Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Bernardo
Estaba sentado sobre el tronco,
mirando a los pajaritos,
de su mano pendía una rama,
un trozo de algún ramito.
mirando a los pajaritos,
de su mano pendía una rama,
un trozo de algún ramito.
En su pálida cara asomaba,
un niño muy chiquitito,
y en el bolsillo llevaba una carta,
amarilla de algún escrito.
un niño muy chiquitito,
y en el bolsillo llevaba una carta,
amarilla de algún escrito.
El perdón nunca llegó,
quedó en suspense,
y Bernardo nunca pensó,
en aquel ramito verde.
quedó en suspense,
y Bernardo nunca pensó,
en aquel ramito verde.
Le quemaba la pesadilla
de unos gritos;
sólo pensaba en María,
y en sus dos hijos.
de unos gritos;
sólo pensaba en María,
y en sus dos hijos.
Estrujó aquella rama;
de su palma brotó la sangre,
María aún le gritaba:
"¡Cobarde…! Cobarde"
de su palma brotó la sangre,
María aún le gritaba:
"¡Cobarde…! Cobarde"
La bebida su compañera,
su fiel amante,
y por no buscar solución,
María nunca pudo perdonarle.
su fiel amante,
y por no buscar solución,
María nunca pudo perdonarle.
Hace tiempo que murió,
su María adorable,
y una carta le entregó,
con ramito perdonable.
su María adorable,
y una carta le entregó,
con ramito perdonable.
Ahora sufre Bernardo
por su vida miserable,
y su infierno es el amor,
que ella supo regalarle.
por su vida miserable,
y su infierno es el amor,
que ella supo regalarle.
Pasando todos lo miran,
con un gesto despreciable,
y María desde lo alto aún grita:
con un gesto despreciable,
y María desde lo alto aún grita:
“Mi Bernardo es adorable,
hijos míos no halléis nada humillante,
que humilde fue mi vida,
y el marido es vuestro padre”
hijos míos no halléis nada humillante,
que humilde fue mi vida,
y el marido es vuestro padre”
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