infeliz?
Feliz
Una dehesa reseca y pelada, en la que se ven cuatro buitres afilándose los picos en las cálcicas astas de la memoria.
Licantrio.- Vaya pléyade inmunda conformamos,
nuestra gracia es el gérmen de un gusano,
nuestras alas la voz desesperada,
los motivos de aquél que vive en vano.
Pulidor.- Calla y toma tu parte en este crímen,
apura los designios de lo inerte,
las vísceras que esgrimes en el pico
son cántaros de luz para otras fuentes.
Sátiro.- Seguramente tengas razón...
Yo aquí sólo veo arena y no ribera.
Colino.- Ríos de sangre son los dedos del Inmenso,
ése que sobrevuela su paraje,
la sombra de naciente hasta poniente,
con la abrupta contienda entre dos luces.
Sus manos son de ozono friccionando,
sus rayos se desatan en chasquidos,
sus garras son la gracia en estos campos,
yo vivo por lo muerto y por lo vivo.
Un jabalí en medio de un espeso monte de matorral.
Scroffa.- Yo quisiera redimirme entre las piedras
o en el barro que me cubre como a un muerto,
siempre inmundo a la deriva en tus espinas,
¡siempre olvido que es tu sien mi abrevadero!
Señor, no me acojas en tu seno, ven tú al mío,
soy el óbice amputado en el desierto,
soy la vida tras la cerca de tu reino,
acebuche liberado de tu huerto.
Una Orquídea.- Sí, tú devora, devora hasta que revientes,
tú no mires atrás, tú eres el tiempo.
Yo soy el molinillo que delira,
yo soy el triste delta de los vientos.
Yo soy plata en la noche...
Un buitre solitario. Al fondo, un banquete carroñero.
Colino.- Ríos de sangre son nuestros dominios...
Crepúsculos de costras nacaradas
en el caro perfume de un cadáver.
Pústulas infectadas de vida
en este ángulo oblicuo,
donde el sol se soltó de las rocas
para abrazar los cielos.
Se cierne la noche en la llanura como un presagio...
Licantrio.- Vaya pléyade inmunda conformamos,
nuestra gracia es el gérmen de un gusano,
nuestras alas la voz desesperada,
los motivos de aquél que vive en vano.
Pulidor.- Calla y toma tu parte en este crímen,
apura los designios de lo inerte,
las vísceras que esgrimes en el pico
son cántaros de luz para otras fuentes.
Sátiro.- Seguramente tengas razón...
Yo aquí sólo veo arena y no ribera.
Colino.- Ríos de sangre son los dedos del Inmenso,
ése que sobrevuela su paraje,
la sombra de naciente hasta poniente,
con la abrupta contienda entre dos luces.
Sus manos son de ozono friccionando,
sus rayos se desatan en chasquidos,
sus garras son la gracia en estos campos,
yo vivo por lo muerto y por lo vivo.
Un jabalí en medio de un espeso monte de matorral.
Scroffa.- Yo quisiera redimirme entre las piedras
o en el barro que me cubre como a un muerto,
siempre inmundo a la deriva en tus espinas,
¡siempre olvido que es tu sien mi abrevadero!
Señor, no me acojas en tu seno, ven tú al mío,
soy el óbice amputado en el desierto,
soy la vida tras la cerca de tu reino,
acebuche liberado de tu huerto.
Una Orquídea.- Sí, tú devora, devora hasta que revientes,
tú no mires atrás, tú eres el tiempo.
Yo soy el molinillo que delira,
yo soy el triste delta de los vientos.
Yo soy plata en la noche...
Un buitre solitario. Al fondo, un banquete carroñero.
Colino.- Ríos de sangre son nuestros dominios...
Crepúsculos de costras nacaradas
en el caro perfume de un cadáver.
Pústulas infectadas de vida
en este ángulo oblicuo,
donde el sol se soltó de las rocas
para abrazar los cielos.
Se cierne la noche en la llanura como un presagio...