guillermo santillana marq
Poeta fiel al portal
No tengo las palabras exactas,
pero tengo tu vestido, que brilla entre mis manos
y esta imprescindible necesidad
de blanquear tu esbeltez, con esta luz de luna, con este suspiro,
de derramar mis manos en tus umbrales,
en tus silencios.
No tengo las palabras exactas
para decir cuánto esta noche nos une,
para decir, cómo hemos sido empujados suavemente al lecho
y hacer una alabanza a esta inmediatéz.
Te he dado mis horas,
mi cuerpo asustado,
he puesto mis luminosos días
en el rumor del frío de tu estancia;
he respirado mi edad sobre ti
y ya te has enraizado en mi vida
y acariciado mis madrugadas
y humedecido mis afanes.
Nadie advierte tu ternura,
ni tu calor ni tus costumbres,
pero yo advierto la tibieza de tus noches,
mientras la luz de la luna curva tu sombra
y tu oscuridad que sufre.
No tengo las palabras exactas,
quizás sólo un grito que te llena de caricias,
una palabra que crepite entre tus sábanas.
Tropiezo a veces con tu noche,
con tu laberinto, con tu encuentro,
con tu pasión levantada
¡y puedo decir tanto!,
¡y descifrar tu secreta escritura!,
que de tanto decir, temblaría la noche
y el silencio, se poblaría de la muerte de los días.
pero tengo tu vestido, que brilla entre mis manos
y esta imprescindible necesidad
de blanquear tu esbeltez, con esta luz de luna, con este suspiro,
de derramar mis manos en tus umbrales,
en tus silencios.
No tengo las palabras exactas
para decir cuánto esta noche nos une,
para decir, cómo hemos sido empujados suavemente al lecho
y hacer una alabanza a esta inmediatéz.
Te he dado mis horas,
mi cuerpo asustado,
he puesto mis luminosos días
en el rumor del frío de tu estancia;
he respirado mi edad sobre ti
y ya te has enraizado en mi vida
y acariciado mis madrugadas
y humedecido mis afanes.
Nadie advierte tu ternura,
ni tu calor ni tus costumbres,
pero yo advierto la tibieza de tus noches,
mientras la luz de la luna curva tu sombra
y tu oscuridad que sufre.
No tengo las palabras exactas,
quizás sólo un grito que te llena de caricias,
una palabra que crepite entre tus sábanas.
Tropiezo a veces con tu noche,
con tu laberinto, con tu encuentro,
con tu pasión levantada
¡y puedo decir tanto!,
¡y descifrar tu secreta escritura!,
que de tanto decir, temblaría la noche
y el silencio, se poblaría de la muerte de los días.
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