patria
    despertaron los prístinos abriles
    fugaces como flor de un día. Hoy,
    la tarde de mis sueños va llegando.

    Entonces la alborada sucumbía
    en el sacro jardín de tus dulzores
    y al otro instante semejaba un ángel
    sobre las cordilleras de tu cuerpo.

    Aún escucho los turpiales tuyos
    al correr de los oxidados trenes
    en tanto que mis ojos solo siguen

    buscando en tus fanales las estrellas
    y, a la muerte del fénix, encender
    las luces del ocaso en tu cintura.


    Acabaste aquel poema

    Ay mis versos que esperaban pero no sabían cuánto
    y los puse en la ventana ignorando si vendrías,
    se mustiaron poco a poco de mirar al horizonte
    y el camino polvoriento allanado de alpargatas.

    Ay pasaban labradores a sembrar entre los surcos
    paralelos del arado del sudor y las fatigas,
    y del tiempo la besana floreció de verdes pastos
    y mis versos esperaban los llenaras con tu pluma.

    Y un buen día que observaba el camino polvoriento
    una nube diminuta tras los pasos se acercaba
    y de pronto vi tu rostro que agotado de la senda

    regresaba tras mil años con la fuerza entre las manos;
    completaste aquellos versos con tu glosa y tu semblante,
    y me hiciste el más dichoso acabando aquel poema.
  • lesmo


    Intimidad

    Solos mi Niño estamos, Tú dormido
    en el pobre pesebre; al Nacimiento
    no lo toca ni un pálpito de viento
    en esta intimidad sin ningún ruido.

    Me acerco y me arrodillo, Dios nacido;
    y cómo mira Madre, de contento
    estalla el San José sin movimiento,
    ¡qué gozo, mi pequeño, haber venido!

    Mi fe está conmovida de alegría
    en nuestra soledad al fin de día;
    te despiertas, me hablas y parece

    quisieras del Portal escabullirte
    conmigo, y en mis brazos rebullirte,
    y mi mano buscándote te mece.
  • lesmo


    Tristeza


    Tristeza mala amante y compañera,
    que restalla el costado cuando alcanza
    y dobla el espinazo a la esperanza
    mostrando así la muerte que libera.

    Tristeza, en el bullicio, es la sordera,
    que afila las palabras como lanza,
    que vuelca al mal el fiel de la balanza,
    haciendo un gran canchal la carretera.

    Tristeza que se arraiga y que enraíza,
    que mata la ilusión, que paraliza,
    que embosca el precipicio del abismo.

    Tristeza que a sí misma se alimenta,
    matando sin matar, que así atormenta,
    y al triste vuelve esclavo de sí mismo.
    A Amadís, Pessoa, E.Fdez.Castro y 3 otros les gusta esto.
  • lesmo
    A José Galeote Matas,
    ilustre iznajeño.

    Iznájar

    Se extiende un pueblo blanco en la ladera
    entre el atardecer y la amarilla
    luciérnaga que apenas ahora brilla
    mostrando la campiña olivarera.

    Arriba, solitaria, la señera
    iglesia, y el castillo de la villa,
    y al fondo, en un gran lago, una barquilla
    de ensueño a mis pesares aligera.

    Allí, con una hermosa partitura,
    que sale de unas cuerdas –y lo tenso–,
    parece que me atrae, por magnética

    y envuelta en esas notas, la blancura;
    entonces aparece el campo inmenso
    tras el portal de Iznájar a la Bética.

    Nota: La partitura a la que hace mención el poema se trata la de la obra "Iznájar (Fantasía Andaluza)" cuyo autor y compositor es José Galeote Nadal, hijo de nuestro compañero y poeta José Galeote Matas y Lola Nadal, también poeta ella. Está interpretada por el gran guitarrista Jacob Cordober. Queda aquí para quienes gusten de disfrutarla.
    A Halcon 0, pepesori, manuelo y 3 otros les gusta esto.
  • lesmo
    I

    Recuerdo fugaz

    Casi como la llama de una vela,
    a veces diminuta y titilante,
    llega para quedarse algún instante
    la imagen que persiste de mi abuela.

    Y en esa vibración de la candela
    se escucha algún perol burbujeante,
    el guiso va esparciéndose humeante
    y está sobre el mantel limpio, de tela.

    También recuerdo oler en el verano
    el cuenco que servía de aceitunas
    y el plato de embutidos y de queso.

    Y luego una caricia de su mano
    con unas advertencias oportunas
    del río y sus peligros, con un beso.

    II

    La infancia duradera

    De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
    de su mano, me iba a ver el tren
    y el tiempo lo pasaba en el andén
    llevándome el olor en todo el pelo.

