mamcardenal
Exp..
Tu nombre no me importa
pero adivino que estás sola,
que tus cicatrices sangran,
que a veces llegan moscas
de miedo a tu hiel.
Permites que el viento arrope
tu cara de virgen contraída,
cuarenta y cinco años,
hijos y un buey a tu lado;
malos presagios.
Nos miramos de soslayo
y un vino en la deshora,
en el rincón de la duda
nos erizó la piel.
Llegaron los tópicos:
"como si ya nos conociéramos"
"de habernos encontrado antes".
Finalmente todo fue hígado
aquella noche de lágrimas,
silencios, gravedad y los planetas
que buscaban el ajuste
entre las sábanas.
Al iniciar la presentación formal
mis dedos estorbaron tus palabras:
Deja que te llame Raquel,
no quiero saber
el sueño de tus lágrimas,
no para repetir la misma historia.
Cardenal
pero adivino que estás sola,
que tus cicatrices sangran,
que a veces llegan moscas
de miedo a tu hiel.
Permites que el viento arrope
tu cara de virgen contraída,
cuarenta y cinco años,
hijos y un buey a tu lado;
malos presagios.
Nos miramos de soslayo
y un vino en la deshora,
en el rincón de la duda
nos erizó la piel.
Llegaron los tópicos:
"como si ya nos conociéramos"
"de habernos encontrado antes".
Finalmente todo fue hígado
aquella noche de lágrimas,
silencios, gravedad y los planetas
que buscaban el ajuste
entre las sábanas.
Al iniciar la presentación formal
mis dedos estorbaron tus palabras:
Deja que te llame Raquel,
no quiero saber
el sueño de tus lágrimas,
no para repetir la misma historia.
Cardenal
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