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Carne de cordero

valsag

Poeta recién llegado
Tengo puesta la carne que me concediste,
cúmulos de otoños ensangrentados,
libros apolillados de recuerdos,
tiempos sosegados por la ausencia.
Sigo disfrazado de tus carnes,
esas que arañe con fuerzas,
que trague para nunca olvidar,
esas carnes cálidas, pálidas, no mas mías.
Me corroen las dolencias necias y asquerosas,
que me traen reclamos, lastimas y arrepentimientos.
En ocasiones el dolor surge de su misma ausencia,
caminando entre angeles y demonios.
Dejo adelante tu cara y esos labios que arrancaba a mordidas,
entre palmeras y mares sin nombres,
me subo a esa balsa que se llama olvido,
y siempre me veo naufrago en las mismas playas,
te entregue mi virginidad y todas esas palabras divinas
que se alejaron con tu partida.
Te entregue mi piel de lobo y recibi tu piel de cordero…
 
Un saludo, Valsag.
Bello poema, trágicamente narrado.
Sólo una cosa... la letra es medio chiquita. Algunos no somos tan privilegiados.
Un abrazo poeta, un placer leerte. :)
 
Tengo puesta la carne que me concediste,
cúmulos de otoños ensangrentados,
libros apolillados de recuerdos,
tiempos sosegados por la ausencia.
Sigo disfrazado de tus carnes,
esas que arañe con fuerzas,
que trague para nunca olvidar,
esas carnes cálidas, pálidas, no mas mías.
Me corroen las dolencias necias y asquerosas,
que me traen reclamos, lastimas y arrepentimientos.
En ocasiones el dolor surge de su misma ausencia,
caminando entre angeles y demonios.
Dejo adelante tu cara y esos labios que arrancaba a mordidas,
entre palmeras y mares sin nombres,
me subo a esa balsa que se llama olvido,
y siempre me veo naufrago en las mismas playas,
te entregue mi virginidad y todas esas palabras divinas
que se alejaron con tu partida.
Te entregue mi piel de lobo y recibi tu piel de cordero…

buen poema para los que hambre tienen, besos
 
Tengo puesta la carne que me concediste,
cúmulos de otoños ensangrentados,
libros apolillados de recuerdos,
tiempos sosegados por la ausencia.
Sigo disfrazado de tus carnes,
esas que arañé con fuerzas,
que tragué para nunca olvidar,
esas carnes cálidas, pálidas, no más mías.
Me corroen las dolencias necias y asquerosas,
que me traen reclamos, lástimas y arrepentimientos.
En ocasiones el dolor surge de su misma ausencia,
caminando entre ángeles y demonios.
Dejo adelante tu cara
y esos labios que arrancaba a mordidas,
entre palmeras y mares sin nombres,
me subo a esa balsa que se llama olvido,
y siempre me veo naufrago en la misma playa, (siento que fortalece el ritmo, si eliminas lo plural. solo son sugerencias, no me creas, sino te satisface...)
te entregué mi virginidad y todas esas palabras divinas
que se alejaron con tu partida.
Te entregué mi piel de lobo y recibí tu piel de cordero…


Me gusta mucho: no había leído tus versos Hermano, ésto está excelente, me encanta, el cierre es completo y tus figuras tienen el atractivco de sostenerlo a Uno como lector. te felicito, cuida las tildes, yo se que a veces hace falta tiempo para revisar...
Pero hace mucho tiempo que no leo algo tan bueno, hasta me gustaríoa enviárselo a una chica que me gusta. Amigo sigue así y recibe mi mejo9r abrazo.
Augusto Silva Acevedo
tu hermano.
 
Tengo puesta la carne que me concediste,
cúmulos de otoños ensangrentados,
libros apolillados de recuerdos,
tiempos sosegados por la ausencia.
Sigo disfrazado de tus carnes,
esas que arañe con fuerzas,
que trague para nunca olvidar,
esas carnes cálidas, pálidas, no mas mías.
Me corroen las dolencias necias y asquerosas,
que me traen reclamos, lastimas y arrepentimientos.
En ocasiones el dolor surge de su misma ausencia,
caminando entre angeles y demonios.
Dejo adelante tu cara y esos labios que arrancaba a mordidas,
entre palmeras y mares sin nombres,
me subo a esa balsa que se llama olvido,
y siempre me veo naufrago en las mismas playas,
te entregue mi virginidad y todas esas palabras divinas
que se alejaron con tu partida.
Te entregue mi piel de lobo y recibi tu piel de cordero…



Cuanto de frio se anida a la sombra de la epidermis de mil recuerdos
 

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