    El ruido parecía ser del Cielo,
    silbidos, y el metálico vaivén,
    y el quiosco, sobre todo, un almacén
    de ilusiones y dulce caramelo.

    Tenía, a los tres años, vocación
    de jefe, nada menos, de estación
    por la gorra, el silbato y la bandera.

    Y ahora, al resurgir de la memoria,
    la gran protagonista de la historia
    es la infancia feliz, y duradera.
    A Halcon 0, pepesori, BEN. y 1 persona más les gusta esto.
  • lesmo


    En los recuerdos de un rey

    Tras la egregia figura del Veleta
    casi con la humildad de una colina,
    a su izquierda tan solo se adivina,
    enhiesto, el mascarón de una goleta.

    Y le clava en los cielos su saeta
    aquel grande de España que ilumina
    como un faro a la Vega Granadina
    cuando el sol en su nieve se le aquieta.

    Pujen alto, adalid de la alturas,
    no se escondan y muéstrense de quien
    son los altos torrentes de aguas puras.

    Fue quedarse, marchándose también
    cada risco en su llanto de amarguras
    para el rey desterrado, el Mulhacén.
    A Halcon 0, pepesori, BEN. y 1 persona más les gusta esto.
  • lesmo
    Menos guasa con las musas

    Por la noche me he vuelto temeroso
    y tanta oscuridad me solivianta,
    pues noto que me aprietan la garganta
    y no es por el fumar, porque no toso.

    Es algo que me aflige, y tenebroso
    tan solo de pensarlo ya me espanta,
    me duermo acurrucado en una manta
    con sueños de ectoplasmas sin reposo.

    Me temo sean cosas del Parnaso,
    si todo perjudica cuando abusas
    podría ser adicto, ya recelo.

    Lo malo es escuchar paso tras paso
    temiendo que se acerquen nueve musas
    y ensuciar mis calzones del canguelo.
  • lesmo
    Simposios poéticos

    A ver en qué simposios de poetas
    se obtienen tan dogmáticas sentencias,
    qué posters y qué expertas conferencias
    a cuántas letras tachan de obsoletas.

    A ver qué conclusiones, las concretas,
    se sacan de sus múltiples ponencias,
    y a qué debe atenerse, por sus ciencias,
    el común, cuando hablan los estetas.

    A ver el memorándum lo que enseña
    al vate sin recursos, de allí ausente
    sin ver cada sesión lo que destila.

    A ver si a algún poeta es que desdeña
    la élite si escribe lo que siente
    y no de la manera que se estila.
  • lesmo


    Su Voz

    Su Voz no suena como el rayo o el retumbo,
    no viene con estruendos con lluvia o con tormenta,
    se escucha en lo que menos parece o representa,
    en el llanto de un niño, en el sur de algún rumbo.

    Su Voz está ahogada, acaso, si la arrumbo,
    y pongo en los placeres la vida, y se contenta
    en falsas esperanzas, y en sinrazón se asienta,
    y en lo falaz del mundo más vano me derrumbo.

    Su Voz es la que sufre, y es la que sin abrigo
    me pide una moneda con anhelante gesto,
    susurra en el ajado rostro de aquel mendigo

    que siendo inoportuno pudiera ser molesto;
    su Voz es la sincera del Padre y del Amigo,
    y es la más incansable, y más, si no contesto.
    A BEN., E.Fdez.Castro, Pessoa y 2 otros les gusta esto.
  • lesmo



    Hermanos


    Hermanos, los que estáis en lejanía
    tras las aguas inmensas, los cercanos
    de mi España natal, todos hermanos
    los que habláis esta lengua que es la mía.

    Yo digo "amor", yo digo "madre mía",
    y atravesando mares, sierras, llanos
    -¡oh gozo!-, con sonidos castellanos,
    os llega un dulce efluvio de poesía.

    Yo exclamo "amigo" y en el Nuevo Mundo,
    "amigo" dice el eco, desde donde
    cruza todo el Pacífico y aún suena.

    Yo digo "Dios", y hay un clamor profundo;
    y "Dios", en español, todo responde,
    y "Dios", sólo "Dios", "Dios" el mundo llena.

    Dámaso Alonso
    (1898 - 1990)

    Fuente: http://www.tiempodepoesia.com/tiempo/grandespoetas/dalonso1/dalonso1.html
  • lesmo


    Para Dvaldés glosando a Dámaso Alonso
    en su soneto "Hermanos"


    Ay sí, nadar, nadar, contracorriente,
    entre las marejadas y las olas,
    entre vicisitudes, siempre a solas,
    en este mundo extraño, y displicente.

