luisojedas
Poeta asiduo al portal
Estuvimos tanto tiempo bajo fuego,
que aprendimos a mirarnos de reojo,
a encontrarnos a través de una
mira telescópica, de un francotirador
apostado en la azotea de un edificio.
Una mirada que se cruza,
es una bala perdida que rompe el
silencio del callejón, se clavará
en alguna muralla, donde tantos
otros han disparado sin sentido.
Estuvimos tanto tiempo bajo fuego,
que aprendimos a mirarnos de reojo.
Nos arrastraremos como gusanos
en la arena, aterrados entre
los zumbidos metálicos,
los marines siempre desembarcan
en esta orilla, disparando todo el tiempo,
van y vienen, cada cierto tiempo
los oigo desde mi ventana;
el polvo atómico cubre sus pisadas.
Las olas camuflan sus silbidos y sus cantos.
En cada marejada, hay una tropa
que marcha, se destruyen con las rocas,
manchan de verde la orilla
donde se pierden mis pisadas.
que aprendimos a mirarnos de reojo,
a encontrarnos a través de una
mira telescópica, de un francotirador
apostado en la azotea de un edificio.
Una mirada que se cruza,
es una bala perdida que rompe el
silencio del callejón, se clavará
en alguna muralla, donde tantos
otros han disparado sin sentido.
Estuvimos tanto tiempo bajo fuego,
que aprendimos a mirarnos de reojo.
Nos arrastraremos como gusanos
en la arena, aterrados entre
los zumbidos metálicos,
los marines siempre desembarcan
en esta orilla, disparando todo el tiempo,
van y vienen, cada cierto tiempo
los oigo desde mi ventana;
el polvo atómico cubre sus pisadas.
Las olas camuflan sus silbidos y sus cantos.
En cada marejada, hay una tropa
que marcha, se destruyen con las rocas,
manchan de verde la orilla
donde se pierden mis pisadas.
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