coral
Una dama muy querida en esta casa.
xxxxxxx
Se tiñeron de un color
grisáceo los alelíes,
la arboleda
se cubrió de sombras
y en los caminos,
deambula solitaria la tristeza.
Un rojo bermellón
acompañado por el llanto
en rostros entristecidos,
viviendo el desamparo.
Se cubrió la tierra,
arropada con un manto verde,
salpicada con flores de tréboles,
apretadas entre sus manos.
Nadie diría que allí...
Reposa la osamenta
de almas inocentes que tenían vida
y sucumbieron solitarios
tras empalizadas alambradas
en el oscuro socavón
de agrestes campos.
¡Cuánto dolor!
¡cuánta tristeza!
encontrar sus cuerpos
vueltos polvo,
en una fosa oculta
bajo la húmeda hierba,
sin la bendición
de una madre enferma,
sin el abrazo
de un padre valiente,
que va recorriendo los caminos,
encadenado
para que devuelvan
a su hijo amado esperando,
acurrucando entre la empalizada.
Todos se disculpan
ante la forzada muerte,
escondidos tras una máscara
de acomodados ideales...
Arrebatando los chiquillos
del seno de sus madres,
que por temores
tienen que ceder sus hijos
partiendo con un fusil casi arrastrando.
Es por mi tierra...
Que hay lágrimas de sangre
recorriendo las escuálidas mejillas
de las madres,
arrullando entre sus brazos
el recuerdo de un amado
llorando por los años,
enlutados, o con la angustia...
De seguir siempre esperando.
Prudencia Arenas
(Coral)
Se tiñeron de un color
grisáceo los alelíes,
la arboleda
se cubrió de sombras
y en los caminos,
deambula solitaria la tristeza.
Un rojo bermellón
acompañado por el llanto
en rostros entristecidos,
viviendo el desamparo.
Se cubrió la tierra,
arropada con un manto verde,
salpicada con flores de tréboles,
apretadas entre sus manos.
Nadie diría que allí...
Reposa la osamenta
de almas inocentes que tenían vida
y sucumbieron solitarios
tras empalizadas alambradas
en el oscuro socavón
de agrestes campos.
¡Cuánto dolor!
¡cuánta tristeza!
encontrar sus cuerpos
vueltos polvo,
en una fosa oculta
bajo la húmeda hierba,
sin la bendición
de una madre enferma,
sin el abrazo
de un padre valiente,
que va recorriendo los caminos,
encadenado
para que devuelvan
a su hijo amado esperando,
acurrucando entre la empalizada.
Todos se disculpan
ante la forzada muerte,
escondidos tras una máscara
de acomodados ideales...
Arrebatando los chiquillos
del seno de sus madres,
que por temores
tienen que ceder sus hijos
partiendo con un fusil casi arrastrando.
Es por mi tierra...
Que hay lágrimas de sangre
recorriendo las escuálidas mejillas
de las madres,
arrullando entre sus brazos
el recuerdo de un amado
llorando por los años,
enlutados, o con la angustia...
De seguir siempre esperando.
Prudencia Arenas
(Coral)
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