Como Marilyn Monroe, marcas el número equivocado...

Carlos Aristy

Poeta que considera el portal su segunda casa

Recreada musa en tu cuerpo de mujer.
El solsticio de tu alma transmigra
de corazón en corazón hasta llegar a ti.
Tú sabes amor de antaño que fuiste mía,
en la vereda del camino, a la orilla del río;
en el establo de la estancia, bajo la sombra
arropadora de aquel inmenso árbol, tu fuiste mía.
Y hoy, musa, te renuevas con senos más firmes
como elocuentes poemas para dormir niños,
y hermosos brazos melifluos como un delicado coñac.

¡Bendito sea el que te permite rehacerte cada día!
y nos permite éste amar incesante y eterno.
Que tú puedas volver con el ojo inmenso
de tu ombligo de oliva, con tu piel aceitunada
y la sal, ¡ay la sal!, la pura sal de tu esencia,
la que recuerdo en la punta de la lengua de unicornio
y guardo en mi boca de minero.

Te niegas a reconocerme por temor de sucumbir
a la posesión de tu cuerpo virgen de amor.
El socavado cuerpo para los hombres del alba,
los que amanecen hambrientos por la sal de un cuerpo,
cualquier cuerpo, para arrancarse las entrañas,
el dolor del alma cuajado en sus testículos
y la zozobra acumulada en la oreja del corazón.

Te niegas a entregarte, musa de cuerpo duro,
pero tú sabes que tengo una paciencia legendaria.
Si quieres esperar a que nazca el nuevo río,
a que el ondulado camino sea marcado con los besos
de la jauría matutina despertando de sus borracheras.
Cuando al subir el amoroso sol,
bañado en la sangre de tu virginidad
arrancada en la apaciguada noche de son.

Yo estaré, musa, en el recodo del río,
con mi lengua de minero, esperando
a que baje nuevamente el sol
y me abrace la noche con su estupor de ajonjolí,
para convertirme en uno de esos hombres del alba.

28 de Abril de 2008

 
Qué poema Carlos, me ha dejado muda, atónita viendo tan espectacular conjunto de versos que se quedan en mis retinas.
Bellísimo trabajo poético, un abrazote fuerte y mi admiración por mantenerse usted tan sumergido en el amor.


Gracias por el abrazo y la lectura, tenerte por estos lares es siempre un placer. Besos.
 
Entre el título y el poema...me quedo en estupor. La p...elotaaaaaaaaaaaaaa, qué imágenes, Carlos. La musa esa, por los cielos, que te ha inspirado desde los pelos hasta los pies! (si esperabas un comentario estrictamente crítico, no lo es... soy muy visceral para leer) Me encantó y punto.
Saludos
Vivi

Bueno Vivi yo no quiero que tu cambies, sigue visceral, tu me gustas asi. Besos.
 

Recreada musa en tu cuerpo de mujer.
El solsticio de tu alma transmigra
de corazón en corazón hasta llegar a ti.
Tú sabes amor de antaño que fuiste mía,
en la vereda del camino, a la orilla del río;
en el establo de la estancia, bajo la sombra
arropadora de aquel inmenso árbol, tu fuiste mía.
Y hoy, musa, te renuevas con senos más firmes
como elocuentes poemas para dormir niños,
y hermosos brazos melifluos como un delicado coñac.

¡Bendito sea el que te permite rehacerte cada día!
y nos permite éste amar incesante y eterno.
Que tú puedas volver con el ojo inmenso
de tu ombligo de oliva, con tu piel aceitunada
y la sal, ¡ay la sal!, la pura sal de tu esencia,
la que recuerdo en la punta de la lengua de unicornio
y guardo en mi boca de minero.

Te niegas a reconocerme por temor de sucumbir
a la posesión de tu cuerpo virgen de amor.
El socavado cuerpo para los hombres del alba,
los que amanecen hambrientos por la sal de un cuerpo,
cualquier cuerpo, para arrancarse las entrañas,
el dolor del alma cuajado en sus testículos
y la zozobra acumulada en la oreja del corazón.

