Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis versos enhielados,
tus curvas enhiestas,
mi cara devastada,
tu cutis florido.
Augusto y magno,
el desenlace inevitable
realzó la carestía.
La humildación,
la humillación,
el lamento
y el perdón
salieron de paseo,
encendieron una fogata
y armaron senda orgía,
gozándose mutuamente,
fundiéndose totalmente,
vertiéndose los unos en las otras
y viceversa...
Ahora,
humildad y humillación
son la misma cosa -triste ¿no?-
y lamento y perdón
también lo son.
¿O no?...
¡Pues no!
Humildad es modestia
y humillación es esclavitud.
El lamento es una queja
y el perdón es un don.
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tus curvas enhiestas,
mi cara devastada,
tu cutis florido.
Augusto y magno,
el desenlace inevitable
realzó la carestía.
La humildación,
la humillación,
el lamento
y el perdón
salieron de paseo,
encendieron una fogata
y armaron senda orgía,
gozándose mutuamente,
fundiéndose totalmente,
vertiéndose los unos en las otras
y viceversa...
Ahora,
humildad y humillación
son la misma cosa -triste ¿no?-
y lamento y perdón
también lo son.
¿O no?...
¡Pues no!
Humildad es modestia
y humillación es esclavitud.
El lamento es una queja
y el perdón es un don.
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