    Entonces aparecen, de repente,
    sus voces en mil claras aureolas
    o bien en murmurantes caracolas
    con una lengua hermana dulcemente.

    Y en ella tal grandeza es cuando asoma
    que todo cuanto es dicho en nuestro idioma
    cruzando el mundo entero aún resuena,

    volando el mar, la sierra, o por el llano;
    si digo "amigo en Dios" , y en castellano,
    la boca con "hermano" se me llena.

    "Hermanos" de Dámaso Alonso se puede encontrar en este mismo Blog en la siguiente entrada de la cual dejo el enlace: http://www.mundopoesia.com/foros/entrada-blog/de-damaso-alonso-hermanos.27912/
    A Dvaldés le gusta esto.
  • lesmo

    A Lesmo
    (otoñal)

    Con buena vibra viene tu presagio.
    Imagino el paisaje amarillento
    junto al llamado del flautín del viento
    que al otoño extasía con su adagio.

    Del glamour de tus obras me contagio
    y aunque a veces las reglas yo violento
    amo tus rimas —cómoda me siento—
    y se niega mi cálamo al naufragio.

    Nardos de oro en nuestros universos:
    la luna, el sol y tus genuinos versos;
    tanto rielar me deja sorprendida.

    Con tus cantares —gráciles cristales,
    joyeles en mis campos otoñales—
    le traes panaceas a mi vida.

    Ligia Calderón Romero.


    Aquel adagio

    Era en este lugar que en la mañana
    me sorprendí, no tanto por tu verso,
    quizás por renovarme el universo,
    y comprendí al otoño en tu ventana.

    Pues era ya el otoño, Ligia, hermana,
    voló mi pluma, sí, por el anverso
    de una hoja caduca, aún con terso
    matiz amarillento y vetas grana.

    Era otoño, y llamaba a aquella puerta,
    dejándome la hoja que, aun muerta,
    parecía ser como un gran presagio.

    Era otoño otra vez con sus reflejos,
    con multitud de ocres, y a lo lejos,
    oí, y cómo de hermoso, aquel adagio .

    Salva González Moles

    Vengo aquí a publicar el soneto que la grandísima Ligia me escribió en respuesta a uno mío y publicó en su esmerado blog. El segundo que van a leer es mi respuesta a éste. Todo bajo el bandoneón de Astor Piazzolla en su "Otoño Porteño". Con mi admiración y gratitud a Ligia por su presencia constante y estos sensacionales momentos de amistad y poesía.

    Salvador González Moles.
  • lesmo


    Esas bellas palabras

    Esas bellas palabras que de tu boca vienen,
    aparecen, de pronto, para inundar mi oído,
    para segar mis penas, para darle sentido
    a la vida que pasa, tanta hermosura tienen.

    Son esas, si las dices, serán las que convienen,
    las que más apacientan sin hacer ningún ruido,
    las que llegan y apagan mi trémulo gemido
    y las que, sin saberlo, más y mejor sostienen.

    Son esas tus palabras, delicadas y amables,
    las que me dan apoyo como tiernas alfombras,
    las que no soliviantan y son inolvidables.

    Son esas, por ser tuyas, poeta, no me asombras,
    y serán siempre mías porque serán palpables
    señales amorosas, con las que tú me nombras.
    A E.Fdez.Castro le gusta esto.
  • lesmo
    Miserere mei...
    Olvido

    Si miras a tu hijo en su calvario,
    su mente que es su cruz y su martirio
    que oculta su morado como un lirio
    desde tu gran silencio en el sagrario.

    Ves a tus predilectos a diario
    que acuden, se perfuman con el cirio
    pascual, en tanto yo con mi delirio
    enfermo, vago triste y solitario.

    Y Tú, si a Lázaro que ya podrido
    sacaste de la tumba perfumado,
    sabrás que en mi yacija muerto he sido.

    Si Tú pasas de largo por mi lado
    sabrás, de sobra sabes de tu olvido
    y así por qué razón me has olvidado.

    Laus Deo
    A E.Fdez.Castro le gusta esto.
  • lesmo


    Los frescos de San Nicolás
    de Valencia


    Detalle tras detalle no visible
    a causa de la altura en lejanía;
    es claro que el autor lo pintaría
    ajeno del aplauso apetecible.

    Un juego de color, en imposible
    equilibrio, en la bóveda ponía,
    allí que solamente lo vería
    aquel cuya mirada es infalible.

    Allí, que la herramienta del obrero
    trabajó en diminutas perfecciones
    donde no llegaría el ojo humano;

    y sólo por dejar, con todo esmero,
    a tan Grande Señor las oraciones
    del arte que salía de su mano.
    A Bernardo de Valbuena le gusta esto.