Te niegas a entregarte, musa de cuerpo duro,
pero tú sabes que tengo una paciencia legendaria.
Si quieres esperar a que nazca el nuevo río,
a que el ondulado camino sea marcado con los besos
de la jauría matutina despertando de sus borracheras.
Cuando al subir el amoroso sol,
bañado en la sangre de tu virginidad
arrancada en la apaciguada noche de son.

Yo estaré, musa, en el recodo del río,
con mi lengua de minero, esperando
a que baje nuevamente el sol
y me abrace la noche con su estupor de ajonjolí,
para convertirme en uno de esos hombres del alba.

28 de Abril de 2008




¡Tremendo poema, hermano poeta!!

Recibe mis aplausos y reconocimientos.

Besos
 
Esa Musa anda susurrándote versos de gran calidad. Las metáforas son espléndidas y la finura y fluideza de todo el poema merece un gran aplauso.
Recibe mis cinco estrellas con un beso,:::hug:::
 
Siento este poema bañado en una sensualidad exquísita y cada imagen supera a la siguiente haciendo de este poema una verdadera genialidad de tu parte. Un fuerte abracito llenito de estrellas y de admiración por tanto talento con el que nos sorprendes siempre.!
 
Alcanzo a Salvador y me uno al aplauso ininiterrumpido a esta fantastica pieza de literatura. Imagenes que perduran, esas de la musa/mujer wow!

Un abrazo poetazo.
 

Recreada musa en tu cuerpo de mujer.
El solsticio de tu alma transmigra
de corazón en corazón hasta llegar a ti.
Tú sabes amor de antaño que fuiste mía,
en la vereda del camino, a la orilla del río;
en el establo de la estancia, bajo la sombra
arropadora de aquel inmenso árbol, tu fuiste mía.
Y hoy, musa, te renuevas con senos más firmes
como elocuentes poemas para dormir niños,
y hermosos brazos melifluos como un delicado coñac.

¡Bendito sea el que te permite rehacerte cada día!
y nos permite éste amar incesante y eterno.
Que tú puedas volver con el ojo inmenso
de tu ombligo de oliva, con tu piel aceitunada
y la sal, ¡ay la sal!, la pura sal de tu esencia,
la que recuerdo en la punta de la lengua de unicornio
y guardo en mi boca de minero.

Te niegas a reconocerme por temor de sucumbir
a la posesión de tu cuerpo virgen de amor.
El socavado cuerpo para los hombres del alba,
los que amanecen hambrientos por la sal de un cuerpo,
cualquier cuerpo, para arrancarse las entrañas,
el dolor del alma cuajado en sus testículos
y la zozobra acumulada en la oreja del corazón.

Te niegas a entregarte, musa de cuerpo duro,
pero tú sabes que tengo una paciencia legendaria.
Si quieres esperar a que nazca el nuevo río,
a que el ondulado camino sea marcado con los besos
de la jauría matutina despertando de sus borracheras.
Cuando al subir el amoroso sol,
bañado en la sangre de tu virginidad
arrancada en la apaciguada noche de son.

Yo estaré, musa, en el recodo del río,
con mi lengua de minero, esperando
a que baje nuevamente el sol
y me abrace la noche con su estupor de ajonjolí,
para convertirme en uno de esos hombres del alba.

28 de Abril de 2008



Muy buen poema!!!Excelentes imágenes!
Me quedo con ésta...

¡Bendito sea el que te permite rehacerte cada día!
y nos permite éste amar incesante y eterno.
Que tú puedas volver con el ojo inmenso
de tu ombligo de oliva, con tu piel aceitunada
y la sal, ¡ay la sal!, la pura sal de tu esencia,
la que recuerdo en la punta de la lengua de unicornio
y guardo en mi boca de minero.

GENIAL!!
 
Muy buen poema!!!Excelentes imágenes!
Me quedo con ésta...

