Campanadas
La despiadada lámpara,
golpe a golpe se enciende.
Temblor a temblor
consume y desgarra
hasta la última gota
de cordura y voluntad
a nuestro corazón.
Sus destellos me despertaron,
me observé por dentro,
mi cerebro, mi sangre, mis
propios sentimientos
eran lo mismo.
Un único y andrajoso
músculo pudriéndose.
Nada quedó
a mi alrededor,
absolutamente nada
existía dentro de mí.
La vida que conocí,
era una desgarradora y
marchita tumba vacía
comprimiéndome.
Todo lo que amaba
lo arruinó el ruido brutal
del agua turbia que se estrellaba
en las fúnebres campanas de la iglesia.
Su aroma, su alegría,
las inconfundibles y obscenas
caricias de su piel, para
siempre se alejaron
de mi ser.
Soy mi propio ataúd
descomponiéndose,
al compás y al brillo
miserable del dolor.
La despiadada lámpara,
golpe a golpe se enciende.
Temblor a temblor
consume y desgarra
hasta la última gota
de cordura y voluntad
a nuestro corazón.
Sus destellos me despertaron,
me observé por dentro,
mi cerebro, mi sangre, mis
propios sentimientos
eran lo mismo.
Un único y andrajoso
músculo pudriéndose.
Nada quedó
a mi alrededor,
absolutamente nada
existía dentro de mí.
La vida que conocí,
era una desgarradora y
marchita tumba vacía
comprimiéndome.
Todo lo que amaba
lo arruinó el ruido brutal
del agua turbia que se estrellaba
en las fúnebres campanas de la iglesia.
Su aroma, su alegría,
las inconfundibles y obscenas
caricias de su piel, para
siempre se alejaron
de mi ser.
Soy mi propio ataúd
descomponiéndose,
al compás y al brillo
miserable del dolor.
:: mis felicitaciones