Cien inviernos más, papel salado donde
se amarra un mirto, sabe que te sabe nido,
la llamarada de un vergel sosegado que hace días
no ve un sol contento, clonándose con el naranja
de un pintor descarado que tiene manos
fatigadas por el pincel cohibido,
no he hablado de ti todavía, pero hace falta
que te sepa equinoccio en mis pensares
casi caras de las azucenas azules
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A mí no me gustan ni un poquito los inviernos. Pero me encantan tus versos, aunque comiencen con cien de ellos. Y cómo no me van a gustar, si rápidamente se tiñen de colores tórridos, floridos... y si para colmo, están dedicados a una mujer a la que, más que probablemente, hiciste feliz con sus pinceladas.
Un gran abrazo y estrellas como azucenas.