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Viendo entradas en la categoría: Uno contra el mundo

  • Gustavo Cavicchia


    ANOCHE SEr
    .


    Asisten mis ojos
    al degüello aterido del sol,
    fluida sangre
    que dinamita los colores
    de la tarde.

    Àrboles de tiesos dedos
    dibujan un cielo perfecto
    a los ángeles risueños
    del invierno.

    La trémula vela de la noche
    enciende el murmullo
    de los astros cristalinos.

    En la
    indiferente
    pupila
    del ocaso
    SÒLo
    queda
    este
    crepùsculo,
    arena
    sujeta
    al puLso,
    oscUra
    marea
    de las
    veNAs,
    sotavento
    de espanto:
    por tener en el cuenco de las manos
    otro dìa litado
    en el lento gravitar del univers6.

    .10/07/2007
    .​
    A Malena Marquez le gusta esto.
  • Gustavo Cavicchia
    ...

    Qué agradable es ponerse a escribir después de un día de trabajo en la maquinita (por mi computadora; no creo poder redactar nada en una maquina de escribir de verdad), mirar por la ventana del cuarto donde estoy sentado en casa, y ver ese sol mendocino entregarse a la montaña; qué lo abraza, qué lo estruja, qué le exprime, por así decirlo; hasta su última gotita de color amarillo y naranja: que no es otra cosa que la sangre del sol, que chorrea por todos lados ; por las casas, por los autos ( que no veo, pero siento sus chillonas bocinas en la calle), en el patio, en mis perros, en mis plantas hasta desangrarse completamente, morirse y permitir por fin que se haga la noche.

    Qué hermoso, qué rico, qué sabroso es dejar la mente subir al cielo como un globo morado que nadie ve. Gritar con el pecho abierto sin temor a los ecos o decires de los demás; es romperle el tuje a la monotonía, tocarle el poto a la seriedad, reír, cagar, oler a las mujeres y a las flores y a las mujeres robarles besos con lengua y bocas enamoradas... ¡dale campeón.! Y a las flores robarlas porqué si... porque son lindas.

    Qué lindo es darle rienda suelta al panteísmo del alma, romperse uno en diatribas de colores, en arco iris inmensos, en soliloquios áfonos sin sombras y dejar que el verde de la vida te domestique el orti/vb/a dictador que en menor o mayor medida todos llevamos en nuestro interior silencioso.

    Estar solo en casa es despacharse el cuerpo a cuatro manos, es vivir sin jefes, sin horarios, sin las cuadradas expendedoras de café de las oficinas públicas, esos cuarto de tortura, esos infames antros hambrientos de nuestra energía vital, de nuestros sueños más sinceros.

    ¡Cómo me gusta!. ¡Qué hermoso!. ¡Qué agradable!.¡Qué lindo es estar solo en casa en bolas y realizarnos como se nos de las reverenciadoras pelotas!.


    ...

    Por Gustavo Cavicchia.
    Del libro "La salud de los carnívoros y otras hirvas".
    http://www.elarpatartamuda.blogspot.com
  • Gustavo Cavicchia
    Vengo desde el jardín. No traigo muchas expectativas de hacer algo. Últimamente me pesa realizar otras actividades que no sea trabajar. ¿ Estaré más cincuentón ?: - sí, claro, sin dudas ( me respondo; con un decir profundo y grave que es mí voz interior ). ¿ Cómo era la palabra; esa que gusta tanto a quienes realizan “manager coaching” por YouTube ?... estaré haciéndome más viejo que no la recuerdo ( me vuelvo a responder pero esta vez con una voz un poco más aflautada, sin llegar a ser afeminada, digo; por el temor al Alzheimer ) ?... es un verbo muy utilizado entre ejecutivos imberbes de internet: hace referencia a postergar un hacer deber por un hacer placentero, pero, de menor relevancia; es lo que se dice: perder el tiempo en cosas sin trascendencia.

    Así que ahora miro la biblioteca; que es un conjunto de tablas de madera rústica, sujetas en escuadras de metal y estas escuadras a su vez sujetas a la pared. La misma esta llena libros sin orden y de muchas otras cosas que no tienen clasificación; como: cajas, juguetes viejos, lapiceras, bolitas de vidrio, algún vaso que olvide sobre esos estantes y cuadernos.
    Nunca arreglé esas tablas, quería lijarlas para luego pintarlas de blanco, pero fueron quedando para luego, y luego, para más luego, y así; hasta el infinito.

    Los cuadernos son a rayas con tapa dura (nada baratos, traídos de Santiago de Chile ); observo uno amarillo. Casi todos con dos páginas, unos pocos, con tres páginas mal escritas. Quedaron abandonados hace años, y ahora los miro llenos de tierra, apilados entre tantas otras cosas como desechos sin valor. En esos cuadernos iba a colocar poemas hermosos, maravillosos relatos que nunca escribí.

    Ahora recuerdo a mi abuela cuando decía: - Gustavo, nene, que pena me da ver ese repasador en el piso.- Sí abuela... ¿pero: abuela porqué te da pena eso?; preguntaba yo tontamente; - porqué te va a comer la vagancia: ¡qué va a ser de vos el día de mañana si no sos capaz de levantar ese trapo del suelo por haragán !... cómo jodía mi abuela Colina con esas cosas. Y agregaba como remate: -¡ pobre tu madre!.

    Era su manera de decir : - Gustavo, nene; deja de procrastinar.

    Por: Gustavo Cavicchia.
    del libro "Lugares Comunes"​
    A Malena Marquez le gusta esto.