Susana del Rosal
Poeta que considera el portal su segunda casa
(A mi madre, quien marchó un día a los brazos de Dios)
No estás. La losa ingrata
te arrancó de mis besos.
No hay senda milagrosa
que te traiga de nuevo;
afuera están tus lirios
y tus rosas de nácar;
adentro, esta tristeza
y desaliento.
Por más que te imagine
erguida en mis umbrales,
por más que en el recuerdo
me sonrías,
no estás. Te fuiste un día
con tu paz y tu calma
y te llora mi alma
todavía.
¿Volverás a la casa?
¿vendrás una mañana
de estas albas tempranas
agoreras?
Yo no sé si esperarte.
Quizás vaya a buscarte
cuando cierre los ojos
y se vuelvan despojos
mis quimeras.
Porque ahora, no estás.
Te fuiste un día.
No estás. La losa ingrata
te arrancó de mis besos.
No hay senda milagrosa
que te traiga de nuevo;
afuera están tus lirios
y tus rosas de nácar;
adentro, esta tristeza
y desaliento.
Por más que te imagine
erguida en mis umbrales,
por más que en el recuerdo
me sonrías,
no estás. Te fuiste un día
con tu paz y tu calma
y te llora mi alma
todavía.
¿Volverás a la casa?
¿vendrás una mañana
de estas albas tempranas
agoreras?
Yo no sé si esperarte.
Quizás vaya a buscarte
cuando cierre los ojos
y se vuelvan despojos
mis quimeras.
Porque ahora, no estás.
Te fuiste un día.