¡Bendito sea el que te permite rehacerte cada día!
y nos permite éste amar incesante y eterno.
Que tú puedas volver con el ojo inmenso
de tu ombligo de oliva, con tu piel aceitunada
y la sal, ¡ay la sal!, la pura sal de tu esencia,
la que recuerdo en la punta de la lengua de unicornio
y guardo en mi boca de minero.

GENIAL!!

Gracias por tu bello comentario. Besos.
 

Recreada musa en tu cuerpo de mujer.
El solsticio de tu alma transmigra
de corazón en corazón hasta llegar a ti.
Tú sabes amor de antaño que fuiste mía,
en la vereda del camino, a la orilla del río;
en el establo de la estancia, bajo la sombra
arropadora de aquel inmenso árbol, tu fuiste mía.
Y hoy, musa, te renuevas con senos más firmes
como elocuentes poemas para dormir niños,
y hermosos brazos melifluos como un delicado coñac.

¡Bendito sea el que te permite rehacerte cada día!
y nos permite éste amar incesante y eterno.
Que tú puedas volver con el ojo inmenso
de tu ombligo de oliva, con tu piel aceitunada
y la sal, ¡ay la sal!, la pura sal de tu esencia,
la que recuerdo en la punta de la lengua de unicornio
y guardo en mi boca de minero.

Te niegas a reconocerme por temor de sucumbir
a la posesión de tu cuerpo virgen de amor.
El socavado cuerpo para los hombres del alba,
los que amanecen hambrientos por la sal de un cuerpo,
cualquier cuerpo, para arrancarse las entrañas,
el dolor del alma cuajado en sus testículos
y la zozobra acumulada en la oreja del corazón.

Te niegas a entregarte, musa de cuerpo duro,
pero tú sabes que tengo una paciencia legendaria.
Si quieres esperar a que nazca el nuevo río,
a que el ondulado camino sea marcado con los besos
de la jauría matutina despertando de sus borracheras.
Cuando al subir el amoroso sol,
bañado en la sangre de tu virginidad
arrancada en la apaciguada noche de son.

Yo estaré, musa, en el recodo del río,
con mi lengua de minero, esperando
a que baje nuevamente el sol
y me abrace la noche con su estupor de ajonjolí,
para convertirme en uno de esos hombres del alba.

28 de Abril de 2008



Dios mío, qué poema de antología haz concebido bajo los efluvios de los menguantes de la luna! Capturas la esencia misma del erotismo , sin que me quepa duda, tu poema es uno de los más hermosos y artísticos poemas eróticos que he leído!
 

Recreada musa en tu cuerpo de mujer.
El solsticio de tu alma transmigra
de corazón en corazón hasta llegar a ti.
Tú sabes amor de antaño que fuiste mía,
en la vereda del camino, a la orilla del río;
en el establo de la estancia, bajo la sombra
arropadora de aquel inmenso árbol, tu fuiste mía.
Y hoy, musa, te renuevas con senos más firmes
como elocuentes poemas para dormir niños,
y hermosos brazos melifluos como un delicado coñac.

¡Bendito sea el que te permite rehacerte cada día!
y nos permite éste amar incesante y eterno.
Que tú puedas volver con el ojo inmenso
de tu ombligo de oliva, con tu piel aceitunada
y la sal, ¡ay la sal!, la pura sal de tu esencia,
la que recuerdo en la punta de la lengua de unicornio
y guardo en mi boca de minero.

Te niegas a reconocerme por temor de sucumbir
a la posesión de tu cuerpo virgen de amor.
El socavado cuerpo para los hombres del alba,
los que amanecen hambrientos por la sal de un cuerpo,
cualquier cuerpo, para arrancarse las entrañas,
el dolor del alma cuajado en sus testículos
y la zozobra acumulada en la oreja del corazón.

