Hay palabras que no nacen en la boca.
Se forman antes,
en un lugar más oscuro,
más hondo,
donde el lenguaje todavía no tiene forma
y el silencio ya empieza a doler.
Ahí empieza todo.
No en lo que digo,
sino en lo que no logro decir
sin romper algo.
Lengua de Sombra
no es un idioma,
es una herida que aprendió a hablar despacio.
Es esa voz que aparece
cuando la luz se cansa
y deja a solas
lo que realmente importa.
He intentado nombrar las cosas como son,
pero siempre se me escapan.
El amor no cabe en una palabra.
La ausencia tampoco.
Y el recuerdo…
el recuerdo se disfraza
para quedarse.
Por eso escribo así,
como quien tantea en la oscuridad,
como quien reconoce un rostro
sin verlo del todo.
No busco claridad.
Busco verdad.
Si estás aquí,
quizás también conoces ese idioma extraño:
el que no se enseña,
el que no se explica,
el que solo aparece
cuando algo dentro de ti
decide dejar de callarse.
Esto no es un inicio.
Es una grieta.
Y por ahí
entra todo.