Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Buen amigo.
Corazón mío, que lates en mi pecho
con la temeraria pesadumbre del momento,
cansado por la espera de toda una vida.
Cada abismal latido infatigable,
pulsando vida, sobre la carne de este hombre
que nunca quiso ser santo.
Fiel compañero en los más solitarios momentos,
cuando el silencio empuja la pluma
sobre la blancura indescifrable de la nada,
para crear el deseo y hacer florecer
la rosa candente, palabra a palabra,
y describir la angustia sentida,
la necesidad incoherente
de las equidistantes galaxias
de la hembra ansiada...
¡Ay corazón mío! Tú que tanto abarcas
en el recóndito firmamento de mi mente.
Yo te aprecio con una ternura infinita,
y agradezco tu silencio
para mis más oscuros secretos.
Corazón mío, que lates en mi pecho
con la temeraria pesadumbre del momento,
cansado por la espera de toda una vida.
Cada abismal latido infatigable,
pulsando vida, sobre la carne de este hombre
que nunca quiso ser santo.
Fiel compañero en los más solitarios momentos,
cuando el silencio empuja la pluma
sobre la blancura indescifrable de la nada,
para crear el deseo y hacer florecer
la rosa candente, palabra a palabra,
y describir la angustia sentida,
la necesidad incoherente
de las equidistantes galaxias
de la hembra ansiada...
¡Ay corazón mío! Tú que tanto abarcas
en el recóndito firmamento de mi mente.
Yo te aprecio con una ternura infinita,
y agradezco tu silencio
para mis más oscuros secretos.