Te niegas a entregarte, musa de cuerpo duro,
pero tú sabes que tengo una paciencia legendaria.
Si quieres esperar a que nazca el nuevo río,
a que el ondulado camino sea marcado con los besos
de la jauría matutina despertando de sus borracheras.
Cuando al subir el amoroso sol,
bañado en la sangre de tu virginidad
arrancada en la apaciguada noche de son.

Yo estaré, musa, en el recodo del río,
con mi lengua de minero, esperando
a que baje nuevamente el sol
y me abrace la noche con su estupor de ajonjolí,
para convertirme en uno de esos hombres del alba.

28 de Abril de 2008



Sublime poema! Las imagenes que destila tu poema pelean en mi mente. En cuanto al tema, paciencia, ya te convertiras en uno de esos hombre que el alba bendice.
Felicidades poeta!
Saludos de un tonto que cree en el amor sincero
Richy
 
Dios mío, qué poema de antología haz concebido bajo los efluvios de los menguantes de la luna! Capturas la esencia misma del erotismo , sin que me quepa duda, tu poema es uno de los más hermosos y artísticos poemas eróticos que he leído!

Me alegra te guste este poema, gracias por tu bello comentario.; Besos.
 

Recreada musa en tu cuerpo de mujer.
El solsticio de tu alma transmigra
de corazón en corazón hasta llegar a ti.
Tú sabes amor de antaño que fuiste mía,
en la vereda del camino, a la orilla del río;
en el establo de la estancia, bajo la sombra
arropadora de aquel inmenso árbol, tu fuiste mía.
Y hoy, musa, te renuevas con senos más firmes
como elocuentes poemas para dormir niños,
y hermosos brazos melifluos como un delicado coñac.

¡Bendito sea el que te permite rehacerte cada día!
y nos permite éste amar incesante y eterno.
Que tú puedas volver con el ojo inmenso
de tu ombligo de oliva, con tu piel aceitunada
y la sal, ¡ay la sal!, la pura sal de tu esencia,
la que recuerdo en la punta de la lengua de unicornio
y guardo en mi boca de minero.

Te niegas a reconocerme por temor de sucumbir
a la posesión de tu cuerpo virgen de amor.
El socavado cuerpo para los hombres del alba,
los que amanecen hambrientos por la sal de un cuerpo,
cualquier cuerpo, para arrancarse las entrañas,
el dolor del alma cuajado en sus testículos
y la zozobra acumulada en la oreja del corazón.

Te niegas a entregarte, musa de cuerpo duro,
pero tú sabes que tengo una paciencia legendaria.
Si quieres esperar a que nazca el nuevo río,
a que el ondulado camino sea marcado con los besos
de la jauría matutina despertando de sus borracheras.
Cuando al subir el amoroso sol,
bañado en la sangre de tu virginidad
arrancada en la apaciguada noche de son.

Yo estaré, musa, en el recodo del río,
con mi lengua de minero, esperando
a que baje nuevamente el sol
y me abrace la noche con su estupor de ajonjolí,
para convertirme en uno de esos hombres del alba.

28 de Abril de 2008



Interesantísimo y personal universo simbólico. Sensual pulso poético a los mitos eróticos de todos los tiempos.
Un saludo.
 
Sublime poema! Las imagenes que destila tu poema pelean en mi mente. En cuanto al tema, paciencia, ya te convertiras en uno de esos hombre que el alba bendice.
Felicidades poeta!
Saludos de un tonto que cree en el amor sincero
Richy

Gracias Richy por tu bello comentario. Abrazo.
 
Recreada musa en tu cuerpo de mujer.
El solsticio de tu alma transmigra
de corazón en corazón hasta llegar a ti.
Tú sabes amor de antaño que fuiste mía,
en la vereda del camino, a la orilla del río;
en el establo de la estancia, bajo la sombra
arropadora de aquel inmenso árbol, tu fuiste mía.
Y hoy, musa, te renuevas con senos más firmes
como elocuentes poemas para dormir niños,
y hermosos brazos melifluos como un delicado coñac.

