chc
Christian
La calle está llena
de corbatas,
de asesinos,
de gente común.
Hay carteles de ofertas,
promociones,
precios astronómicos.
El gentío cruza
antes que cambie
el semáforo a rojo,
y a algún desprevenido
le quitan los sueños,
y su billetera.
Arrumbados contra el suelo
los artistas, los mentirosos,
los mendigos.
Estrellados en el cielo
se rascan el ombligo
los edificios y sus gerentes.
Un auto acelera,
con sus vidrios oscuros,
y fríos como su aire acondicionado,
para dejar atrás el hedor
del sudor del colectivo.
El que acelera
se olvida de que existe,
el colectivo, inconciente,
apenas subsiste.
Alguien mira atónito
un teléfono que brilla,
manda mensajes a Dios,
y hasta respira.
Otro, más pequeño,
se entremezcla con cartones,
con las sobras de un Mc Donalds
y es milagroso que respire.
La calle está llena.
Y quizá uno se coma el alma,
llene su estomago,
y la escupa vacía.
de corbatas,
de asesinos,
de gente común.
Hay carteles de ofertas,
promociones,
precios astronómicos.
El gentío cruza
antes que cambie
el semáforo a rojo,
y a algún desprevenido
le quitan los sueños,
y su billetera.
Arrumbados contra el suelo
los artistas, los mentirosos,
los mendigos.
Estrellados en el cielo
se rascan el ombligo
los edificios y sus gerentes.
Un auto acelera,
con sus vidrios oscuros,
y fríos como su aire acondicionado,
para dejar atrás el hedor
del sudor del colectivo.
El que acelera
se olvida de que existe,
el colectivo, inconciente,
apenas subsiste.
Alguien mira atónito
un teléfono que brilla,
manda mensajes a Dios,
y hasta respira.
Otro, más pequeño,
se entremezcla con cartones,
con las sobras de un Mc Donalds
y es milagroso que respire.
La calle está llena.
Y quizá uno se coma el alma,
llene su estomago,
y la escupa vacía.
::::
:
::