¡Bendito sea el que te permite rehacerte cada día!
y nos permite éste amar incesante y eterno.
Que tú puedas volver con el ojo inmenso
de tu ombligo de oliva, con tu piel aceitunada
y la sal, ¡ay la sal!, la pura sal de tu esencia,
la que recuerdo en la punta de la lengua de unicornio
y guardo en mi boca de minero.

Te niegas a reconocerme por temor de sucumbir
a la posesión de tu cuerpo virgen de amor.
El socavado cuerpo para los hombres del alba,
los que amanecen hambrientos por la sal de un cuerpo,
cualquier cuerpo, para arrancarse las entrañas,
el dolor del alma cuajado en sus testículos
y la zozobra acumulada en la oreja del corazón.

Te niegas a entregarte, musa de cuerpo duro,
pero tú sabes que tengo una paciencia legendaria.
Si quieres esperar a que nazca el nuevo río,
a que el ondulado camino sea marcado con los besos
de la jauría matutina despertando de sus borracheras.
Cuando al subir el amoroso sol,
bañado en la sangre de tu virginidad
arrancada en la apaciguada noche de son.

Yo estaré, musa, en el recodo del río,
con mi lengua de minero, esperando
a que baje nuevamente el sol
y me abrace la noche con su estupor de ajonjolí,
para convertirme en uno de esos hombres del alba.

28 de Abril de 2008



Inspirado trabajo, Carlos. Me encantó. Muy bueno.
Un abrazo desde mi mar.
 

Recreada musa en tu cuerpo de mujer.
El solsticio de tu alma transmigra
de corazón en corazón hasta llegar a ti.
Tú sabes amor de antaño que fuiste mía,
en la vereda del camino, a la orilla del río;
en el establo de la estancia, bajo la sombra
arropadora de aquel inmenso árbol, tu fuiste mía.
Y hoy, musa, te renuevas con senos más firmes
como elocuentes poemas para dormir niños,
y hermosos brazos melifluos como un delicado coñac.

¡Bendito sea el que te permite rehacerte cada día!
y nos permite éste amar incesante y eterno.
Que tú puedas volver con el ojo inmenso
de tu ombligo de oliva, con tu piel aceitunada
y la sal, ¡ay la sal!, la pura sal de tu esencia,
la que recuerdo en la punta de la lengua de unicornio
y guardo en mi boca de minero.

Te niegas a reconocerme por temor de sucumbir
a la posesión de tu cuerpo virgen de amor.
El socavado cuerpo para los hombres del alba,
los que amanecen hambrientos por la sal de un cuerpo,
cualquier cuerpo, para arrancarse las entrañas,
el dolor del alma cuajado en sus testículos
y la zozobra acumulada en la oreja del corazón.

Te niegas a entregarte, musa de cuerpo duro,
pero tú sabes que tengo una paciencia legendaria.
Si quieres esperar a que nazca el nuevo río,
a que el ondulado camino sea marcado con los besos
de la jauría matutina despertando de sus borracheras.
Cuando al subir el amoroso sol,
bañado en la sangre de tu virginidad
arrancada en la apaciguada noche de son.

Yo estaré, musa, en el recodo del río,
con mi lengua de minero, esperando
a que baje nuevamente el sol
y me abrace la noche con su estupor de ajonjolí,
para convertirme en uno de esos hombres del alba.

28 de Abril de 2008



Hermoso poema, qué geniales imágenes nos ofreces Carlos, y a mí que siempre me llevo los poemas a " mi teritorio" éste me lo he llevado a un arroyo donde según la mitología de mi tierra trasgus y xanas juegan y hacen travesuras, disculpame por ello, me ha encantado de principio a fin...

un beso y un placer leerte
 
Mira que busco y ando, y no hay forma de encontrar una pluma que se mueva como la tuya, aunque sea parecida pero ....que va chiquillo, aqui me tienes toa derrumba.Bello trabajo el que hace tu pluma, un abrazo
 

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